Anchorage, Alaska: 15 consejos sobre qué ver y hacer en la tierra del sol de medianoche

Cuando estás haciendo la maleta para Alaska, es probable que tengas la cabeza hecha un lío. Está lejos, es salvaje y, siendo honestos, es caro. Pero antes de empezar, voy a darte un consejo que vale más que todo el oro de Klondike: Si ya vas a viajar a Anchorage Alaska, no pienses demasiado en el dinero.

En serio. Quieres ver todo lo que merece la pena. Paga ese vuelo a la cima del Denali, compra el billete del barco a los glaciares, pide ese cangrejo carísimo.

Porque aquello que dejes de hacer por ahorrar cien dólares, lo vas a lamentar el resto de tu vida. Hablo por experiencia propia. El dinero se vuelve a ganar, pero ese momento en que un trozo de glaciar se desploma en el océano delante de tus ojos no se va a repetir jamás.

Anchorage es la arteria que bombea vida a todo el estado y el campamento base estratégico si quieres explorar Alaska. Los locales suelen decir que Anchorage está a solo veinte minutos de «la verdadera Alaska». Vamos a ver qué tienes que vivir para poder decir que realmente sentiste Alaska en tu propia piel.

Anchorage, Alaska: Qué ver y hacer en la ciudad y sus alrededores.
Anchorage, Alaska

Resumen

  • Olvídate del presupuesto ajustado: Prepara un presupuesto generoso. Los precios de los hoteles han subido un 40 % y las excursiones de calidad cuestan cientos de dólares, pero las experiencias son únicas e irrepetibles.
  • Respeta a los alces: En la ciudad viven unos 1 600 y estadísticamente hieren a más personas que los osos. Nunca te acerques, aunque parezcan tranquilos.
  • Base, no destino: En Anchorage duerme, come y visita museos, pero cada día sal de excursión (Seward, glaciares, Denali).
  • Vestirse por capas es ley: El tiempo cambia de hora en hora. Olvídate del algodón: necesitas lana y una chaqueta impermeable, incluso si viajas en julio.
  • Reserva con antelación: La temporada en Alaska es corta. Coche, hoteles y excursiones populares deberías tenerlos reservados con medio año de antelación; si no, llorarás por los precios o la falta de disponibilidad.
Alaska
Alaska

¿Dónde alojarse en Anchorage?

Lo más importante: reserva el alojamiento con tiempo, o te quedarás con opciones caras y de mala calidad. Si tienes suerte, te recomiendo el SunStar Alaska Bed and Breakfast LLCO. Los que no tengáis un presupuesto limitado probablemente optaréis por el The Wildbirch Hotel – JdV by Hyatt, que está justo en el centro de la ciudad.

Dónde alquilar coche

Si viajas en verano, quiero avisarte de que es imprescindible reservar el coche con antelación, incluso con medio año de margen. Los precios en verano alcanzan los 150-250 dólares al día y los coches simplemente se agotan. En EE. UU. funciona muy bien RentalCars y puedes recoger el coche directamente en el aeropuerto.

Lo mejor de Anchorage y sus alrededores

La ciudad de Anchorage es completamente diferente a lo que estás acostumbrado en Europa o en el resto de América. No te olvides de recorrerla a pie antes de salir a explorar los alrededores.

1. Flattop Mountain: Bautismo de fuego en Alaska

Si quieres entender por qué los locales aman su ciudad, tienes que subir. Flattop Mountain no es «una montaña cualquiera»: es la cumbre más escalada de Alaska y prácticamente una obligación para los visitantes.

Desde la cima tienes Anchorage a tus pies y, en un día despejado, puedes ver hasta el majestuoso Denali. La subida no es un paseo por el parque: el último tramo requiere usar las manos y trepar entre rocas, pero la sensación de victoria merece cada esfuerzo. Si no tienes coche, desde el centro sale un shuttle por 23 dólares que te deja justo al pie de la montaña. Es la forma más rápida de pasar de la jungla urbana a la naturaleza salvaje de las montañas Chugach.

Flattop Mountain Alaska

2. Tony Knowles Coastal Trail: Alces al alcance de la mano

Se trata de una arteria de dieciocho kilómetros que serpentea a lo largo de la costa desde el centro de la ciudad hasta el parque Kincaid. Imagínate pedaleando en una bicicleta (que puedes alquilar fácilmente en el centro): a tu derecha, las aguas gris acero del Cook Inlet; al fondo, montañas nevadas; y a tu izquierda… un alce plantado ahí. Y no es nada raro.

