Cuando Lukáš y yo pedaleábamos por aquellas colinas infinitas durante nuestro viaje de cicloturismo por Europa, sudaba hasta por lugares que ni sabía que existían. La Toscana, en Italia, nos hizo sufrir de lo lindo sobre la bici, pero cada metro de desnivel valió la pena. Y cuando de repente se abre ante ti la vista de esa campiña ondulada salpicada de cipreses, te olvidas al instante de las piernas doloridas y solo te quedas mirando embobada tanta belleza. Es exactamente esa maravilla de postal que todos conocemos, solo que en la realidad es aún un poquito mejor.
La Toscana es, sencillamente, un paraíso en la tierra, y volvemos aquí con muchísimo gusto. Ya sea que sueñes con perderte por las callejuelas estrechas de sus pueblos medievales, quieras probar el mejor vino italiano directamente en las viñas o simplemente te apetezca sumergirte en las fuentes termales calientes, aquí lo encontrarás todo. Lukáš y yo, además, somos vegetarianos, y la cocina tradicional de la zona es para nosotros un sueño hecho realidad.
En este artículo he reunido para ti todo lo que necesitas saber antes de tu viaje. Veremos cuál es la mejor época para ir, cómo evitar las abultadas multas de aparcamiento y, sobre todo, te mostraré los 30 lugares más bonitos que no deberías perderte. He añadido también nuestro itinerario de siete días para un roadtrip, para que planificarlo todo te resulte lo más sencillo posible.

Resumen
- Mejor época para visitarla: con diferencia, lo mejor es abril, mayo y septiembre, cuando hace un calor agradable y evitas las peores aglomeraciones.
- Transporte y multas: a los centros históricos no se puede entrar en coche; lo vigilan las llamadas zonas ZTL con cámaras, y las multas te llegan directamente a casa.
- Alojamiento: lo ideal es buscar una base estratégica; recomiendo Siena o la zona de Val d’Orcia, desde donde salen de maravilla las excursiones radiales.
- Termas naturales: la Toscana está llena de baños gratuitos en plena naturaleza; los más famosos son las cascadas de Saturnia, adonde tienes que ir a primera hora de la mañana.
- Comida local: prueba sin falta la espesa sopa ribollita o la pasta tradicional pici, y con el vino toma queso de oveja pecorino.
- Zonas vinícolas: las más conocidas son Chianti Classico y los alrededores de Montalcino, pero en temporada las catas tienes que reservarlas con mucha antelación.
- Playas y mar: si buscas mar limpio y sin aglomeraciones en hamacas de pago, ve al sur, a la zona de la Maremma o a la isla de Elba.
La Toscana: clima y temperatura del mar mes a mes
🌡️ Más caluroso: agosto (30 °C de día) · 🌊 Mar más cálido: agosto (28 °C) · ☔ Menos precipitaciones: julio
| Mes | Día | Noche | Mar | Días de lluvia |
|---|---|---|---|---|
| Enero | 12 °C | 5 °C | 15 °C | 12 |
| Febrero | 14 °C | 6 °C | 14 °C | 7 |
| Marzo | 15 °C | 7 °C | 14 °C | 8 |
| Abril | 17 °C | 9 °C | 16 °C | 10 |
| Mayo | 21 °C | 14 °C | 19 °C | 12 |
| Junio | 26 °C | 18 °C | 23 °C | 6 |
| Julio | 29 °C | 21 °C | 27 °C | 3 |
| Agosto | 30 °C | 22 °C | 28 °C | 6 |
| Septiembre | 26 °C | 18 °C | 24 °C | 10 |
| Octubre | 21 °C | 15 °C | 22 °C | 12 |
| Noviembre | 16 °C | 10 °C | 19 °C | 15 |
| Diciembre | 13 °C | 7 °C | 16 °C | 16 |
Fuente: normal climático 2019–2024 (Open-Meteo, datos medidos)
Cuándo ir a la Toscana
La Toscana es un destino precioso en cualquier época del año, pero la mejor fecha para visitarla depende mucho de qué es exactamente lo que quieres vivir. Por nuestra experiencia, la mejor época es, sin duda, la primavera y el otoño. Si puedes, ve en abril, mayo, o bien en septiembre y octubre. En esos meses las temperaturas rondan unos agradables 20 a 25 grados, lo cual es absolutamente ideal tanto para descubrir ciudades como para pedalear. Además, el paisaje primaveral es de un verde jugoso increíble y está lleno de amapolas en flor, mientras que el otoño juega con tonos dorados y es tiempo de vendimia y de recogida de aceitunas. Analizamos las temperaturas mes a mes y también la del mar en el artículo El clima en la Toscana.
El verano yo lo evitaría personalmente, aunque entiendo que las familias con niños a menudo no tienen otra opción. Desde mediados de junio hasta finales de agosto la Toscana se convierte en un horno, con temperaturas que suelen superar los 35 grados. Pasear con ese bochorno por las callejuelas de piedra al rojo vivo de Florencia es más un castigo que un premio. Además, es la época en la que los propios italianos están de vacaciones, así que hay muchísima gente por todas partes. Ten especial cuidado alrededor del 15 de agosto, cuando se celebra la fiesta de Ferragosto y muchos negocios pequeños o restaurantes pueden estar completamente cerrados.
Si no te importa un tiempo algo más fresco, el invierno en la Toscana también tiene su encanto. De diciembre a febrero las temperaturas diurnas rondan los 8 a 11 grados, más que suficiente para pasear con jersey y chaqueta. La ventaja es que tendrás los lugares más famosos, como San Gimignano o Pisa, casi para ti solo. Eso sí, ten en cuenta que el invierno suele ser la época más lluviosa, así que no te apañarás sin paraguas y buen calzado. Pero es un momento absolutamente mágico para bañarse en las termas naturales calientes, cuando del agua caliente sube el vapor hacia el aire helado de la mañana.
Al planificar la duración del viaje, cuenta con un mínimo de cinco a siete días. La Toscana es enorme y las distancias entre los pueblitos por carreteras secundarias serpenteantes llevan más tiempo del que parece en el mapa. Si quieres ver Florencia, Siena, catar vino en el Chianti y recorrer el valle de Val d’Orcia, una semana es el mínimo absoluto para no ir siempre corriendo en el coche. Para quienes solo tienen un puente largo, recomiendo elegir una sola zona pequeña, por ejemplo los alrededores de Siena, y dejar el resto para la próxima vez.
Dónde alojarse en la Toscana
Elegir la base adecuada es absolutamente clave para tus vacaciones en la Toscana. Lukáš y yo siempre intentamos encontrar alojamiento en algún punto central de la región, para no tener que pasarnos horas cada día en la carretera. En este sentido, lo ideal es la zona de la ciudad de Siena o la comarca de Val d’Orcia. Desde allí tienes cerca los pueblitos de colina más bonitos, las viñas y las fuentes termales. Alojarte en pleno centro de Florencia solo lo recomiendo a quienes no llevan coche y planean moverse únicamente en tren, porque aparcar y conducir por las calles florentinas es una pesadilla para el conductor.
Si quieres vivir la Toscana auténtica de verdad, busca sin falta los llamados agriturismo. Son granjas tradicionales de piedra y casas rurales que las familias locales han reconvertido en encantadoras pensiones. A menudo tienen piscina con vistas al campo y los dueños te ofrecen para el desayuno su propio aceite de oliva, quesos caseros y vino. Es una experiencia que ningún hotel grande e impersonal te dará. Los precios por noche en un bonito agriturismo para dos rondan entre los 60 y los 125 €, dependiendo, claro, de la temporada y las comodidades. El alojamiento siempre preferimos buscarlo y reservarlo por Booking, donde la oferta de estas granjas es la más amplia.
Si quieres elegir un lugar concreto, tenemos algunos consejos. Si buscas puro lujo y no te importa pagar un extra, échale un vistazo al Hotel Certosa di Maggiano, a un paso de Siena. Es un precioso complejo histórico en un antiguo monasterio cartujo de 1316, con una piscina espectacular y un extenso jardín donde te sentirás como en un cuento. Para una experiencia algo más asequible, pero igualmente muy elegante, está la villa Ca’ Bianca Tuscany Relais, a pocos kilómetros de Siena, al borde del Chianti, que ofrece todo lo que esperas del campo toscano.
Una ubicación estratégica estupenda la tiene también la ciudad de Lucca, al norte de la región. Desde allí tienes cerca Pisa, el mar y la montaña. Aquí es muy popular el acogedor alojamiento Casamariu, que no arruinará tu bolsillo, pero ofrece un gran confort. Sea cual sea la zona que elijas, en los meses de verano reserva el alojamiento con varios meses de antelación. Las mejores granjas con piscina a buen precio suelen agotarse para julio y agosto ya a comienzos de la primavera.
30 lugares que ver y cosas que hacer en la Toscana
La Toscana está tan repleta de monumentos y bellezas naturales que podrías pasar aquí un año entero y aún tendrías cosas por descubrir. He seleccionado para ti nuestros 30 lugares favoritos, que en mi opinión merecen una visita.
1. Florencia, el corazón renacentista de la región

