Si pasas tus vacaciones en Cataluña, tarde o temprano te preguntarás adónde escaparte más allá de la famosa metrópoli barcelonesa. Prueba a dejar atrás las multitudes que fluyen hacia la Sagrada Família y descubre una región llena de sorprendentes contrastes medievales. Girona, en España, te atrapa al instante y te ofrece una atmósfera completamente única que los locales protegen con celo. Y es que aquí un auténtico tesoro se esconde tras cada esquina, y sin duda merece toda tu atención.
Es una ciudad que parece que se hubiera detenido en algún momento de la profunda Edad Media. Su núcleo histórico es un fascinante laberinto de estrechas callejuelas empedradas, empinadas escaleras de piedra y pintorescas placitas escondidas. Esta estética medieval en estado puro atrajo lógicamente a los creadores de la popular serie Juego de Tronos, así que aquí te sentirás como dentro de un auténtico decorado de cine. Además, en su gran mayoría se trata de calles y plazas públicas a las que accedes de forma totalmente gratuita.
Una enorme ventaja es su perfecta conexión de transporte desde todas las direcciones. El tren de alta velocidad AVE llega aquí desde Barcelona en apenas 38 minutos, así que es muy fácil acercarse incluso para una escapada corta. Es cierto que puedes recorrer los principales monumentos en una sola tarde, pero te recomiendo de corazón quedarte más tiempo e, idealmente, pasar la noche en la ciudad. La magia de todo el centro histórico aflora en su plenitud al caer la noche, cuando se van los autobuses turísticos y las calles se vacían agradablemente.

Resumen para quienes no tienen tiempo de leer el artículo entero
- Cómo llegar desde Barcelona: El tren de alta velocidad AVE te lleva desde el centro de la metrópoli catalana en menos de tres cuartos de hora.
- Mejores monumentos: La Catedral de Santa María, el barrio judío de El Call y las icónicas casas de colores que se asoman justo sobre el río Onyar.
- Juego de Tronos: La ciudad sirvió de localización para la ciudad libre de Braavos y el Gran Septo de Baelor.
- Cuándo ir: Disfrutarás del mejor clima, sin calores extremos, en primavera o a principios de otoño.
- Dónde alojarse: Lo ideal es el barrio histórico de Barri Vell o el más moderno Mercadal para dormir un poco más tranquilo.
- Excursiones por los alrededores: La ciudad es una base estupenda para explorar los acantilados de la Costa Brava y los museos surrealistas de Salvador Dalí.
- Entradas: Para atracciones populares como los baños árabes o los museos, mejor compra las entradas con antelación online a través de GetYourGuide.
Cuándo viajar a Girona
Elegir bien el momento de la visita es absolutamente clave en Cataluña. Las épocas más bonitas para visitar la ciudad son, sin duda, la primavera y el otoño, cuando las temperaturas se mueven en valores muy agradables. Durante abril y mayo todo florece de maravilla y la ciudad cobra vida con sus festivales locales. Septiembre y octubre, por su parte, ofrecen preciosos días soleados, ideales para largos paseos por las murallas y para perderse por las callejuelas sin sudar de forma incómoda.
El verano, en cambio, puede resultar muy exigente y agotador en esta zona. Cataluña sufre en los últimos años olas de calor extremas y sequías históricas. Durante los meses estivales pueden incluso aplicarse estrictas restricciones en el consumo de agua, incluidas prohibiciones de llenar piscinas o limitaciones en las duchas de las playas del litoral cercano. Si vienes en julio o agosto, prepárate para temperaturas que trepan muy por encima de los treinta grados y para las multitudes de turistas.
El invierno, por el contrario, es muy suave y ofrece una visión completamente distinta de la ciudad. Las temperaturas suelen rondar los diez o quince grados, lo cual sigue siendo muy agradable para visitar monumentos. Una gran ventaja de los meses invernales son las callejuelas medio vacías y los precios de alojamiento notablemente más bajos. Eso sí, no olvides meter en la maleta una chaqueta más abrigada, porque las tardes pueden ser bastante frescas por la humedad que sube del río.
