Cuando Lukáš y yo hablamos de los lugares que más nos han sorprendido viajando, Whittier Alaska siempre gana por goleada. Imagínatelo: conduces por una carretera espectacular en plena naturaleza de Alaska, luego tienes que cruzar un túnel oscuro de más de cuatro kilómetros perforado en una montaña gigantesca, y para colmo lo compartes con los trenes. Y cuando por fin ves la luz al final del túnel, no te espera el típico pueblo pintoresco de Alaska con cabañas de madera. En su lugar, te encuentras con un enorme bloque de hormigón y un siniestro edificio militar abandonado. Es bizarro, un poco inquietante, llueve y hace viento casi siempre, pero en cuanto subes a un barco y sales a la bahía de Prince William Sound, todo cobra sentido de golpe.
Whittier Alaska es, en realidad, la puerta de entrada más accesible a un mundo donde los majestuosos glaciares se desmoronan directamente en el océano y las orcas nadan alrededor de tu barco. Es un lugar lleno de contrastes absolutos: a ratos parece una película postapocalíptica y al momento siguiente parece un documental de National Geographic. Aunque no te recomendaría pasar una semana entera en el propio pueblo, saltártelo sería un error enorme.
Así que: un túnel, glaciares, orcas y un bloque de pisos abandonado en medio de la nada. Acompáñanos a descubrir cómo funciona todo esto, por qué el crucero 26 Glaciers merece hasta el último céntimo y si realmente vale la pena quedarse a dormir. ☺️

Resumen
- Lo mejor de todo: El crucero 26 Glaciers o una excursión en kayak de mar entre témpanos flotantes en Prince William Sound.
- Cuándo ir: De mediados de mayo a mediados de septiembre. Ten en cuenta que Whittier es uno de los lugares más lluviosos de Alaska.
- Cómo llegar: Solo hay un acceso por tierra: el túnel de un solo carril Anton Anderson Memorial Tunnel, con circulación alternada y peaje de 13 USD.
- Dónde dormir: La mayoría de los viajeros vienen de excursión desde Anchorage, pero si quieres quedarte, la mejor opción es Inn at Whittier, junto al agua.
- La ciudad bajo un techo: Casi toda la población vive en un único edificio, las Begich Towers, donde también están correos y la policía.
- No te olvides de parar de camino: Detente en Turnagain Arm para ver belugas y en el valle Portage Valley para rutas fáciles hasta los glaciares.
Cuándo ir a Whittier y cómo llegar
Si estás planeando un viaje a este rincón del mundo, hay algo fundamental que debes tener claro desde el principio. Alaska tiene una temporada de verano muy corta y Whittier, además, es famoso por su microclima bastante particular. Te cuento cómo organizarlo bien para no perder el tiempo esperando en la cola del túnel bajo la lluvia. 😅
Cuál es la mejor época para visitar
Sin rodeos: ve en verano. Los operadores de excursiones en barco funcionan aproximadamente de mediados de mayo a mediados de septiembre, y fuera de esa ventana, el pueblo está prácticamente muerto. Los meses más cálidos son julio y agosto, pero incluso entonces prepárate para lluvia y nubes, porque Whittier es uno de los lugares con más precipitaciones de todo Alaska. Las temperaturas en verano rondan los 10-15 °C. Nosotros vivimos días en que la niebla no dejaba ver nada y al día siguiente el sol brillaba y nos tuvimos que poner crema solar en cubierta. 😅 Ropa en capas y un chubasquero de calidad son absolutamente imprescindibles.
Cómo llegar desde España
Para llegar a Whittier desde España, el punto de entrada habitual es Anchorage. Desde Madrid o Barcelona hay vuelos con escala (generalmente en Seattle o Los Ángeles) con compañías como Iberia, Vueling o American Airlines. Una vez en Anchorage, Whittier está a unos 96 kilómetros (60 millas), lo que se traduce en poco más de una hora y media de conducción por la espectacular Seward Highway. Nosotros siempre alquilamos coche en el aeropuerto con DiscoverCars y lo recomendamos sin dudarlo: la carretera discurre junto a la costa de Turnagain Arm y por el valle Portage Valley, dos lugares donde querrás parar a hacer fotos cada cinco minutos.
El túnel Anton Anderson: la prueba de los nervios
El momento cumbre del trayecto llega unos 15 minutos antes de llegar al destino. La única vía de acceso terrestre a Whittier pasa por el Anton Anderson Memorial Tunnel, que con sus 4,1 kilómetros es el túnel de carretera más largo de Norteamérica. Y por si fuera poco, es un tubo estrecho de un solo carril que comparten los coches con los trenes, con circulación estrictamente alterna según un horario fijo.
La dirección hacia Whittier sale siempre en el minuto treinta (por ejemplo, de 10:30 a 10:45) y el peaje cuesta 13 USD (unos 12 €) para un coche particular. La vuelta desde Whittier sale siempre en punto y es gratuita. Si pierdes tu turno, simplemente te quedas esperando en la cola entre las montañas durante una hora hasta el siguiente. Es una pequeña dosis de adrenalina antes incluso de ver el primer glaciar. 😁
Dónde dormir y cuánto cuesta
Encontrar alojamiento en Whittier puede ser todo un reto. El pueblo no está pensado para el turismo masivo y en verano la demanda supera con creces la oferta. La mayoría de los viajeros vienen en excursión de un día desde Anchorage o Girdwood, pero si quieres vivir esa extraña y aislada atmósfera nocturna cuando los cruceros se marchan y el pueblo queda tranquilo, merece la pena quedarse a dormir.
Alaska en general es un destino caro, y Whittier no es una excepción. Por una habitación doble en temporada alta cuenta con pagar entre 250 y 450 USD por noche (aproximadamente 230-420 €), a lo que hay que añadir los impuestos locales. Si viajas con un presupuesto más ajustado, tiene más sentido alojarse en Anchorage, donde hay mucha más oferta, y hacer Whittier en una escapada de día. Eso fue exactamente lo que hicimos nosotros, y el dinero ahorrado lo invertimos en los billetes del crucero a los glaciares.
Dónde alojarse en Whittier y alrededores
Buscar alojamiento en un pueblo tan pequeño tiene sus particularidades. Directamente en el puerto hay muy pocas opciones, pero todas están a cinco minutos a pie de la salida del túnel. Si quieres lo mejor que ofrece Whittier, reserva en The Inn at Whittier. Este icónico edificio de madera se levanta sobre pilotes directamente sobre el agua y desde la cama tendrás vistas de lujo al puerto y a los picos nevados. Es el refugio romántico ideal, pero reserva con mucha antelación porque las plazas vuelan.