Este sendero es uno de los mejores lugares para ver a estos enormes animales en su hábitat natural, y todo ello sin salir de la ciudad. Eso sí, por favor, mantén la distancia. Es un paseo o una pedaleada idílica que te muestra lo íntimamente conectada que está Anchorage con la naturaleza.

3. Lake Hood: El aeropuerto de hidroaviones más concurrido del mundo

Olvídate de Heathrow o del JFK. Lake Hood es el lugar donde late el corazón de la aviación de Alaska. En temporada de verano, aquí despegan o aterrizan hasta 800 aviones al día.

Siéntate a la orilla, tómate un café y simplemente observa el ir y venir. Verás pequeños «bush planes» —que para muchos habitantes de Alaska son la única conexión con el mundo exterior— posándose con estrépito sobre el agua.

Es un espectáculo fascinante que te recuerda que estás en una tierra donde las carreteras a menudo terminan y, a partir de ahí, solo se puede seguir por el aire. Para los amantes de la tecnología y la aviación es el paraíso absoluto.

4. Alaska Native Heritage Center: Inmersión profunda en el alma de Alaska

Mucha gente cree que la historia de Alaska empezó con la llegada de los rusos o los buscadores de oro. Error. En este centro entenderás que esta tierra tiene miles de años de historia, escrita por los Dena’ina y otros pueblos originarios.

Esto no es un museo aburrido con vitrinas. Fuera, alrededor del lago Tiulana, se alzan réplicas auténticas de las viviendas de los once principales grupos culturales. Puedes entrar, oler la madera y el humo y escuchar las historias directamente de los descendientes de estos pueblos. La entrada cuesta alrededor de 29 dólares, pero el contexto que obtienes aquí te abrirá los ojos durante el resto de tu viaje.

5. Anchorage Museum

Si te pilla un día lluvioso (y en Alaska pasa), este es tu refugio. Pero no vengas solo por necesidad. El Anchorage Museum es de categoría mundial.

En especial, el Smithsonian Arctic Studies Center es una joya donde verás artefactos y arte de los pueblos originarios increíblemente bien conservados. No se trata solo de historia: el museo también refleja a la perfección la vida actual en el norte, el boom del petróleo y el cambio climático.

Es un espacio moderno, interactivo y visualmente impresionante que te ayudará a comprender la complejidad de este enorme estado.

Kincaid Park, Alaska
En Alaska probamos el mejor salmón de nuestra vida.

6. Kincaid Park: Naturaleza salvaje al final de la pista

Cuando llegas al final del Coastal Trail, te encuentras en Kincaid Park. Es un enorme parque forestal lleno de senderos para caminantes y ciclistas, pero tiene una particularidad: es básicamente el salón de la población local de alces.

Las posibilidades de no cruzarte con un alce son mínimas. El parque se extiende sobre el terreno ondulado de antiguas morrenas y ofrece incluso dunas de arena con vistas al mar.

En invierno es un paraíso para el esquí de fondo; en verano, para los ciclistas. Pero sobre todo es un lugar donde te das cuenta de que en Anchorage la naturaleza no termina en la valla de tu jardín, sino que está en todas partes.

Te cruzarás con alces aún más a menudo que en Canadá, donde vivimos.
Te cruzarás con alces aún más a menudo que en Canadá, donde vivimos.

7. Beluga Point y Turnagain Arm: Safari junto a la autopista

La Seward Highway, que sale de Anchorage hacia el sur, está considerada una de las carreteras más bonitas del mundo. Y Beluga Point es su joya de la corona. Como su nombre indica, es el lugar donde puedes ver belugas: esas ballenas blancas y sonrientes. La mayor probabilidad la tienes unas 3-4 horas antes de la marea alta, cuando entran en la bahía a cazar salmones. Pero incluso sin ballenas, el paisaje es espectacular. A un lado tienes los acantilados escarpados de las montañas Chugach, donde a menudo se ven cabras montesas (Dall sheep), y al otro, la dramática bahía con una de las mareas más grandes del mundo. Es una parada obligatoria.

Excursiones de un día que te cambiarán la vida

Esta es probablemente la parte más importante: excursiones desde Anchorage que recordarás toda la vida.