Para recorrer el casco histórico en sí te bastará con un día bien aprovechado. Pero si quieres empaparte de la auténtica atmósfera nocturna, vale la pena quedarse al menos dos noches. Además, la ciudad funciona como un punto de partida absolutamente perfecto para explorar todo el norte de Cataluña. Desde aquí puedes hacer cómodamente excursiones radiales al mar o a la montaña, así que una estancia de una semana se te pasará volando.
Dónde alojarse en Girona
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: El alojamiento solemos buscarlo en Booking.com, donde suelen tener las mejores condiciones de cancelación. Las entradas, excursiones y actividades vale la pena compararlas en GetYourGuide.
Elegir la zona adecuada para dormir puede hacer que toda la visita resulte muchísimo más agradable. La parte más mágica para pernoctar es, sin duda, el barrio histórico de Barri Vell, donde tendrás todos los monumentos literalmente a la vuelta de la esquina. Alojarse aquí ofrece la atmósfera irrepetible de las viejas casas de piedra y las vistas románticas. Eso sí, ten en cuenta que muchas veces los coches no pueden entrar, así que con maletas pesadas te tocará caminar un poco por los adoquines.
Si prefieres una infraestructura algo más moderna y mejor acceso en coche, fíjate en el barrio del Mercadal, en la otra orilla del río. Esta parte es mucho más llana, encontrarás un montón de cafeterías estupendas y llegas al centro histórico con un cómodo paseo de cinco minutos cruzando alguno de los puentes. Es el compromiso ideal entre accesibilidad, precio y cercanía a todos los monumentos principales.
Los precios del alojamiento varían mucho según la temporada y la zona concreta. Te recomiendo gestionar la reserva con bastante antelación a través de Booking.com, sobre todo si vienes durante los festivales de primavera o en las vacaciones de verano. Una experiencia preciosa la ofrece, por ejemplo, el popular Hotel Històric, en pleno corazón del casco antiguo y cargado de historia. En la parte más moderna puedes probar el elegante Nord 1901, con una preciosa piscina interior.
Para familias con niños o estancias más largas tiene sentido alquilar un apartamento en el barrio del Eixample. Esta zona es muy tranquila, llena de verde y de tienditas locales, donde comprarás alimentos frescos a precios normales. También encontrarás suficientes plazas de aparcamiento, algo que agradecerás especialmente si planeas alquilar un coche y salir de excursión por la Costa Brava.
16 cosas que ver y hacer en Girona
Veamos juntos los monumentos y experiencias más bonitos que esta ciudad catalana tiene para ofrecerte. Prepara un calzado cómodo, porque el centro histórico está lleno de escaleras y de callejuelas de piedra irregulares. A cambio, tu recompensa serán unas vistas y una atmósfera que no olvidarás fácilmente.
1. La Catedral de Santa María y su famosa escalinata

La dominante de toda la ciudad es, sin lugar a dudas, la Catedral de Santa María (Catedral de Girona), que se alza majestuosa sobre todo el centro histórico. Esta monumental construcción te dejará impresionado a primera vista, ya que hasta ella conduce una escalinata barroca increíblemente fotogénica con noventa peldaños. Precisamente este imponente lugar sirvió a los cineastas como decorado perfecto para el Gran Septo de Baelor en la famosa serie Juego de Tronos. Subir todos esos escalones cuesta un poco, pero la sensación al llegar arriba vale la pena.
Dentro de la catedral te espera una enorme sorpresa arquitectónica que quizá no esperarías desde fuera. Y es que presume de tener la nave gótica más ancha del mundo, con unos increíbles 23 metros de anchura. De hecho, es la segunda nave de templo más ancha que existe, justo después de la basílica de San Pedro en Roma. La sensación de un espacio inmenso y sin interrupciones te envuelve por completo y te obliga a admirar en silencio el increíble arte de los constructores medievales de la época.
El conjunto incluye también un precioso claustro románico, que ofrece un refugio silencioso y tranquilo frente al bullicio del exterior. Aquí puedes pasear bajo las bóvedas y admirar los capiteles de las columnas, esculpidos con todo lujo de detalles y con las más diversas escenas bíblicas. Las entradas puedes comprarlas directamente en taquilla o en línea, y a menudo incluyen una audioguía que te explica al detalle toda la rica historia de este lugar mágico.