Florencia es una ciudad de la que emana arte a cada paso. Lo más básico es visitar la famosa Galería de los Uffizi, donde verás con tus propios ojos El nacimiento de Venus de Botticelli. Eso sí, compra las entradas, que cuestan unos 25 euros, por internet con mucha antelación; de lo contrario, pasarás media jornada esperando en una cola interminable. Si quieres ver el David original de Miguel Ángel, tendrás que dirigirte a la cercana Galería de la Academia.
El emblema de toda la ciudad es la enorme catedral de Santa Maria del Fiore, con su cúpula de ladrillo obra del arquitecto Brunelleschi. La entrada a la catedral en sí es gratuita, pero si quieres subir los 463 escalones hasta arriba de la cúpula, tienes que comprar una entrada combinada y reservar hora exacta. La vista desde lo alto sobre los tejados rojos de Florencia es absolutamente impresionante.
No te olvides de pasear por el histórico Ponte Vecchio, literalmente cubierto de pequeñas joyerías. Justo al lado encontrarás la Piazza della Signoria, la plaza principal con el ayuntamiento del Palazzo Vecchio, que funciona como una galería de esculturas al aire libre.
💡 Consejo: bajo ningún concepto intentes entrar en coche al centro de Florencia. Todo el centro es una estricta zona ZTL con cámaras. Lo mejor es dejar el coche en el gran aparcamiento disuasorio de Villa Costanza, justo en la salida de la autopista A1, y llegar cómodamente al centro en tranvía en pocos minutos.
2. Pisa y su Plaza de los Milagros

Cuando alguien dice Pisa, todos nos imaginamos enseguida la famosa Torre Inclinada, donde las masas de turistas intentan la foto más graciosa sujetando la torre. La construcción empezó ya en 1173 y la torre comenzó a inclinarse durante las propias obras, por culpa del subsuelo blando. Si quieres subir esos casi 300 escalones, prepara 20 euros y compra el billete de antemano para una hora concreta.
Pero sería una pena enorme venir a Pisa, hacerse la foto con la torre y marcharse enseguida. Toda la Piazza dei Miracoli, o Plaza de los Milagros, está inscrita en la lista de la UNESCO y es absolutamente fascinante. Justo al lado de la torre se alza la preciosa catedral de mármol de la Asunción de la Virgen, cuya entrada es gratuita al comprar el billete de la torre.
No dejes de reservar tiempo también para el enorme Baptisterio circular, el mayor de toda Italia y con una acústica realmente increíble. A un paso está el monumental cementerio Camposanto, con preciosos frescos, donde hay una calma estupenda lejos de las multitudes que se apretujan afuera en el césped alrededor de la torre.
💡 Consejo: la mayoría de la gente se marcha enseguida de la Plaza de los Milagros, pero prueba a pasear también por el centro histórico de Pisa en dirección al río Arno. Encontrarás preciosas placitas y callejuelas donde puedes sentarte a tomar un gelato buenísimo sin sobreprecios turísticos.
3. La medieval Siena y su plaza en forma de concha

Siena es, para mí personalmente, quizá la ciudad grande más bonita de toda la Toscana. Es una gran rival de Florencia y ha conservado un carácter medieval mucho más auténtico. El corazón de toda la ciudad es la famosa Piazza del Campo, que tiene una forma única de concha y desciende en pendiente hacia el ayuntamiento. Precisamente aquí se celebra dos veces al año la famosa y dura carrera de caballos del Palio. Analizamos ambas ciudades en detalle en el artículo aparte Siena y San Gimignano.
Sobre la plaza se alza la esbelta Torre del Mangia, de más de cien metros de altura. La subida por más de cuatrocientos escalones estrechos cuesta bastante, pero esa vista sobre los tejados de ladrillo de Siena bien vale los aproximadamente 10 euros.
Tampoco puede escapar a tu atención el monumental Duomo de Siena, o Catedral de la Asunción de la Virgen. Por fuera y por dentro está formado por mármol a rayas blancas y negras, y es un espectáculo abrumador. Vale la pena comprar la entrada combinada OPA SI Pass, por unos 15 euros, que te abre las puertas también a la fascinante Biblioteca Piccolomini y a las criptas.
💡 Consejo: al igual que en Florencia, el centro histórico de Siena está reservado solo para peatones. Deja el coche en uno de los grandes aparcamientos subterráneos junto a las murallas; funciona de maravilla, por ejemplo, el parking de Santa Caterina, desde donde unas escaleras mecánicas te suben casi hasta el centro.
4. San Gimignano, la ciudad de los rascacielos medievales