Una alternativa intermedia más económica es el Anchor Inn Whittier. No tiene vistas tan impresionantes, pero las habitaciones están impecables, son acogedoras y el personal es increíblemente amable. Además tienen una cafetería en la planta baja con buenos desayunos, algo que se agradece mucho cuando hay que madrugar para coger el barco.
Si buscas algo verdaderamente único y no te importa renunciar al lujo, tienes que probar el Begich Towers Inn. Whittier tiene apenas 300 habitantes y la inmensa mayoría vive en este único edificio gigante que antes fue base militar. Alojarte aquí significa vivir la vida de los locales de primera mano, porque bajo el mismo techo encontrarás correos, una tienda y dependencias oficiales. Las habitaciones son la opción más básica y están decoradas con un estilo retro inevitable, pero la experiencia de dormir en la «ciudad bajo un techo» le dará a tu viaje por Alaska el toque aventurero definitivo.
Whittier Alaska: 13 planes imprescindibles que ver y hacer
Aunque el centro del pueblo se recorre a pie en diez minutos, la naturaleza de los alrededores ofrece tantas experiencias que podrías quedarte varios días y seguir descubriendo cosas. Aquí van nuestros mejores consejos para disfrutar al máximo de esta zona, desde el camino hasta el túnel hasta los cruceros entre témpanos de hielo.
1. Parada en Beluga Point y el fenómeno Bore Tide
El propio trayecto desde Anchorage por la Seward Highway ya es una experiencia en sí misma. Antes de llegar al túnel, pasas junto a Turnagain Arm, una estrecha bahía rodeada de montañas famosa por el fenómeno conocido como «bore tide»: una enorme ola de marea que puede alcanzar los tres metros de altura y avanza contra la corriente a 24 km/h. Se forma por la diferencia extrema entre la marea alta y la baja, que aquí puede llegar a casi 8 metros.