💡 Consejo: Si quieres fotografiar la escalinata sin multitudes de turistas, madruga y llega temprano por la mañana. Hacia las ocho de la mañana suele reinar la calma absoluta y el sol naciente ilumina maravillosamente toda la fachada decorada.
2. El barrio judío de El Call
Justo bajo la catedral se extiende el barrio judío conocido como El Call, uno de los mejor conservados de toda Europa. Es un laberinto increíblemente intrincado de callejuelas de piedra que serpentean y ascienden por la ladera como un auténtico dédalo medieval. La historia de la comunidad judía local se remonta al siglo XII y durante mucho tiempo fue uno de los centros más importantes de la cábala y del saber judío en toda la península ibérica.
Al pasear por estas callejuelas, la historia más auténtica te respira desde cada piedra. Las casas están pegadas unas a otras y las calles son por momentos tan estrechas que apenas pasan dos personas una al lado de la otra. Fíjate en los pequeños detalles de las fachadas, en las antiguas puertas de madera y en los diminutos ventanucos tras los que antaño se ocultaba una bulliciosa vida comunitaria. Es justo el tipo de lugar donde vale la pena guardar el mapa y simplemente dejarse perder.
La atmósfera es especialmente cautivadora durante las tardes de otoño, cuando la niebla cae sobre el casco antiguo y solo las viejas farolas iluminan las callejuelas. No te pierdas, sin falta, la calle Carrer de la Força, que era la arteria principal del antiguo barrio y hoy está flanqueada por interesantes tienditas y pequeñas galerías. Es aquí donde mejor te das cuenta de la enorme importancia que tuvo este barrio para el desarrollo de toda la ciudad.
3. Las casas de colores sobre el río Onyar

El panorama icónico de la ciudad lo forman las casas de tonos pastel que literalmente se balancean justo sobre el cauce del río Onyar. Estas fachadas de colores en tonos amarillos, ocres y rojos constituyen la inconfundible carta de presentación de la ciudad y las encontrarás en todas las postales. Las casas datan en su mayoría de finales de la Edad Media y originalmente se construyeron sobre los restos de las antiguas murallas que protegían la ciudad por este flanco.
La vista más hermosa de esta maravilla de colores se obtiene desde alguno de los puentes que cruzan el río. Cuando el agua del río está en calma, las casas se reflejan en ella de forma preciosa y crean una composición absolutamente perfecta para tus fotos. La paleta de colores de las fachadas, por cierto, no es nada casual: la ciudad tiene normas precisas sobre qué tonos pueden usar los propietarios en sus reformas, para mantener un aspecto uniforme y armónico en todo el paseo del río.
Aunque por fuera las casas parecen muy uniformes, por dentro esconden un laberinto de pasillos y anexos. Una de las casas, la Casa Masó, está incluso abierta al público y ofrece una visión única de los interiores de una vivienda burguesa de principios del siglo XX. Visitarla te permite contemplar el río y la ciudad desde una perspectiva completamente nueva, en concreto desde sus encantadores balcones de madera suspendidos sobre el agua.
4. El puente de Gustave Eiffel (Pont de les Peixateries Velles)
Entre los muchos puentes que unen ambas orillas del Onyar destaca uno absolutamente único. El puente rojo de hierro Pont de les Peixateries Velles lo diseñó el mismísimo Gustave Eiffel, y además varios años antes de levantar en París su famosa torre. Su llamativa estructura roja contrasta vivamente con los colores pastel de las casas vecinas y aporta un curioso elemento industrial en medio del entramado medieval.
El puente se construyó en 1877 y sustituyó a las antiguas pasarelas de madera, que a menudo se llevaban las crecidas de primavera. Gracias a su ingenioso diseño de celosía, el puente es increíblemente ligero y a la vez resistente, sello característico de la oficina de ingeniería de Eiffel. Pasear por sus tablones de madera ofrece una de las mejores vistas de las casas de colores a lo largo del río y del cauce que tienes bajo tus pies.