Cuando te acercas a San Gimignano, ya de lejos verás su inconfundible silueta. En la Edad Media las familias adineradas competían por quién construía la torre más alta como símbolo de poder. Hoy a veces se le llama, con cierta guasa, el Manhattan medieval, porque de las aproximadamente setenta torres originales se conservan unas preciosas catorce.
La más alta de todas es la Torre Grossa, a la que también puedes subir. La entrada cuesta unos 10 euros, pero es mejor comprar directamente el San Gimignano Pass por 15 euros, con el que puedes visitar todos los principales museos de la ciudad. No te olvides de asomarte también a la colegiata románica, con sus preciosos frescos. Encontrarás consejos concretos sobre qué no perderte en la ciudad en el artículo Siena y San Gimignano: 8 consejos.
Este pueblito es un enorme reclamo, así que durante el día suele estar hasta los topes. La Piazza della Cisterna, con su pozo histórico, está rodeada de cafés y tiendecitas donde se apretujan cientos de turistas de excursiones en autobús.
💡 Consejo: si quieres vivir la magia auténtica de San Gimignano, ven a primera hora de la mañana o quédate directamente a dormir aquí. En cuanto los autobuses se marchan hacia las cinco de la tarde, las callejuelas se vacían, se encienden las farolas y te sentirás como un viajero en el tiempo.
5. Lucca y sus murallas perfectas

Lucca queda un poco al margen del principal aluvión de turistas y, sin embargo, es una auténtica joya del norte de la Toscana. Su mayor orgullo son sus murallas renacentistas perfectamente conservadas, que aún hoy rodean la ciudad en un anillo compacto. Las murallas son tan anchas que por su parte superior discurre un paseo arbolado, y darles toda la vuelta es un paseo de unos cuatro kilómetros. Encontrarás una guía detallada en el artículo Lucca: 22 consejos de qué ver y por qué recorrer las murallas en bici.
Lo mejor de todo es alquilar una bici junto a las propias murallas y recorrer toda la ciudad desde lo alto. Ya en el centro te cautivará la plaza oval de la Piazza dell’Anfiteatro, cuyas casas siguen exactamente la forma del anfiteatro romano que en su día se alzó allí.
El punto de referencia más llamativo de la ciudad es la torre de ladrillo Torre Guinigi. La reconocerás fácilmente, porque en su propia azotea crecen varios grandes robles. Si subes los 230 escalones, la entrada te saldrá por menos de 6 euros y te espera una preciosa vista de los alrededores a la sombra de los árboles.
💡 Consejo: Lucca es una de las pocas ciudades toscanas que está completamente llana. Es, por tanto, un destino ideal si ya estás harto de las eternas subidas a colinas empinadas. Además, se puede llegar aquí de maravilla y barato en tren directo desde Florencia.
6. La etrusca Volterra y la tradición del alabastro

En lo alto de una colina se alza la antigua Volterra, una ciudad cuya historia se remonta a las lejanas épocas de los antiguos etruscos. La ciudad está protegida por macizas murallas dobles y ha conservado hasta hoy un carácter algo más rudo y misterioso que los pueblitos renacentistas de los alrededores. Desde el centro hay preciosas vistas de los profundos valles circundantes. Encontrarás más consejos en el artículo Volterra: 18 consejos de qué ver en la ciudad etrusca del alabastro.
Volterra es famosa en todo el mundo por el trabajo del preciado alabastro. En las callejuelas estrechas encontrarás un montón de pequeños talleres artesanos donde puedes observar a los maestros directamente en plena faena. Es un espectáculo fascinante y los objetos de alabastro son el mejor souvenir que puedes llevarte de aquí.
No te pierdas la visita al Museo Etrusco Guarnacci, que es uno de los más importantes de su tipo en Italia. Si tienes previsto visitar más salas y monumentos, como el antiguo ayuntamiento Palazzo dei Priori o el teatro romano, te vale la pena comprar la Volterra Card por unos 15 euros.
💡 Consejo: para aparcar en Volterra, lo que mejor nos ha funcionado es el aparcamiento subterráneo La Dogana. Es de pago, sí, pero al menos allí el coche no se te achicharra todo el día al sol y lo tienes a solo unos pasos de la puerta de Porta San Francesco.
7. Las termas naturales de Cascate del Mulino en Saturnia

Este lugar es para mí una de las mayores experiencias de toda la Toscana. Las Cascate del Mulino son unas fuentes termales naturales que brotan de la tierra y forman cascadas de pequeñas pozas de travertino justo al lado de un viejo molino. El agua tiene todo el año unos preciosos 37,5 grados, así que se puede uno bañar incluso en pleno invierno.
Lo mejor de todo es que estas termas son completamente gratuitas y están abiertas las 24 horas del día. Eso sí, no esperes aquí ningún vestuario, duchas ni instalaciones de lujo; es, simplemente, naturaleza. Solo se paga el aparcamiento en el parking habilitado cercano, que sale por 2,50 euros la hora.
Eso sí, tengo que advertirte de que el agua es fuertemente sulfurosa, así que cuenta con el típico olor a huevo podrido, que no sale fácilmente del bañador por más que lo laves. El fondo de las pozas es, además, bastante resbaladizo y a veces tiene piedras afiladas, así que van muy bien unos escarpines.
💡 Consejo: nunca, pero nunca de verdad, te metas al agua con joyas de plata, porque en el agua sulfurosa se te ennegrecerían al instante. Y si quieres evitar las multitudes que suele haber aquí durante el día, tienes que madrugar y estar aquí, idealmente, antes de las ocho de la mañana.
8. Val d’Orcia, el paisaje más fotogénico

Cuando cierras los ojos y te imaginas la Toscana, seguramente ves exactamente el valle de Val d’Orcia. Toda esta zona está inscrita desde 2004 en la lista de la UNESCO y es un auténtico paraíso para los fotógrafos. Aquí encontrarás esas colinas verdes perfectamente onduladas, campos dorados infinitos y solitarias granjas de piedra en el horizonte.
El símbolo absoluto de la zona son los altos y esbeltos cipreses. A menudo bordean los caminos de acceso a las granjas o se alzan sin más en grupitos sobre una colina. Uno de los lugares más bonitos es la pequeña capilla de la Madonna di Vitaleta, que se alza solitaria en los campos, flanqueada precisamente por estos árboles.
La mejor manera de empaparte de esta belleza es enlazar los pueblitos locales por la carretera SP 146, que discurre entre Pienza y Montepulciano. Es una ruta escénica llena de curvas donde querrás parar cada cinco minutos para hacerte otra foto.
💡 Consejo: la preciosa avenida de cipreses conocida como Viale dei Gladiatori se encuentra cerca de Pienza, junto al agriturismo Terrapille. Precisamente aquí se rodaron las escenas oníricas del final de la famosa película Gladiator. La mayoría de estas avenidas están en terrenos privados, así que se fotografían solo desde lejos, desde la carretera.
9. Pienza y su famoso queso de oveja pecorino

Pienza es un pueblito situado justo en el corazón de Val d’Orcia, al que a menudo se apoda la ciudad renacentista ideal. Y es que en el siglo XV el papa Pío II, que nació aquí, mandó reconstruirlo en gran parte. Por suerte, Pienza queda más o menos llana, así que aquí no te esperan las subidas drásticas de otras ciudades.
Pero el principal reclamo del pueblito es la gastronomía, en concreto el famoso queso de oveja pecorino di Pienza. Lukáš y yo estamos locos por los quesos, y aquí los encuentras absolutamente por todas partes. En las callejuelas estrechas hay una quesería tras otra y ese aroma característico del queso curado lo notarás a cada paso.
Aquí puedes probar el pecorino en muchas fases de curación, desde el blando y fresco hasta los quesos duros que maduran en ceniza o en hojas de nogal. Combinan de maravilla con la mermelada local de pera o con miel.
💡 Consejo: antes de marcharte de Pienza, acércate al Palazzo Piccolomini. Justo detrás hay un precioso jardín colgante y una terraza mirador, desde donde tienes toda la comarca de Val d’Orcia a tus pies.
10. Montepulciano y el vino Nobile