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8. Vuelo panorámico al Denali: Aterrizar en otro planeta

Este es exactamente ese momento en el que no puedes pensar en el dinero. La excursión desde el pueblo de Talkeetna (unas 2 horas en coche desde Anchorage) cuesta entre 300 y 600 dólares, pero créeme: cuando lo veas, habrías pagado el doble. Una avioneta te lleva hasta la montaña más alta de Norteamérica. Te recomiendo reservar con antelación; puedes usar como siempre GetYourGuide.

Verás glaciares que parecen autopistas congeladas y paredes montañosas que rozan el cielo. Y si pagas el suplemento por aterrizar en un glaciar, te encontrarás en un silencio absoluto, rodeado solo de nieve y roca, en un anfiteatro de gigantes. Es una experiencia espiritual que te hará saltar las lágrimas.

9. En tren a Seward: El camino es el destino

El ferrocarril Alaska Railroad y su ruta «Coastal Classic» hasta Seward es un legendario viaje panorámico de cuatro horas que te lleva por lugares a los que no se puede acceder en coche. El tren serpentea por pasos de montaña, pasa junto a los glaciares Spencer y Bartlett y atraviesa bosques profundos.

Seward, Alaska
Seward, Alaska.

Si puedes, paga el suplemento por la clase GoldStar. Accedes a un vagón con techo acristalado y una plataforma exterior donde puedes sentir el viento en la cara y fotografiar sin cristales de por medio. Incluye comida, así que te sentirás como en el Orient Express, solo que con un paisaje mucho más salvaje.

10. Crucero Kenai Fjords: Cara a cara con la Edad de Hielo

Una vez que llegues a Seward, tienes que subirte a un barco (te recomiendo reservar con antelación, por ejemplo a través de GetYourGuide). El crucero por el Parque Nacional de Kenai Fjords es la mejor manera de ver la vida marina. Ballenas jorobadas saltando fuera del agua, orcas cazando, colonias de leones marinos y adorables frailecillos.

Y luego llega el gran final: el frente de un glaciar que cae directamente al mar. El sonido del hielo al resquebrajarse, como un disparo de cañón, y el posterior chapuzón de toneladas de hielo en el agua es sobrecogedor. Aviso: el mar puede estar revuelto, así que si tienes el estómago delicado, una pastilla contra el mareo es imprescindible. Pero el espectáculo merece cada segundo.

Una de las excursiones más caras que habíamos hecho hasta entonces fue el kayak entre glaciares en Seward.
Una de las excursiones más caras que habíamos hecho hasta entonces fue el kayak entre glaciares. Lo único que lamentamos es no haber pagado más excursiones similares en Alaska.

11. Glaciar Matanuska: Paseo sobre hielo azul

La mayoría de los glaciares solo se ven desde lejos o desde un barco. Matanuska es diferente. Es el glaciar más grande de Alaska al que se puede llegar en coche (unas 2 horas desde Anchorage). Puedes contratar un guía (el acceso está regulado, precio desde unos 100 USD), ponerte crampones y caminar directamente sobre la superficie del glaciar. Te quedarás mirando grietas de un azul profundo, bebiendo agua de arroyos que se deshielan más pura que cualquier botella, y asombrándote ante la fuerza de la naturaleza. Es un contacto físico con la Edad de Hielo sorprendentemente accesible incluso para un excursionista de nivel medio.

12. 26 Glacier Cruise desde Whittier: Belleza en calma

Si te preocupa el mareo en Seward, vete a Whittier. El camino pasa por un túnel único (en el que se alternan coches y trenes, peaje de 13 dólares), lo que ya es una experiencia en sí misma. El crucero «26 Glacier Cruise» por Prince William Sound es tranquilo, porque navegas por aguas protegidas. Como su nombre indica, verás una cantidad increíble de glaciares en una sola tarde. Es un festín visual donde el blanco y el azul del hielo se mezclan con el verde oscuro de los bosques y el gris de las rocas.

Whittier, Alaska

13. Alyeska Resort y Girdwood: Lujo en plena naturaleza

A solo 45 minutos de Anchorage se encuentra Girdwood, un antiguo pueblo de buscadores de oro reconvertido hoy en el hogar del resort Alyeska. Incluso en verano, tienes que subir en el teleférico hasta la cima. Las vistas de siete glaciares colgantes te dejan sin aliento. Arriba encontrarás el restaurante Seven Glaciers: es caro, es lujoso, y es exactamente el sitio donde no deberías preocuparte por el dinero. Cena al atardecer con las montañas de fondo y siéntete el rey del mundo. Para los más aventureros, abajo en el valle está el sendero Winner Creek Trail, que te lleva a través de un bosque lluvioso templado (sí, ¡en Alaska hay selva tropical!).