Como curiosidad, el puente es exclusivamente peatonal y todavía hoy sirve como una de las arterias principales que conectan el centro histórico con la parte más nueva de la ciudad. Durante la hora punta de la tarde se forma aquí un trasiego animado, cuando los locales vuelven del trabajo y los turistas se detienen para conseguir la foto perfecta. Pásate sin falta también al caer la noche, cuando el puente está bellamente iluminado y toda la estructura de acero produce una impresión increíblemente romántica.
5. Los baños árabes (Banys Àrabs)
Justo detrás de la catedral te toparás con el fascinante complejo de los llamados baños árabes. Pero que no te confunda su nombre: en realidad datan del siglo XII y fueron construidos en estilo puramente románico por los habitantes cristianos de la ciudad. Su arquitectura simplemente se inspiró con fuerza en las tradiciones norteafricanas y moriscas, lo que les da un aspecto absolutamente exótico y singular.
La parte más bonita de todos los baños es, sin duda, el vestuario central o apodyterium. En el centro de esta sala hay una preciosa piscina octogonal rodeada de columnas decoradas, sobre la que se eleva una impresionante cúpula en forma de estrella. Precisamente por esta abertura estrellada penetra la luz del sol, que crea sobre el agua y las paredes de piedra un mágico juego de sombras y reflejos.
Todo el complejo es bastante pequeño, pero está increíblemente bien conservado y trabajado al detalle. Puedes recorrer las distintas salas con diferentes temperaturas, desde la fría pasando por la templada hasta el caldarium de vapor caliente, exactamente según las costumbres de la época. Por cierto, este lugar también encandiló a los cineastas, así que los amantes de la historia y del cine disfrutarán de lo lindo. La entrada es muy simbólica y la visita te llevará alrededor de media hora.
6. Las murallas (Passeig de la Muralla)
Si ansías las mejores vistas panorámicas de toda la ciudad, tienes que subir a las murallas. El Passeig de la Muralla es un precioso paseo que discurre por lo alto de la antigua fortificación, que rodea buena parte del centro histórico. Estas murallas se fueron construyendo poco a poco desde la época romana hasta la Edad Media y hoy representan una de las atracciones más populares de la ciudad.
El paseo por las murallas mide unos tres kilómetros y ofrece innumerables vistas impresionantes hacia todos los puntos cardinales. Por un lado tienes ante ti el revoltijo de tejados del casco antiguo y la torre de la catedral, y por el otro se te abre la vista a las colinas verdes y, a lo lejos, las cumbres de los Pirineos dibujándose en el horizonte. Por el camino te encontrarás con varias torres de vigilancia a las que puedes subir para conseguir las mejores fotos a vista de pájaro.
El acceso a las murallas es totalmente gratuito y puedes subir desde varios puntos distintos del centro histórico. El mejor momento para este paseo es la última hora de la tarde, cuando el sol cae lentamente hacia el horizonte y tiñe toda la ciudad de tonos dorados. En los meses de verano, en cambio, evita el calor del mediodía, porque en las murallas prácticamente no encontrarás sombra y las piedras del muro desprenden un calor enorme.
💡 Consejo: Empieza el paseo junto a los baños árabes y avanza en dirección sur hacia la universidad. Este sentido es mucho más cómodo, porque evitas las escaleras más empinadas justo al principio y todo el recorrido tendrá más bien una ligera tendencia descendente.
7. El monasterio de Sant Pere de Galligants

Muy cerca de las murallas y de los baños árabes se esconde el precioso monasterio benedictino de Sant Pere de Galligants. Esta construcción es uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura románica catalana y su robusto campanario de planta octogonal forma un punto de referencia imposible de pasar por alto. El monasterio nació ya en el siglo X y su sobria belleza pétrea te transporta al instante mil años atrás en el tiempo.
Este lugar también forma parte indiscutible del mapa de localizaciones de Juego de Tronos. El precioso interior del monasterio interpretó el papel de la Ciudadela de Antigua, adonde llegó Samwell Tarly a estudiar para maestre. En cuanto entres y veas esas robustas columnas de piedra y la perfecta simetría de todo el espacio, reconocerás de inmediato aquellas famosas escenas de la serie. Hoy en las salas del monasterio se encuentra un museo arqueológico que, sin duda, merece una visita.