Montepulciano se alza sobre una elevada cresta y tiene un aspecto increíblemente majestuoso. Es una ciudad llena de elegantes palacios renacentistas y callejuelas empinadas que confluyen en la plaza principal, la Piazza Grande. Precisamente desde esta plaza y las murallas circundantes hay unas vistas preciosas del valle de Val di Chiana.
La ciudad es famosa en todo el mundo por su vino tinto Vino Nobile di Montepulciano. Si te gusta el vino, estás en el lugar adecuado. Pero no se trata solo de una cata cualquiera: muchas de las bodegas de aquí tienen sus sótanos históricos excavados directamente en la roca, en las profundidades bajo las casas.
Visitar uno de esos laberintos subterráneos llenos de enormes barricas de roble es una experiencia en sí misma. A menudo te dejan asomarte a los sótanos gratis y, si les compras una botella de recuerdo, te ofrecen incluso una pequeña cata.
💡 Consejo: siempre el último domingo de agosto se celebra en Montepulciano la tradicional carrera Bravìo delle Botti. Los participantes de los distintos barrios empujan pesadas barricas de madera cuesta arriba y por la noche toda la ciudad lo celebra afuera, en largas mesas, con comida tradicional.
11. Montalcino y la fortaleza sobre las viñas

Ya que estamos con el vino, no podemos olvidarnos de la cercana Montalcino. Este pequeño pueblito de colina es la cuna de uno de los vinos italianos más caros y valorados, el Brunello di Montalcino. Este potente vino tinto madura aquí varios años y las catas en las enotecas locales suelen ser un asunto algo más serio.
Aunque no seas amante del vino, Montalcino merece una parada. El emblema de la ciudad es la imponente fortaleza medieval Fortezza, del siglo XIV. Por un pequeño precio puedes pasear directamente por sus murallas, desde donde hay una vista estupenda de las viñas y olivares de los alrededores.
El pueblito en sí es muy tranquilo, lleno de callejuelas estrechas y empinadas y de placitas. Es un sitio estupendo donde puedes tomarte de comida la pasta tradicional pici y limitarte a observar el ritmo pausado del campo italiano.
💡 Consejo: si planeas una cata guiada directamente en alguna de las viñas de los alrededores, recuerda que la tolerancia italiana al volante es de 0,5 por mil, pero en las carreteritas estrechas es mejor no arriesgar. Mejor concierta la cata a distancia caminable de tu alojamiento.
12. La región vinícola de Chianti Classico

Entre Florencia y Siena se extiende quizá la región vinícola italiana más conocida: el Chianti. La reconocerás porque aquí el paisaje se ondula más, aumentan los bosques y por todas partes se extienden hileras infinitas de viñedos. El vino de mayor calidad es el Chianti Classico, que lleva por emblema un gallo negro, el llamado Gallo Nero.
La mejor manera de disfrutar del Chianti es recorrer la carretera escénica Chiantigiana (SR222). La ruta te lleva por los pueblitos vinícolas más bonitos, como Greve, Radda o Castellina in Chianti. Cada uno tiene su pequeño centro, donde puedes probar los productos locales.
Además del vino, aquí se produce a lo grande también un aceite de oliva virgen extra de primerísima calidad. Nosotros nos llevamos de Italia reservas de aceite para todo el año; el fresco de otoño, que llaman olio nuovo, tiene un toque ligeramente picante y con pan fresco es una auténtica delicia.
💡 Consejo: las bodegas grandes y famosas del Chianti funcionan en temporada casi exclusivamente con reserva previa. Si quieres una cata completa acompañada de visita a los sótanos, reserva plaza sin problema con hasta tres semanas de antelación.
13. La pequeña fortaleza de Monteriggioni

Monteriggioni es tan diminuto que lo recorres entero en veinte minutos, pero te garantizo que no lo olvidarás. Es en realidad una pequeña fortaleza medieval con murallas perfectamente circulares, de las que se elevan en altura catorce torres defensivas. Desde lejos parece una enorme corona de piedra posada en lo alto de una colina.
Este pueblito ha encontrado su lugar hasta en la literatura, pues lo mencionó el propio Dante Alighieri en su famosa Divina Comedia. Dentro de las murallas encontrarás solo una pequeña placita, una iglesita, unas cuantas casas de piedra y tienditas de cerámica.
Por unos pocos euros puedes pasear directamente por las murallas, por los adarves de madera. Desde allí tienes una preciosa vista no solo del patio interior de la fortaleza, sino también del verde paisaje circundante en dirección a Siena.
💡 Consejo: aunque Monteriggioni sea diminuto, tiene su propia y estricta zona ZTL. No intentes entrar dentro; el gran aparcamiento disuasorio de Via Cassia Nord se encuentra justo bajo la colina, junto a las murallas, y siempre se encuentra sitio allí.
14. Arezzo y los frescos de Piero della Francesca

Arezzo queda un poco al margen del principal triángulo toscano Florencia-Siena-Pisa, y quizá por eso hay aquí algo menos de turistas extranjeros. Y eso que es una ciudad rica con una preciosa plaza en pendiente, la Piazza Grande, que quizá recuerdes de la película La vida es bella.
La ciudad se hizo famosa por la fabricación de joyas de oro, pero para los amantes del arte el principal reclamo es la basílica de San Francisco de Asís. En su interior se encuentra el ciclo de frescos La leyenda de la Vera Cruz, del famoso pintor Piero della Francesca, una de las obras renacentistas más importantes que existen.
Si vienes aquí el primer fin de semana del mes, vivirás un enorme mercado tradicional de antigüedades. Todo el centro se llena de cientos de puestos con muebles históricos, libros antiguos y cerámica, y la ciudad adquiere un ambiente increíblemente animado.
💡 Consejo: desde Arezzo tienes muy cerca la frontera con la región de Umbría. Es una base estupenda y más tranquila si quieres descubrir la parte oriental de la Toscana y disfrutar de un entorno auténtico sin apretujones con las masas.
15. Cortona bajo el sol de la Toscana

Cortona es un pueblito precioso encaramado en lo alto de una colina, desde el que hay una vista fantástica del valle y hasta del lago Trasimeno. Llegó al conocimiento de muchos viajeros sobre todo gracias al famoso libro y película Bajo el sol de la Toscana. Prepárate, porque las callejuelas aquí son realmente extremadamente empinadas y te tocará subir una buena cuesta.
La historia de Cortona está estrechamente ligada a los antiguos etruscos. Incluso los cimientos de las macizas murallas que rodean la ciudad datan ya del siglo V antes de nuestra era. Vale mucho la pena visitar el Museo de la Academia Etrusca de la ciudad, donde se pueden ver un montón de fascinantes hallazgos arqueológicos.
Además de la historia, aquí te conquistará también el ambiente relajado. En la Piazza della Repubblica puedes sentarte en las escaleras del ayuntamiento, tomarte un gelato excelente y limitarte a empaparte de esa auténtica tranquilidad italiana, que ni siquiera las cuestas empinadas logran arruinar.
💡 Consejo: para aparcar en Cortona vale lo mismo que en todas partes: el centro es inaccesible. Lo mejor es dejar el coche en el gran aparcamiento junto al mercado, bajo la colina, y subir por una serie de escaleras mecánicas; así te ahorras un montón de energía.
16. Las termas del bosque de Bagni San Filippo