El mejor mirador para presenciar este espectáculo natural es Beluga Point. La ola suele llegar unas cuatro horas después de la marea más baja en Anchorage, así que consulta las tablas de mareas con antelación para no llevarte una decepción. Y luego están las belugas, por las cuales Lukáš y yo nos quedamos tanto rato en ese mirador que casi se nos enfrió el café.
2. Crucero en el mv Ptarmigan al glaciar Portage
Cuando dejas la Seward Highway tomando el desvío hacia el túnel de Whittier, atraviesas el precioso Portage Valley. Al final del valle, justo antes de la cola para el túnel, encontrarás el lago glaciar Portage Lake. El glaciar Portage llegaba antiguamente hasta el centro de visitantes, pero por el calentamiento global ha retrocedido tanto que ya no se ve desde la orilla.

La única manera de acercarse hoy en día es subir al barco mv Ptarmigan. Este crucero de una hora es bastante asequible —cuesta unos 50 USD (aproximadamente 46 €)— y te lleva a menos de 300 metros de la pared del glaciar. Es una alternativa estupenda si no tienes tiempo ni presupuesto para los grandes cruceros de cinco horas desde el propio Whittier. Escuchar crujir el hielo a esa distancia es algo que no tiene precio.
3. Ruta por el Trail of Blue Ice
Para quienes quieran explorar el Portage Valley de forma más activa, existe una fantástica senda pavimentada llamada Trail of Blue Ice. Tiene unos 8 kilómetros, es casi completamente llana y conecta la zona de Moose Flats con el lago Portage Lake. Es perfecta para una tranquila tarde en bicicleta o un paseo sin complicaciones.

Por el camino tendrás vistas impresionantes de los glaciares colgantes Explorer, Middle y Byron, y a veces un trozo de hielo se desprende desde lo alto y escuchas a lo lejos un estruendo impresionante que resuena por todo el valle. Es una de esas excursiones que te sorprenden y que recuerdas durante mucho tiempo, especialmente si el sol acompaña.
4. Senderismo al glaciar Byron (Byron Glacier Trail)
Esta es probablemente nuestra ruta corta favorita de toda la zona, y la puede hacer absolutamente cualquiera. El sendero arranca cerca del lago Portage y mide poco más de dos kilómetros en una dirección. Te lleva por un pequeño valle junto a un río torrencial, hay que saltar algún que otro bloque de piedra, y al final te encuentras justo al pie del glaciar Byron.

Lo bueno es que puedes acercarte bastante al hielo y, además, la ruta está bastante alejada de las masas de turistas que solo pasan en autobús hacia el barco. Eso sí, ten mucho cuidado, especialmente en primavera y a principios del verano, porque hay riesgo de avalanchas desde las empinadas laderas. Y, por supuesto, lleva siempre el spray anti-osos, que estamos en Alaska. ☺️
5. La experiencia única del túnel Anton Anderson
A algunos les puede parecer una tontería, pero cruzar este túnel es, sin más, una experiencia que no olvidarás. El Anton Anderson Memorial Tunnel mide 4,1 kilómetros y parece sacado de una película de terror minero. Cuando se pone en verde el semáforo y entras, conduces directamente sobre las vías del tren —embutidas en hormigón— mientras a tu alrededor solo hay roca viva iluminada por una luz tenue.

La sensación de claustrofobia es bastante normal. La velocidad está limitada y está prohibido detenerse. Siempre me hace gracia pensar que si en ese momento se acercara un tren, no tendríamos adónde ir. Pero no te preocupes, los operadores tienen todo controlado al milímetro. Eso sí, llega a la cola al menos 15 minutos antes de tu turno para asegurarte de que cruzas sin problemas.
6. El impacto de las Begich Towers: la ciudad bajo un techo
¡Ya estamos en Whittier! Nada más salir del túnel, te golpea de lleno la vista de un enorme bloque de catorce plantas que desentona absolutamente con la naturaleza del entorno. Las Begich Towers Condominium las construyó el ejército en los años cincuenta y hoy en ellas vive el 85 % de los aproximadamente 270 habitantes del pueblo. Es, literalmente, una ciudad comprimida bajo un solo techo.