Además de la propia iglesia, no te olvides de visitar el claustro adyacente. Es más pequeño que el de la catedral, pero destaca por su decoración escultórica increíblemente detallada en los capiteles de las columnas, donde encontrarás esculpidos distintos animales mitológicos y motivos vegetales. Todo el lugar produce una impresión increíblemente tranquila y meditativa, lejos del mayor bullicio turístico de las calles principales.
8. La basílica de Sant Feliu

Antes de que se construyera la actual y enorme catedral, el papel de templo principal de la ciudad lo desempeñaba la basílica de Sant Feliu. Su esbelto campanario con la punta cortada es absolutamente inconfundible y, junto con la catedral, forma la típica silueta de la ciudad desde la mayoría de los miradores. La basílica se construyó extramuros de la antigua ciudad romana, justo en el lugar donde, según la leyenda, fueron martirizados los primeros patronos cristianos de la ciudad.
Al entrar en el interior te sorprenderá una interesante mezcla de distintos estilos arquitectónicos. Mientras que la planta es puramente románica, las bóvedas son góticas y la fachada principal barroca, lo que ilustra a la perfección cómo la iglesia se fue ampliando y modificando poco a poco a lo largo de los siglos. Esta mezcla histórica aporta a todo el espacio interior un carácter muy poco convencional e interesante, que da gusto descubrir.
El mayor tesoro de la basílica es un conjunto de ocho sarcófagos paleocristianos de los siglos III y IV. Estas valiosas urnas de mármol fueron descubiertas durante unas obras y hoy están empotradas directamente en las paredes del presbiterio. En ellas hay esculpidas escenas bíblicas preciosas y muy detalladas, que constituyen una auténtica rareza en toda España y que admiran historiadores de todo el mundo.
9. La Plaça de la Independència

Cuando cruces el Onyar hacia la parte más nueva de la ciudad, seguro que tus pasos te llevarán a la Plaça de la Independència. Esta enorme plaza neoclásica está flanqueada por arcadas regulares y constituye el auténtico corazón social de toda la ciudad. Se construyó en el siglo XIX en el lugar de un antiguo convento y hoy lleva el nombre en honor a los defensores de la ciudad durante las guerras napoleónicas.
Bajo los soportales encontrarás innumerables restaurantes excelentes, bares de tapas y cafeterías tradicionales. Es un lugar absolutamente ideal para sentarte en una terraza al aire libre, pedir una copa de buen vino y observar el animado trasiego local. La atmósfera cobra vida sobre todo al atardecer, cuando la plaza se llena de familias con niños, músicos callejeros y amigos que quedan para cenar juntos.
Si te entra hambre, prueba sin falta las típicas delicias locales. De las opciones vegetarianas te recomiendo las estupendas patatas bravas (patatas fritas con salsa picante) o los pimientos de Padrón (pimientos verdes salteados con sal). Si vienes a principios de primavera, no te pierdas los calçots de temporada, esas dulces cebolletas asadas a la brasa que se sirven con la deliciosa salsa romesco a base de frutos secos.
10. La leona de Girona (El Cul de la Lleona)
Toda buena ciudad histórica tiene su leyenda, y Girona no es la excepción. En la calle Carrer de Calderers te toparás con una pequeña columna de piedra rematada por una escultura de una leona, a la que se asocia un ritual muy específico y un poco gracioso. La escultura data del siglo XII y, según la vieja leyenda, todo visitante debe besar el trasero de la leona si quiere volver alguna vez en el futuro a la ciudad.
Esta tradición es increíblemente popular entre los turistas. Para que el beso resulte más fácil, la ciudad incluso instaló junto a la escultura unos pequeños peldaños metálicos por los que puedes subir cómodamente. El original de la escultura se conserva hoy, por motivos de seguridad y conservación, en el museo de arte, así que en la calle repartirás besos a una copia muy fiel y detallada. Aun así, supone una parada divertida durante el paseo.
Alrededor de la escultura de la leona suelen formarse corrillos de turistas riéndose, que se fotografían unos a otros en este acto tan poco convencional. En sí mismo es un rincón muy pintoresco, que se encuentra a un paso de la basílica de Sant Feliu. Y aunque no creas en absoluto en este tipo de supersticiones, es una bonita tradición que, sencillamente, forma parte inseparable de la visita a esta ciudad.