Si no te seduce la idea de las multitudes en las cascadas de Saturnia, prueba las algo más salvajes Bagni San Filippo. Estas fuentes termales naturales se encuentran justo en medio del bosque, cerca de un pueblito de Val d’Orcia. El agua brota aquí a casi cincuenta grados, así que te calentará sin falta incluso en los días más fríos.
El principal emblema de este lugar es una enorme formación caliza de un blanco resplandeciente, a la que se apoda Balena Bianca, es decir, Ballena Blanca. El agua sulfurosa caliente resbala por ella hacia abajo hasta unas pozas poco profundas donde puedes bañarte gratis.
El acceso a las fuentes es por un corto sendero a pie a través del bosque, así que recomiendo llevar calzado cómodo. Al igual que en Saturnia, aquí no encontrarás ninguna instalación, así que la toalla, el agua y todo lo necesario tienes que traerlo del coche. Si quieres termas con confort, échale un vistazo a nuestros consejos sobre balnearios y hoteles wellness.
💡 Consejo: en los alrededores de la fuente la tierra suele estar embarrada por los sedimentos, que, por cierto, a los lugareños les gusta untarse en la cara como mascarilla. Lleva por eso contigo una toalla vieja y oscura y escarpines, para no estropear tus cosas buenas.
17. Bagno Vignoni y su plaza termal

Sigamos un ratito más con las termas. Bagno Vignoni es un pueblito diminuto que tiene una rareza a nivel mundial. En lugar de la típica plaza principal empedrada, aquí tienen una enorme piscina cuadrada llena de agua termal caliente. Es un monumento histórico, así que, por desgracia, no está permitido bañarse en ella, pero en invierno de ella sube el vapor y tiene un aspecto absolutamente mágico.
Antiguamente se bañaban aquí de forma habitual los peregrinos de camino a Roma, pero hoy el baño libre está reservado a otro lugar. Tienes que bajar un poco por debajo del pueblo hasta el llamado Parco dei Mulini. Aquí puedes ver los restos de los antiguos molinos termales y toparte también con un arroyo de agua caliente.
Si quisieras disfrutar de un relax de verdad con todas las comodidades, puedes pagar la entrada a alguno de los spa de hotel de lujo del propio pueblo, donde te esperan piscinas exteriores perfectamente cuidadas. Hemos seleccionado los mejores hoteles wellness y balnearios termales de la Toscana.
💡 Consejo: hazte aquí una escapada al atardecer. Alrededor de la piscina histórica hay un montón de pequeños cafés y vinotecas donde puedes tomarte una copa de vino con vistas al vapor que se eleva y disfrutar de un ambiente increíblemente romántico.
18. Pitigliano, la Pequeña Jerusalén

El sur de la Toscana esconde las llamadas ciudades de toba, y Pitigliano es la más bonita de todas ellas. La ciudad está construida sobre un enorme promontorio de toba volcánica y las casas se funden con fluidez con la escarpada roca bajo ellas. La mejor vista de todo ese espectáculo la tendrás ya desde la carretera de acceso.
A Pitigliano se le apoda a menudo la Pequeña Jerusalén. Y es que en el siglo XVI se asentó aquí una numerosa comunidad judía, que encontró un refugio seguro. Hasta hoy se conserva el histórico gueto judío, donde por unos pocos euros puedes visitar la sinagoga, los baños rituales y la antigua carnicería kosher.
Los extranjeros no vienen mucho por aquí, así que reina un ambiente mucho más tranquilo y auténtico que en el norte de la región. Puedes limitarte a vagar por las tortuosas callejuelas y admirar cómo la gente ha logrado vivir durante siglos en un acantilado tan escarpado.
💡 Consejo: si quieres de Pitigliano una foto de revista, para en el mirador junto a la carretera SR74 en dirección desde Manciano. Desde allí tienes toda la ciudad, con su típico campanario y su viaducto, ante tus ojos en todo su esplendor.
19. Sovana y las tumbas etruscas

A un paso de Pitigliano encontrarás otra ciudad de toba, la tranquila Sovana. Tiene una sola calle principal, pero está flanqueada por preciosas construcciones medievales y termina junto a una majestuosa iglesia. Es un lugar donde el tiempo se detuvo hace ya cientos de años.
Pero lo más interesante se encuentra en los bosques de los alrededores del pueblo. Sovana está rodeada por una antiquísima necrópolis etrusca, donde hay excavadas en la roca monumentales tumbas impresionantes. La más conocida es la Tomba Ildebranda, que parece un pequeño templo griego encajado en la roca.
Toda esta zona está, además, entretejida por las llamadas Vie Cave, que son caminos profundos excavados en la roca creados precisamente por los etruscos. Recorrer estos cañones sombríos, de hasta veinte metros de profundidad, es una experiencia bastante enigmática.
💡 Consejo: pasear por las Vie Cave es una actividad ideal para una tarde calurosa de verano. Las paredes de toba blanda mantienen un fresquito agradable; solo no te olvides de llevar buen calzado, porque el fondo de los caminos suele ser irregular y muy resbaladizo tras la lluvia.
20. Sorano, la Matera toscana

El trío de ciudades de toba lo cierra Sorano, a la que, por su construcción en cascada, se le apoda a menudo la Matera toscana. Las casitas están aquí apiladas unas sobre otras al borde de un escarpado desfiladero y muchas de ellas tienen sótanos excavados directamente en la blanda roca volcánica.
Sobre la ciudad se alza majestuosa la enorme fortaleza defensiva Fortezza Orsini. Es uno de los complejos militares más impresionantes de la Toscana y, gracias a sus fuertes murallas, nunca nadie logró conquistarla.
En Sorano no encontrarás multitudes de turistas con cámaras. Es un lugar donde por la mañana solo te cruzas con los lugareños de camino a tomar café, y donde puedes perderte sin agobios en la maraña de callejuelas medievales oscuras, que a menudo terminan en vistas inesperadas del verde valle.
💡 Consejo: las tres ciudades de toba —Pitigliano, Sovana y Sorano— se pueden visitar cómodamente en un solo día. Están a solo unos kilómetros unas de otras y cada una tiene un ambiente completamente distinto, pero igual de mágico.
21. La ciudad portuaria de Livorno