Sus residentes tienen un ecosistema completamente autosuficiente. En los bajos y los sótanos encontrarás correos, comisaría de policía, una pequeña tienda, una capilla e incluso una clínica. En invierno, cuando el viento alcanza los 100 km/h, los locales a menudo no salen al exterior durante días. Los turistas no pueden deambular por las zonas residenciales, pero sí pasear por la planta baja, ir a correos y absorber esa atmósfera peculiar y ligeramente opresiva.
7. El escalofriante Buckner Building
Justo enfrente de «la ciudad en el bloque de pisos» se yergue un monumento todavía más inquietante: el Buckner Building. Este edificio, que fue en su día el orgullo del ejército estadounidense, también construido en los años cincuenta, fue abandonado en 1966. Hoy es una enorme ruina oscura con ventanas reventadas que parece el decorado de un videojuego postapocalíptico.
Oficialmente, la entrada está estrictamente prohibida y resulta bastante peligrosa por el amianto y los suelos que ceden. Personalmente, me quedaría a verlo solo desde fuera, le sacaría unas fotos y seguiría adelante. Aun así, es un fascinante vestigio de la Guerra Fría que te deja una sensación bastante opresiva, en marcado contraste con las magníficas montañas nevadas del fondo.
8. El crucero 26 Glaciers (¡imprescindible!)
Esta es la razón principal por la que todo el mundo viene a Whittier. Si en Alaska solo puedes hacer un crucero, que sea el 26 Glaciers Cruise de Phillips Cruises: vale cada euro hasta el último. Los modernos y rápidos catamaranes te llevan en casi seis horas por más de 220 kilómetros a través de College Fjord y Harriman Fjord.

El barco está bien caldeado y cuenta con amplias ventanas panorámicas. El capitán acerca el catamarán tanto a las imponentes paredes de los glaciares que literalmente sientes el frío que irradia el hielo. ⚠️ Por muy maravilloso que sea, te aviso con honestidad: no es barato. El precio para 2026 parte de 219 USD (unos 200 €) por persona más impuestos, aunque el precio incluye un excelente almuerzo caliente. La buena noticia es que navegas por aguas protegidas de la bahía, así que si te sueles marear, aquí solo te esperan aguas tranquilas.
9. Kayak de mar entre témpanos de hielo
Si no te apetece pasar horas en un barco grande junto a cientos de personas, existe una forma mucho más íntima de explorar la bahía. Las excursiones en kayak de mar que organiza por ejemplo Sound Eco Adventures son, en mi opinión, una de las experiencias más intensas que te puedes llevar de Alaska.

Imagínatelo: estás sentado a ras del agua, con el remo en las manos, rodeado de pequeños témpanos que se mecen perezosamente, y reina un silencio absoluto que solo rompe de vez en cuando el soplo de una ballena o el crujido de un glaciar. No hay que tener miedo: normalmente llegas al interior de la bahía en una lancha a motor y solo te subes al kayak en las calas más seguras y pintorescas. Es físicamente más exigente, pero absolutamente revelador.
10. Avistamiento de fauna: ballenas y nutrias
Prince William Sound funciona como un gran bufé para la fauna de Alaska. Las aguas de la bahía las surcan enormes ballenas jorobadas (humpback whales) que migran aquí en verano a alimentarse, y con frecuencia también te cruzas con majestuosas orcas. Ver una aleta de ballena gigante hundiéndose bajo la superficie con un glaciar de fondo es una imagen que nunca se agota.

Pero mis favoritas son las nutrias marinas (sea otters). Es habitual verlas flotando boca arriba, agarradas de las patitas entre sí para no alejarse, partiendo mejillones sobre su barriga. En las rocas de la orilla, con un poco de suerte, también verás leones marinos tomando el sol, y muy por encima de tu cabeza circularán águilas de cabeza blanca. Es un auténtico safari sobre el agua.
11. El hielo de un azul intenso de cerca
Quizás te preguntes por qué esos glaciares son tan azules. Antes de venir aquí por primera vez, pensaba que las fotos de las guías estaban retocadas. ¡Pero no! La bahía de Whittier ofrece unas condiciones excepcionales para observar los llamados «tidewater glaciers», es decir, glaciares que caen directamente al mar.