11. El Parc de la Devesa

Si necesitas descansar un rato de las recalentadas callejuelas de piedra, dirígete al enorme parque de la Devesa. Esta isla verde de cuarenta hectáreas es el mayor parque urbano de toda Cataluña y ofrece una huida a la naturaleza absolutamente perfecta. El parque es famoso por sus majestuosos plátanos, de los que crecen aquí más de dos mil quinientos y algunos alcanzan la asombrosa altura de hasta sesenta metros.
Estos enormes árboles se plantaron ya en el siglo XIX y hoy crean una preciosa bóveda verde que, incluso en los días de verano más calurosos, proporciona una sombra agradable y refrescante. Los habitantes locales vienen aquí a correr, hacer pícnic o simplemente descansar en los bancos con un buen libro. El parque está surcado por anchos caminos de arena, ideales para largos paseos románticos bajo los árboles.
Además, cada semana se celebran aquí enormes mercados al aire libre. Si vienes un martes o un sábado por la mañana, vivirás un trasiego increíble, porque los agricultores de toda la zona acuden a vender fruta fresca, verdura, quesos y productos artesanales locales. Es una estupenda oportunidad para comprar ingredientes auténticos y vivir la verdadera y genuina atmósfera catalana entre los locales.
12. El Museo de Arte (Museu d’Art de Girona)
Los amantes del arte y de la historia no deberían perderse de ninguna manera el Museo de Arte local. Tiene su sede en las preciosas salas del antiguo Palacio Episcopal, justo al lado de la catedral, lo que ya de por sí promete una experiencia grandiosa. El palacio, con su majestuoso patio y sus bellas salas, conforma un decorado absolutamente perfecto para una de las colecciones de arte más importantes de toda la región.
La colección del museo te guía por el arte desde el periodo prerrománico hasta principios del siglo XX. Su mayor joya son, sin lugar a dudas, las enormes colecciones de arte románico y gótico, que incluyen preciosos retablos de madera, esculturas detalladas y antiguos objetos litúrgicos. Muchos de estos artefactos fueron rescatados de monasterios e iglesias abandonados en los valles pirenaicos cercanos, lo que les confiere un enorme valor histórico.
Además de las propias piezas, te impresionarán los interiores conservados del palacio. Durante la visita conocerás una antigua botica del siglo XVIII, una vetusta prisión palaciega o el suntuoso salón del trono, donde los obispos recibían a sus visitas importantes. La exposición está muy bien explicada y ordenada de forma lógica, así que aunque no seas precisamente un experto en arte, pasarás aquí una hora muy agradable e instructiva.
13. La Pujada de Sant Domènec

Mientras exploras el centro histórico, tarde o temprano te toparás con la escalinata de la Pujada de Sant Domènec. Esta cascada de escalones de piedra está considerada uno de los lugares más románticos de la ciudad y aparece habitualmente en las portadas de las guías turísticas. La escalinata está flanqueada por viejas casas de piedra y en su parte alta se encuentra la preciosa iglesia barroca de Sant Martí, con un portal bellamente decorado.
Lo que hace tan especial este lugar es el pequeño arco que cruza la escalinata y une dos casas enfrentadas. Justo en los escalones, bajo este arco, se encuentra la terraza de la mítica cafetería Le Bistrot, uno de los locales más populares de la ciudad. Sentarse aquí a tomar un café o una copa de vino al atardecer y observar el trasiego de la escalinata es una experiencia que no deberías dejar escapar.
Toda la escalinata es también una localización muy querida por cineastas y fotógrafos. Apareció, por ejemplo, en la exitosa película El perfume: historia de un asesino y, por supuesto, también en la mencionada Juego de Tronos. Durante el festival de las flores de mayo (Temps de Flors), toda la escalinata se transforma además en una enorme instalación floral que despliega todos los colores y atrae a miles de admiradores de todo el mundo.