Livorno no es uno de esos pueblitos renacentistas clásicos y pulcros; es una ciudad portuaria más ruda y vibrante que, sin embargo, merece descubrirse. En lugar de las típicas colinas toscanas, aquí encontrarás anchas avenidas, canales que recuerdan a Venecia y un enorme y ajetreado puerto.
Lo más bonito de aquí es un paseo al atardecer por la elegante avenida Terrazza Mascagni. Es una enorme terraza con un icónico pavimento a cuadros de ajedrez que bordea el paseo marítimo y desde la cual hay unas vistas absolutamente insuperables de la puesta de sol sobre el mar.
Desde el punto de vista gastronómico, aquí los vegetarianos lo pasamos genial gracias a una especialidad local. Prueba sin falta la llamada torta di ceci, o cecina, que es una fina torta al horno de harina de garbanzo, agua y aceite de oliva. A los lugareños les gusta metérsela directamente en un panecillo como street food rápido.
💡 Consejo: un poco al sur de Livorno la costa se eleva en acantilados de arenisca conocidos como Calafuria. Es un lugar precioso con una salvaje vegetación mediterránea, adonde a los lugareños les gusta escapar del bullicio de la ciudad y donde se puede hacer un buceo con tubo estupendo.
22. Viareggio y las playas de Versilia

Si anhelas unas vacaciones clásicas de playa con todos los servicios, ve al norte de la Toscana, a la zona llamada Versilia. Viareggio es su principal centro y lo reconocerás por sus anchas playas de arena y su elegante columnata repleta de edificios modernistas y boutiques de lujo.
Las playas aquí son largas, de arena fina y con una entrada muy suave al mar, lo cual es ideal para familias con niños pequeños. Pero la mayor parte de la costa está dividida en los llamados stabilimenti, que son zonas de pago con hamacas y sombrillas pulcramente alineadas, por las que en temporada pagarás un buen extra.
Viareggio es también famosa a nivel nacional por su grandioso carnaval de febrero. Tradicionalmente se construyen aquí enormes y a menudo muy satíricas carrozas alegóricas de papel maché, que luego, al son de la música y el baile, desfilan por el paseo marítimo.
💡 Consejo: si no quieres pagar las caras hamacas, busca los carteles con la palabra spiaggia libera, que significa playa pública gratuita. Suelen estar algo más llenas y no tienen duchas propias, pero el mar es exactamente igual.
23. Castiglione della Pescaia

Mientras que la costa norte es más bien señorial y cuidada, el sur de la Toscana, en la zona de la Maremma, es bastante más salvaje y auténtico. Castiglione della Pescaia es un encantador pueblo pesquero sobre una colina, sobre el que vela un viejo castillo medieval con una preciosa vista del puerto.
Aquí disfrutarás de un mar precioso y limpio y de largas playas de arena, que se sitúan con regularidad en lo alto de los rankings italianos de limpieza del agua. Frente a Viareggio, aquí el ambiente es mucho más relajado y está más ligado a la naturaleza virgen de los alrededores.
El centro histórico en la colina está lleno de tortuosas callejuelas con casitas de piedra, donde encontrarás pequeños restaurantes excelentes. En verano es un destino muy popular incluso entre los propios italianos, así que por las noches suele haber un ambiente agradablemente animado.
💡 Consejo: las fuentes locales italianas recomiendan a menudo no perderse un paseo hasta las ruinas del antiguo monasterio de San Guglielmo, escondidas en los bosques de los alrededores y que ofrecen algo de sombra e historia a un paso de las playas al rojo vivo.
24. La cala de arena de Cala Violina

Cala Violina es, sin discusión, una de las playas más bonitas de toda la Toscana. Está protegida dentro de la reserva natural de Bandite di Scarlino y no tiene ningún acceso directo en coche. Para llegar a esta belleza, tienes que caminar desde el aparcamiento un sendero de aproximadamente un kilómetro y medio a través de un aromático pinar.
Lo que hace especial a esta playa es su fina arena blanca con granos de cuarzo. Se dice que, cuando caminas por ella, la arena bajo los pies rechina suavemente o canta, de ahí también su nombre Violina, es decir, violín. El mar aquí es maravillosamente limpio y cristalino.
Como es una reserva natural, no encontrarás aquí ningún puesto, aseos ni alquiler de hamacas. Todo lo necesario, sobre todo suficiente agua potable, tienes que traerlo a la espalda contigo.
💡 Consejo: como la playa es tan popular y la naturaleza tan frágil, las autoridades limitan el número de visitantes en plena temporada de verano. Tienes que reservar la entrada de antemano por internet y pagar una pequeña tasa, así que tenlo controlado para no andar el bosque en balde.
25. La isla de Elba y las huellas de Napoleón

Si tienes para la Toscana más de una semana, hazte sin falta una escapada a la isla de Elba. Es la mayor isla del archipiélago toscano y desde el puerto de Piombino llegas allí en ferry en aproximadamente una hora. Puedes llevar el coche contigo, pero en plena temporada de verano reserva el billete con suficiente antelación. Lo hemos recopilado todo lo esencial en un artículo aparte: La isla de Elba: qué ver, playas y ferry.
Elba pasó a la historia sobre todo como el lugar de exilio del emperador Napoleón en los años 1814 y 1815. La capital, Portoferraio, está llena de recuerdos de su estancia; puedes visitar su residencia oficial, la Palazzina dei Mulini, o su residencia de verano, la Villa San Martino, que queda un poco a las afueras de la ciudad.
Pero el principal motivo por el que todos vienen aquí es su cautivadora costa. Elba ofrece más de 150 playas de los tipos más variados, desde la fina arena de las calas de Cavoli hasta los guijarros de un blanco resplandeciente y el agua turquesa de la icónica playa de Sansone.
💡 Consejo: si quieres encontrar en Elba una playa sin multitudes, evita los principales complejos de arena y busca calas rocosas más pequeñas, las llamadas calette. El camino hasta ellas suele ser más empinado, pero la recompensa será la tranquilidad y el mejor buceo con tubo.
26. Bolgheri y la avenida de cipreses

El pueblito de Bolgheri queda cerca de la costa y a él conduce quizá la carretera más famosa de toda Italia: la Viale dei Cipressi. Es un camino recto de cinco kilómetros, flanqueado por ambos lados por dos hileras de viejos e imponentes cipreses. La estampa es tan icónica que la avenida ha sido declarada monumento nacional.
El pueblito en sí es diminuto: entras a él por una puerta bajo el viejo castillo y enseguida te envuelve un ambiente maravilloso. A diferencia de los abarrotados centros de Florencia o Siena, aquí hay notablemente más calma y puedes vagar sin agobios por callejuelas llenas de flores y pequeñas tiendecitas.
Pero Bolgheri y sus alrededores son sobre todo un referente en el mundo del vino. Precisamente de estas viñas cercanas al mar proceden los famosos vinos llamados Super Tuscans. Los viticultores empezaron aquí a cultivar con éxito variedades francesas como el Cabernet Sauvignon, reescribiendo así, en cierto modo, las reglas de la viticultura italiana.
💡 Consejo: los precios de las catas en las famosas bodegas alrededor de Bolgheri suelen ser algo más altos que en el Chianti corriente; prepara de media unos cincuenta euros. Si solo quieres degustar, en el propio centro de Bolgheri hay un montón de acogedoras enotecas donde te sirven vino excelente incluso por copas.
27. Grosseto y el campo toscano