Qué probar en Anchorage y dónde comer

Si, como a mí, te apasiona la comida, esta parte es para ti.

14. Moose’s Tooth Pub & Pizzeria: La pizza que define la ciudad

Puede sonar raro mandarte a comer pizza en Alaska, pero Moose’s Tooth no es una pizzería cualquiera. Es la pizzería independiente más rentable de todos los Estados Unidos y los locales la adoran. Hay cola, hay ruido, hay ambiente. Elaboran su propia cerveza (Broken Tooth Brewing) y las pizzas llevan combinaciones descabelladas que, sorprendentemente, funcionan: con albaricoques, salmón o carne de reno. Es el lugar donde absorbes el ambiente local después de un día en las montañas.

15. Salchicha de reno en la calle y King Crab en el plato

Alaska tiene sus propios sabores y, si comes carne, no te los puedes perder. Para un almuerzo rápido y económico, busca en el centro los puestos con el cartel «Reindeer Sausage». La salchicha de reno con cebolla caramelizada es el mejor street food de Alaska. ¿Y por la noche? Dirígete al 49th State Brewing o al Glacier BrewHouse y pide lo mejor: King Crab o halibut fresco. Sí, una ración de cangrejo puede costar 80 dólares o más. Pero esa carne es dulce, jugosa, y la han sacado del gélido mar de Bering unos tipos que se jugaban la vida haciéndolo. Págalo, cómetelo y agradécelo.

Conclusión: La llamada de lo salvaje

Cuando estés sentado en el avión de vuelta a casa mirando por última vez esas montañas interminables, entenderás por qué al principio hablaba de dinero. Nadie va a recordar que se ahorró 200 dólares en el vuelo al Denali. Pero todo el mundo recordará ese momento en que la avioneta despegó y puso rumbo al gigante blanco. Anchorage es una puerta de entrada dura pero hermosa a un mundo donde el ser humano todavía no es el dueño de todo. Disfrútalo a tope, sin remordimientos y con los ojos bien abiertos. (Quizá también te resulte útil nuestro artículo: Vacaciones por tu cuenta, donde encontrarás consejos para planificar un viaje de forma independiente).

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Es Anchorage una ciudad segura?

En general sí, pero tiene sus particularidades. Un peligro mayor que las personas son los alces, de los que hay muchísimos en la ciudad. ¡Mantén la distancia! En cuanto a la delincuencia, como en cualquier gran ciudad estadounidense, evita los barrios dudosos de noche y no dejes objetos de valor en el coche, especialmente en los aparcamientos alejados de las rutas turísticas.

¿De verdad necesito alquilar coche?

Si quieres ver más que el centro y los museos, sí, el coche es prácticamente imprescindible. El transporte público no llega a los glaciares ni a las montañas. Para la temporada de verano, reserva el coche con medio año de antelación: los precios en verano alcanzan los 150-250 dólares al día y los coches simplemente se agotan. Lo mejor es buscar en RentalCars.

¿Cómo vestirse en verano?

El verano en Alaska es traicionero. Puede hacer 20 grados con sol o 10 grados con lluvia. La clave es vestirse por capas. Base de lana merino, encima un forro polar y por fuera una buena chaqueta impermeable. Deja el algodón en casa: en cuanto se moja, enfría. Y no olvides un antifaz para dormir. Cuando estuvimos en Alaska en verano, no se me ocurrió que habría luz incluso a medianoche.

¿Cuál es la mejor época para ver osos?

Para las famosas Brooks Falls en Katmai (donde los osos atrapan salmones en la cascada), lo mejor es julio y septiembre. En julio hay más salmones y osos; en septiembre los osos están gordos y preparándose para el invierno. Las excursiones desde Anchorage son caras (alrededor de 1000 USD), pero merecen absolutamente la pena.

¿Se puede ver la aurora boreal en verano?

Con toda probabilidad, no. En verano simplemente hay demasiada luz. La temporada de auroras boreales (Aurora Borealis) comienza a finales de agosto, cuando las noches empiezan a alargarse, y dura hasta abril. Si ver la aurora es tu prioridad, viaja en septiembre o en marzo, cuando ya hay oscuridad pero todavía no hace un frío extremo.

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