14. El Museo de Historia de los Judíos (Museu d’Història dels Jueus)
Para comprender en profundidad la importancia de la comunidad judía en esta región, la visita a este museo es una absoluta necesidad. El museo se encuentra en pleno corazón del barrio judío de El Call, en el lugar donde antaño se alzaba la última sinagoga medieval antes de la expulsión de los judíos de España a finales del siglo XV. La propia ubicación del museo confiere así a todas las piezas una enorme autenticidad y profundidad.
La exposición te guía por la vida cotidiana, las tradiciones y la cultura de la comunidad judía local. Verás aquí una colección única de lápidas hebreas medievales, descubiertas en la cercana colina de Montjuïc (la Montaña de los Judíos). El museo explica con mucha sensibilidad el significado de la cábala, el papel de los médicos y eruditos judíos, pero también el duro periodo de la Inquisición y el éxodo final de la península ibérica.
La visita incluye también el acceso al precioso patio interior, donde antaño se encontraban los baños rituales o micvé. Hay audioguía disponible en varios idiomas y es realmente excelente, así que te recomiendo de corazón pedirla prestada en la entrada. Te ayudará a conectar los datos históricos con los lugares concretos por los que habías pasado antes en las estrechas callejuelas del barrio.
15. El valle de Sant Daniel (Vall de Sant Daniel)

Si dispones de más tiempo en la ciudad y quieres descansar de los adoquines, sal justo extramuros hacia el verde valle de Sant Daniel. Este pintoresco valle empieza apenas unos cientos de metros más allá del monasterio de Sant Pere de Galligants y constituye un auténtico oasis de calma adonde los turistas casi nunca llegan. Es un lugar de excursión muy querido por los habitantes locales, que vienen aquí los fines de semana a pasear con sus perros o a correr.
Por el valle discurre el pequeño río Galligants, alrededor del cual serpentean agradables senderos sombreados, flanqueados por árboles y pequeños huertos. El destino principal del paseo suele ser el monasterio homónimo de Sant Daniel, que funciona aquí ininterrumpidamente desde el siglo XI y en el que todavía hoy vive una comunidad de monjas. El propio monasterio esconde un precioso claustro románico-gótico que puedes visitar en determinadas horas.
La ruta por el valle es muy poco exigente y llana, así que la superan sin problema incluso las familias con niños pequeños. Puedes traerte cosas para un pícnic y pasar una tarde tranquila en la naturaleza, con la sensación de estar a kilómetros de la civilización, aunque el centro de la ciudad esté literalmente a la vuelta de la esquina. Para volver a la ciudad puedes regresar por un camino algo más elevado, que ofrece bonitas vistas de las colinas de alrededor.
16. La Plaça del Vi y el ayuntamiento
Terminaremos nuestra visita a la ciudad en una de las plazas históricas más importantes, la Plaça del Vi (la Plaza del Vino). Esta plaza íntima y muy elegante, rodeada de antiguos palacios, sirvió durante siglos como principal mercado y centro del comercio del vino, de donde procede su nombre. Hoy encontrarás aquí preciosos soportales con varias agradables cafeterías y tienditas.
El edificio más destacado de la plaza es el gótico ayuntamiento (Ajuntament), junto al cual se alza el bonito teatro municipal. Fíjate en los curiosos detalles de las fachadas de las casas de alrededor, desde los balcones de hierro forjado hasta los viejos escudos esculpidos en piedra. Precisamente aquí se celebran a menudo las más diversas fiestas de la ciudad, se levantan castells (torres humanas) y durante las festividades reina una atmósfera increíblemente viva y alegre.
De la plaza salen varias importantes calles comerciales, donde encontrarás tanto marcas conocidas como pequeñas boutiques locales. Es un estupendo punto de partida para comprar recuerdos, desde la cerámica tradicional hasta excelentes quesos y vinos locales. Tómate aquí, para terminar el día, un café delicioso, observa a los transeúntes y deja que reposen en ti todas las impresiones de esta preciosa ciudad medieval.
Adónde ir desde Girona
Girona es un trampolín absolutamente ideal para conocer otras partes de Cataluña y de toda España. Si tienes un coche a tu disposición, te recomiendo de corazón salir hacia la impresionante Costa Brava, que queda a algo más de media hora en coche hacia el este. Allí te encontrarás con pinares que descienden hacia el mar y calas escondidas de agua turquesa. Entre los tramos más bonitos están los alrededores del pueblo de Begur o la blanca aldea de pescadores de Cadaqués.