Grosseto hace las veces de centro principal de la parte sur de la Toscana, la zona de la Maremma. La ciudad tiene un precioso centro histórico rodeado de murallas de ladrillo en forma de hexágono, que en el siglo XVI mandó construir la famosa familia de los Médici. Las murallas están estupendamente conservadas y se pueden recorrer de forma muy agradable.
Dentro del centro merece la pena ver la plaza principal, la Piazza Dante, con el precioso Duomo de San Lorenzo. Grosseto es, en conjunto, una ciudad muy relajada y discreta, donde no te toparás con hordas de turistas con guías, así que aquí puedes vivir la vida italiana cotidiana y hacer compras en las tiendecitas locales.
El campo de los alrededores es más llano y famoso por la producción de un aceite de oliva y un vino excelentes. Alrededor de la ciudad encontrarás un montón de granjas y agriturismos que ofrecen un alojamiento tranquilo, lejos del ajetreo de los grandes complejos turísticos, pero con buen acceso al mar.
💡 Consejo: si buscas cena por los alrededores de Grosseto, olvídate de los restaurantes caros y busca las sagre de verano. Son fiestas gastronómicas tradicionales de pueblo, donde los lugareños te sirven por unos pocos euros pasta fresca y te escancian vino casero directamente en vasos de plástico.
28. Pistoia, la ciudad de las flores

Pistoia queda al norte de Florencia y a menudo permanece injustamente ignorada. Y eso que es una ciudad con una preciosa plaza histórica, la Piazza del Duomo, donde encontrarás la catedral con un impresionante campanario, viejos palacios y un baptisterio que puede compararse sin problema, por su decoración, con el de Florencia.
La ciudad se hizo famosa en toda Italia como centro del cultivo de flores y árboles ornamentales. Si llegas aquí, ya de lejos verás enormes extensiones de invernaderos y viveros. En el centro se celebran luego con regularidad grandes mercados de flores, que perfuman y animan la ciudad de maravilla.
Merece la visita también el Santuario de la Virgen de la Humildad, con la tercera cúpula más grande de Italia, bajo la que está la firma del arquitecto Giorgio Vasari. Y si viajas con niños, no te pierdas el gran zoológico local, donde tienen, entre otros, pandas rojos.
💡 Consejo: Pistoia es un estupendo punto de partida para excursiones a la montaña. La zona llamada Montagna Pistoiese está llena de bosques, senderos y, en invierno, funciona incluso como una pequeña estación de esquí.
29. Anghiari y su fresco perdido

Anghiari es un pueblito absolutamente encantador y poco conocido, situado al este de la Toscana, junto a la frontera con Umbría. Está incluido en la lista oficial de los pueblos más bonitos de Italia y aquí encontrarás el auténtico y genuino ambiente medieval, con estrechas callejuelas que trepan empinadas por la colina.
El pueblito pasó a la historia por la famosa batalla de Anghiari de 1440, en la que los florentinos lucharon contra Milán. Esta batalla debía plasmarla Leonardo da Vinci en un fresco gigantesco en Florencia, que, sin embargo, nunca terminó y que desapareció misteriosamente. En Anghiari se dedica a este acontecimiento un cautivador museo local.
Además de la historia, aquí da gusto sencillamente vagar sin rumbo. La callejuela más bonita es la Via della Torre, que tiene la forma de una larga escalinata de suave subida que conduce hasta el viejo campanario. Desde allí se te abre una preciosa vista del valle del río Tíber.
💡 Consejo: en Anghiari tiene su sede la histórica manufactura Busatti, que desde hace generaciones teje tejidos de lino y algodón increíblemente buenos con métodos tradicionales. Puedes asomarte directamente a su taller y llevarte a casa un souvenir artesano realmente auténtico.
30. La isla granítica de Giglio