El hielo está tan comprimido bajo una presión enorme que absorbe todos los colores del espectro luminoso excepto el azul, que refleja hacia fuera. Cuando te acercas en barco a una de esas paredes colosales y un trozo de hielo del tamaño de una casa se desprende frente a ti al agua, crea una ola y un estruendo que suena como un cañonazo. A este fenómeno se le llama «calving» y es un espectáculo que te recuerda lo pequeño que eres ante la naturaleza.
12. Excursión a Valdez y el legado del Exxon Valdez
Si tienes más tiempo y Whittier se te ha quedado corto, a unos 140 kilómetros al este por la bahía (o mucho más por carretera rodeando) se encuentra Valdez. Este pueblo es bastante más pintoresco que el Whittier de hormigón y está para siempre ligado a uno de los mayores desastres medioambientales de la historia de EE. UU.: el vertido del petrolero Exxon Valdez en 1989. Aquí encontrarás excelentes exposiciones que documentan el impacto en la bahía y la paulatina recuperación del ecosistema, que demostró una extraordinaria capacidad de regeneración.
Valdez es además el punto final del oleoducto Trans-Alaska Pipeline, de 1.300 kilómetros de longitud, por donde fluye el crudo desde el lejano norte. El pueblo tiene una atmósfera muy particular de puerto pesquero y minero enclavado en el corazón de unas montañas espectaculares que se conocen como «la Suiza de Alaska».
13. Worthington Glacier: un glaciar a pie de carretera
Si te diriges a Valdez en coche por la Richardson Highway, no te saltes la parada en el Worthington Glacier. Es uno de los glaciares más accesibles de todo Alaska, lo encontrarás cerca del paso Thompson Pass. Solo cuesta 5 USD (unos 5 €) de aparcamiento y desde el coche al frente del glaciar hay menos de 600 metros por un sendero cómodo apto incluso para sillas de ruedas.
La mayoría de la gente se queda en la plataforma de observación, hace sus fotos del hielo y sigue. Pero si buscas una experiencia de verdad, te recomiendo reservar una excursión guiada (por ejemplo con Alaska Guide Co.), donde te equipan con crampones y piolet y te llevan a caminar directamente sobre la superficie del glaciar. Los precios no son precisamente baratos (entre 165 y 325 USD, unos 150-300 €), pero caminar por un glaciar de más de 22.000 años de antigüedad y beber agua cristalina directamente de una grieta glaciar es algo de lo que Lukáš y yo seguimos hablando hoy en día.
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Dónde comer en Whittier
Que el aspecto rudo del pueblo no te engañe: después de un largo día en el agua, aquí también se come muy bien. La oferta es pequeña y gira casi exclusivamente en torno a la pesca fresca del día, pero precisamente por eso resulta tan auténtica. Los precios son, lógicamente, «de Alaska», así que cuenta con dejar unos cuantos dólares por una buena cena, pero el pescado merece cada céntimo.
Nuestros consejos para comer bien:
Inn at Whittier Dining: La opción más elegante del pueblo, sin duda. Manteles blancos, vistas directas al puerto desde las ventanas y unos mariscos frescos absolutamente excepcionales. Después de un día entero pasando frío en cubierta, es la recompensa perfecta. También sirven un excelente chuletón si prefieres carne.
Swiftwater Seafood Cafe: Aquí vienen los locales y las tripulaciones de los barcos pesqueros. Sin lujos innecesarios, solo una auténtica freiduría de pescado junto al agua donde sirven lo que importa: fletán o salmón rebozado con patatas fritas (fish and chips). Ambiente relajado, algo de bullicio y una cocina que da en el clavo. 😅
Lazy Otter Charters & Café: Parada ideal para desayunar o comer algo rápido. Hacen un café muy decente (para los estándares americanos) y venden buenos bocadillos y bollería fresca. Nosotros siempre pasábamos a aprovisionarnos antes de subir al barco o ir a los kayaks. Muy recomendable para familias con niños.