Los amantes del arte no deberían perderse de ninguna manera una excursión a la cercana ciudad de Figueres, donde se encuentra el fascinante Teatro-Museo Dalí. Es un edificio absolutamente delirante y onírico, lleno de ilusiones ópticas, diseñado por el propio genio surrealista. Si en cambio te atraen las montañas, dirígete a los dentados picos del macizo de Montserrat, donde se esconde el famoso monasterio con la Virgen Negra y desde donde las vistas a la comarca son absolutamente sobrecogedoras.
De las grandes ciudades, se ofrece por supuesto la línea directa de tren de alta velocidad a Barcelona, que no deberías saltarte al visitar esta región. Si te interesa la historia antigua, ve en tren hacia el sur a Tarragona, donde encontrarás un precioso anfiteatro romano justo a orillas del mar. Y si planeas un viaje más largo por España, puedes inspirarte en nuestro itinerario por los lugares más bonitos de Andalucía y explorar Madrid o la increíble Valencia. Descubre también la comida típica española, para que sepas qué probar exactamente en los restaurantes.
Preguntas frecuentes
¿Se puede visitar Girona como excursión de un día desde Barcelona?
Sí, sin ningún problema. Gracias a los trenes de alta velocidad AVE, llegarás desde el centro de Barcelona a Girona en tan solo 38 minutos. El casco histórico es bastante compacto, así que podrás recorrer cómodamente los principales monumentos como la catedral, las murallas, el barrio judío y las coloridas casas sobre el río en una sola tarde.
¿Qué monumentos aparecieron en Juego de Tronos?
La ciudad sirvió como escenario para varias localizaciones importantes en la sexta temporada. La más famosa es la escalinata barroca de la catedral (el Gran Septo de Baelor), las Baños Árabes y el monasterio de Sant Pere de Galligants, que representaron la ciudad libre de Braavos. Todos estos lugares se encuentran cerca unos de otros en el casco histórico.
¿Es caro Girona?
Comparado con la cercana Barcelona, los precios aquí son notablemente más asequibles, tanto en alojamiento como en restaurantes. Las entradas a los museos suelen rondar los cinco a siete euros y el paseo por las murallas es completamente gratuito. Excelentes tapas y vino en la Plaça de la Independència los conseguirás a precios muy razonables.
¿Dónde es mejor aparcar si vengo en coche?
El acceso al barrio histórico Barri Vell está prohibido o muy restringido para no residentes. Lo mejor es dejar el coche en el gran aparcamiento gratuito disuasorio junto al parque Devesa (Parc de la Devesa), desde donde llegarás al centro a pie en unos diez minutos. Alternativamente, puedes utilizar los aparcamientos subterráneos de pago en el barrio de Mercadal.
¿Qué recomiendan probar a los vegetarianos?
Sin duda no te pierdas el clásico pa amb tomàquet (pan rústico con tomate y aceite de oliva), las excelentes patatas bravas o los pimientos de padrón. El plato típico (aunque normalmente con carne o pescado) es el suquet de peix, pero como broche dulce date el gusto de probar la estupenda crema catalana, que es la versión local de la crème brûlée.
¿Cuántos días dedicar a todo el norte de Cataluña?
Si quieres ver no solo la ciudad, sino también explorar la salvaje costa de la Costa Brava, visitar el museo de Dalí y hacer una excursión a las montañas, lo ideal son tres o cuatro días. Alquilar un coche te ahorrará mucho tiempo en este tipo de viaje, ya que el transporte público entre los pueblos costeros más pequeños suele ser bastante lento.
¿Es la ciudad adecuada para familias con niños pequeños?
Sí, pero ten en cuenta que el casco histórico está lleno de escaleras empinadas y adoquines irregulares, por lo que moverse con cochecito puede ser un poco complicado. Sin embargo, para los niños es un gran atractivo el paseo por las murallas con vistas o el enorme parque Devesa, donde tienen mucho espacio para correr con seguridad.
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