Nuestro último consejo es la isla de Giglio, que queda a unos dieciséis kilómetros de la costa de la zona de la Maremma. Es una isla preciosa, predominantemente granítica y de naturaleza salvaje, que forma parte del Parque Nacional del Archipiélago Toscano. El trayecto en ferry hasta aquí dura aproximadamente una horita.
La isla tiene solo tres pequeños núcleos. Giglio Porto es el colorido puerto adonde llegas, Giglio Castello es un pueblito antiguo con fortaleza escondido en lo alto de las colinas, y Giglio Campese es una amplia playa de arena en la costa oeste, ideal para bañarse y contemplar las puestas de sol.
La mayor parte de la isla está cubierta por una aromática vegetación mediterránea y viejas viñas, que descienden en terrazas hacia el mar. De ellas se elabora el potente vino blanco local Ansonica, que puedes tomarte de comida en alguno de los restaurantes locales con vistas a las olas.
💡 Consejo: si pasas las vacaciones en la costa sur de la Toscana, Giglio es un destino absolutamente perfecto para una excursión de un día. Deja el coche en el puerto de Porto Santo Stefano, en tierra firme; por la isla te puedes mover cómodamente en los autobuses locales y así te ahorras el caro ferry para el coche.
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Itinerario de 7 días por la Toscana en coche
La Toscana está hecha para el roadtrip, pero es enorme y no lo verás todo en una semana. Este circuito lógico lo hemos diseñado para que veas las ciudades más famosas, degustes vino excelente y disfrutes del paisaje más bonito, pero sin acabar reventado.
Día 1: Florencia sin coche. Si vuelas a Florencia o llegas hasta aquí, deja el coche a las afueras, en el aparcamiento P&R de Villa Costanza, y ve al centro en tranvía (¡ojo con las zonas ZTL!). Dedica todo el día a descubrir a pie las maravillas renacentistas de la ciudad. No te pierdas sin falta la catedral con la cúpula de Brunelleschi y pasea por el famoso Ponte Vecchio, lleno de pequeñas joyerías. Las entradas a las galerías de los Uffizi o la Academia cómpralas por internet con varios días de antelación; de lo contrario, pasarás media jornada esperando en la cola.
Día 2: Lucca y Pisa. El segundo día recoge el coche y sal hacia el oeste. Dedica la mañana a la ciudad de Lucca, donde alquilas bicis y recorres las anchas murallas renacentistas. Tras una buena comida, desplázate a la cercana Pisa y explora toda la Plaza de los Milagros, no solo la famosa Torre Inclinada, sino también el enorme baptisterio y el cementerio adyacente.
Día 3: San Gimignano y Volterra. Madruga un poco por la mañana y dirígete a San Gimignano antes de que lleguen los primeros autobuses de turistas. Recorre las tortuosas callejuelas entre las catorce torres medievales y disfruta con calma del café de la mañana. Por la tarde, desplázate a la antigua Volterra etrusca, donde puedes perderte por los pequeños talleres y admirar a los maestros locales trabajando el alabastro.
Día 4: Siena. Dedica este día única y exclusivamente a Siena, que en nuestra opinión es quizá aún más bonita que la propia Florencia. Aparca cómodamente en los garajes subterráneos junto a las murallas y ve a la famosa Piazza del Campo en forma de concha. Por la tarde explora sin falta el fascinante Duomo en blanco y negro y, si tienes fuerzas, sube por los estrechos escalones a la Torre del Mangia.
Día 5: La región vinícola del Chianti. Baja el ritmo y sal a dar una vuelta escénica por la carretera SR222, conocida como la Chiantigiana. La ruta te lleva por pintorescos pueblitos vinícolas como Greve o Castellina in Chianti. Reserva de antemano una cata de vino local con el sello del gallo negro y no te olvides de probar también el aceite de oliva virgen extra fresco de la zona, que está absolutamente delicioso.
Día 6: El valle de Val d’Orcia y las termas. Sal hacia el paisaje toscano más de postal, lleno de colinas doradas y avenidas de cipreses. Para en Pienza para la cata del exquisito queso de oveja pecorino y por la tarde explora las bodegas excavadas en la roca bajo la ciudad de Montepulciano. Al atardecer, ve a calentarte en las fuentes termales naturales de Bagni San Filippo, escondidas en pleno bosque.
Día 7: Mar o regreso. El último día puedes pasarlo descansando en la playa. Si anhelas naturaleza, acércate a la cala de arena de Cala Violina en la zona de la Maremma; solo no te olvides de reservar la entrada de antemano. Si ya vuelves a casa, haz una última parada en Arezzo, compra souvenirs y tómate un último gelato italiano en su preciosa plaza en pendiente.
Qué visitar después de la Toscana
Si tienes más tiempo para viajar por Italia, sería una pena enorme quedarte en una sola región. Y es que la Toscana tiene una ubicación absolutamente ideal para seguir explorando la península. Lukáš y yo nos enamoramos tanto del paisaje y la cultura italianos que hemos escrito ya varias guías detalladas más. Si quieres profundizar aún más en tus experiencias de la Toscana, échale un vistazo sin falta a nuestro artículo dedicado puramente a la capital de la región, donde encontrarás consejos detallados sobre Florencia. También hemos escrito en detalle sobre la Plaza de los Milagros en el artículo sobre la ciudad de Pisa y hemos preparado una guía aparte para subir a la Torre Inclinada de Pisa.
Si sales de la Toscana en dirección noroeste, siguiendo la costa, llegarás a la vecina región de Liguria. Precisamente allí se encuentran los famosos cinco pueblitos de colores pegados a los escarpados acantilados. Es un auténtico paraíso fotogénico de ambiente romántico, sobre el que hemos escrito una guía completa de Cinque Terre. Es cierto que en verano suele estar hasta los topes, pero el paseo por los estrechos senderos entre viñas, en lo alto sobre el mar, es una experiencia que sencillamente no te puedes perder.
Si, por el contrario, te tienta salir de la Toscana en dirección sur, hacia el llamado corazón verde de Italia, no puedes perderte la región de Umbría. Justo pasada la frontera de la región, sobre una enorme roca volcánica, se alza una fascinante ciudad histórica que esconde una de las catedrales más bonitas de todo el país. Encontrarás todos nuestros consejos sobre este lugar en la guía de Orvieto. Y si quisieras continuar aún más al sur en busca de monumentos antiguos y comida excelente, hemos escrito para ti un extenso artículo con consejos sobre qué ver en Roma.
Italia es, sencillamente, un país enorme e increíblemente diverso. Las montañas del norte, los románticos lagos y el salvaje sur ofrecen experiencias completamente distintas. Si aún no lo tienes del todo claro sobre adónde exactamente querrías ir la próxima vez, hemos preparado para ti un gran resumen lleno de inspiración. Lo encontrarás en nuestro artículo Dónde ir de vacaciones en Italia. Y no nos hemos olvidado tampoco de los amantes de la romántica y los canales, para quienes tenemos una práctica guía de Venecia.
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Comparar precios de coches en la Toscana →Preguntas frecuentes
¿Cuántos días se necesitan para visitar la Toscana?
Para lo más esencial como Florencia y un rápido recorrido por el campo os bastará con un fin de semana largo. Pero si realmente queréis disfrutar de la región, lo ideal es ir de 5 a 7 días. Así tendréis tiempo suficiente para explorar tranquilamente los pequeños pueblos de las colinas, visitar viñedos y bañaros en los manantiales termales naturales sin prisas constantes.
¿Cuál es la mejor época para viajar?
Los meses absolutamente mejores para visitar son abril, mayo, septiembre y octubre. Así evitaréis el calor agobiante del verano, que a menudo supera los 35 grados, y tampoco os encontraréis con multitudes tan grandes de turistas. La primavera ofrece un paisaje verde bellamente florido, mientras que el otoño es ideal para los amantes de la vendimia y la recogida de aceitunas.
¿Son caras las vacaciones en la Toscana?
La Toscana es una de las regiones italianas algo más caras, especialmente en los alrededores de Florencia y Siena. Pero si elegís un alojamiento rural en un agriturismo y coméis en pequeñas trattorias familiares fuera de las plazas principales, los costes se pueden mantener a un nivel razonable. También ahorraréis mucho dinero visitando las termas de acceso libre en lugar de los lujosos balnearios de hotel.
¿Necesito coche para viajar?
Depende de vuestro plan. Si solo queréis ver las principales ciudades como Florencia, Pisa o Lucca, os bastará de sobra con la excelente red de trenes italianos. Pero si anheláis pasear por el valle de Val d’Orcia, queréis visitar viñedos aislados o los pueblos de toba del sur, sin coche de alquiler prácticamente no llegaréis.
¿Cómo evitar multas de aparcamiento?
La mayor trampa para los extranjeros son las llamadas zonas ZTL en los centros históricos de las ciudades. La entrada está vigilada por cámaras y sin permiso recibiréis una multa automática que os llegará a casa. Antes de entrar en cualquier ciudad, buscad siempre las señales con la letra P azul y dejad el coche aparcado de forma segura fuera de las murallas históricas.
¿Qué especialidades vegetarianas debo probar?
La cocina toscana es perfecta para vegetarianos. Definitivamente tenéis que probar la sopa espesa ribollita llena de judías y verduras, o la ensalada de tomate de verano panzanella hecha con pan viejo. Nosotros nos enamoramos especialmente de los espaguetis gruesos hechos a mano llamados pici con salsa de ajo y del excelente queso de oveja local pecorino di Pienza con mermelada de pera.
¿Dónde encuentro manantiales termales gratuitos?
La Toscana está llena de baños naturales por los que no tenéis que pagar ni un euro. Las más conocidas son las cascadas Cascate del Mulino cerca del pueblo de Saturnia, donde podréis bañaros en piscinas de travertino. Una alternativa salvaje en medio del bosque son los manantiales de Bagni San Filippo. Pero tened en cuenta que allí no encontraréis vestuarios ni aseos.
¿Se puede acampar en la Toscana?
Sí, acampar es muy popular aquí y encontraréis muchos campings bonitos y bien equipados. Hay opciones estupendas a lo largo de la costa en la zona de Maremma, donde podéis dormir a pocos pasos de la playa bajo la sombra de pinos maduros. Pero también hay campings preciosos repartidos por el interior, por ejemplo justo cerca de Florencia encontraréis un camping con piscina.