Wild Catch Café: El salvavidas para el bolsillo. Si no tienes ganas de gastarte una fortuna en pescado en el plato, pásate aquí a por una buena hamburguesa o un clam chowder caliente y reconfortante (la típica sopa cremosa de almejas) que te pondrá en pie sin falta.
Qué ver después en Alaska
Alaska es inmensa y la visita a Whittier es solo el principio de la aventura. ¿Adónde seguir?
Te recomendamos bajar un poco más al sur por la Kenai Peninsula hasta el pueblo de Seward, que ofrece aguas oceánicas más agrestes y el famoso Parque Nacional Kenai Fjords (echa un vistazo a nuestro artículo sobre Seward y sus alrededores). Si prefieres ambiente urbano y reponer fuerzas, vuelve a Anchorage (aquí tienes 15 planes para hacer en Anchorage). Y si los barcos te han enganchado, no te pierdas nuestra guía completa sobre los cruceros por Alaska, donde explicamos en detalle cómo elegir el crucero perfecto para ti.
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¿Cómo llegar a Whittier en Alaska?
La única vía de acceso terrestre a Whittier es a través del Anton Anderson Memorial Tunnel. Esta peculiar carretera de un solo sentido atraviesa la montaña y es compartida con el ferrocarril. Antes de entrar hay que pagar un peaje de aproximadamente 12 EUR por un vehículo particular estándar.
¿Cuándo está abierto el túnel a Whittier?
El túnel funciona con franjas horarias precisas, ya que un solo carril es utilizado alternativamente por vehículos en ambas direcciones y por trenes. En temporada de verano, la dirección hacia Whittier suele abrirse a y media (por ejemplo, 10:30), mientras que la salida del pueblo se abre en punto (por ejemplo, 11:00). Es necesario llegar a la zona de espera al menos 15 minutos antes.
¿Vale la pena el crucero 26 Glaciers Cruise?
Sin duda alguna, es una de las mejores formas de explorar Prince William Sound y ver bloques de hielo desprendiéndose desde muy cerca. El recorrido de cinco horas en catamarán rápido cuesta alrededor de 180 a 230 EUR por adulto. El precio suele incluir comida caliente y la garantía de que no sufrirás mareos gracias a las aguas extremadamente tranquilas de la bahía.
¿Cuánta gente vive en el edificio Begich Towers de Whittier?
En el edificio de catorce plantas Begich Towers vive aproximadamente el 80% de todos los habitantes del pueblo, lo que representa entre 220 y 270 personas. Esta construcción de la época de la Guerra Fría funciona como una ciudad bajo un mismo techo. Los residentes tienen a su disposición correos, tienda, lavandería, clínica e incluso escuela, a la que se accede por un túnel subterráneo.
¿Cuántos días se necesitan para visitar Whittier?
Para recorrer el pueblito en sí y hacer el crucero glaciar principal es más que suficiente un día completo. La mayoría de los viajeros llegan por la mañana desde Anchorage, pasan el día en el barco y por la tarde continúan su ruta hacia la península de Kenai. Si planeas excursiones más largas en kayak de mar o caminatas hasta los glaciares, vale la pena quedarse a pasar la noche.
¿Se puede llegar a Whittier en coche?
Sí, se puede llegar a Whittier sin problemas en un coche particular o en autocaravana (RV). El trayecto desde Anchorage dura aproximadamente hora y media por la muy pintoresca Seward Highway. El único obstáculo es el paso por el mencionado túnel Anton Anderson, donde es necesario respetar los horarios establecidos y pagar el peaje.
¿Cómo es el clima típico en Whittier?
Whittier es oficialmente el pueblo más lluvioso de Alaska, con una precipitación media anual de más de 5.000 mm. Los visitantes deben prepararse para niebla frecuente, viento fuerte y lluvia incluso en pleno verano. La ropa impermeable de calidad es absolutamente imprescindible aquí, pero el clima dramático le da a los glaciares de los alrededores una atmósfera única y misteriosa.
