Tras nuestra boda, en julio nos lanzamos a hacer cicloturismo de larga distancia en bicicleta eléctrica hasta Grecia para descubrir de primera mano qué implica semejante aventura. Ni en España ni en el resto de Europa encontramos a nadie lo suficientemente loco como para emprender ese viaje sobre una bestia tan pesada (una bici eléctrica pesa unos 25 kg sin carga). Fue uno de los meses más interesantes de nuestras vidas, una auténtica aventura, pero una que jamás repetiremos. ¿Por qué?
1) Las bicis eléctricas son monstruos enormes y pesados que intentan matarte
Desde abril no habíamos parado: terminamos los trabajos de fin de máster, hicimos los exámenes finales, organizamos la boda y, por si fuera poco, los dos trabajábamos a jornada completa.

Quizás deberíamos haber probado las bicis antes
Nos subimos a nuestras nuevas bicis eléctricas por primera vez (sí, éramos unos inconscientes) justo cuando ya se habían convertido en bestias cargadas hasta los topes. Es decir, el día de nuestra salida. Yo tardé varios intentos en arrancar y durante las dos primeras semanas me caía con una regularidad asombrosa (Lukáš se caía menos, pero tampoco se libró). Con toda la carga, las bicis llegaban a los 50-60 kg y eran auténticos monstruos.
En redes sociales culpábamos alegremente a nuestras dos «damas» de todos los problemas. Ahora os lo confieso: la culpa era nuestra por no haberlas montado antes. ¿Cómo lo sé? Al final del viaje las manejábamos con una soltura de campeonato.
La carga de la batería no fue un problema
Sinceramente, las bicis eléctricas lo hacen todo más fácil y las recomendaría sin dudar. Las nuestras aguantaban entre 70 y 190 km con una sola carga según el terreno (los 190 km son en llano total) y en todas partes nos dejaban cargar las baterías. Solo hay que preguntar. Una vez incluso cargamos en una frutería. Solo un consejo: cuando las traigas a casa por primera vez, no te vayas directo a Grecia en ellas, ¿de acuerdo?
2) Trabajar desde la bici no es imposible, pero es como trabajar con gastroenteritis

Lukáš y yo trabajamos online. Gracias a eso tengo una colección de anécdotas sobre los lugares más insólitos donde he trabajado. Cuando algo es urgente, soy capaz de sentarme en el suelo, encender los datos móviles y ponerme a trabajar donde haga falta. He trabajado en Uganda a 2500 metros de altitud y junto a unos contenedores de basura en un callejón en el centro de Madrid.
También trabajamos durante nuestro viaje de 3 meses por América, así que no esperábamos que en bici fuera un problema. Y adivina qué. Lo fue. Y bastante gordo.

No sé qué era peor. Si el agotamiento tras un día entero pedaleando o la imposibilidad de desplazarnos fácilmente a buscar wifi cuando el del camping no funcionaba (en bici, incluso 10 km es una desviación considerable, especialmente cuando ya llevas más de 100 encima). Además —y esto debería haberme parecido obvio—, mientras pedaleas no puedes hacer nada. En un road trip en coche suelo adelantar la mitad del trabajo; aquí tenía que esperar a que paráramos en algún sitio.
¿Qué era peor, el calor o el cansancio?
Nuestro día tipo era más o menos así: nos levantábamos entre las seis y las siete, recogíamos la tienda en quince minutos y ya estábamos medio dormidos golpeando los pedales. Parábamos en el supermercado a pillar un yogur líquido para desayunar sin perder tiempo. Desde España hasta Grecia las temperaturas no bajaban de 35 grados.

Al mediodía hacíamos una pausa de una a dos horas para comer y luego seguíamos pedaleando hasta el anochecer (con paradas para beber algo frío, claro). Llegábamos al camping entre las seis y las ocho, nos duchábamos rápido, cocinábamos algo y luego nos poníamos a buscar wifi para trabajar hasta medianoche. Muchas veces no empezábamos hasta las nueve y media de la noche, y creo que no hace falta que os describa el nivel de agotamiento (las pastillas para dormir sobraban por completo).
Y encima internet no siempre iba rápido, y a veces no iba directamente. Aquello no tenía nada de idílico. El cansancio, la falta de tiempo y el estrés constante me hacían sentir como si estuviera trabajando con gastroenteritis. Puede que fuera incluso más duro.
3) Tienes que despedirte de la libertad
Sabíamos que tendríamos que saltarnos muchos sitios, pero nos saltamos muchísimos más de lo previsto. Todos los que no estaban directamente en nuestra ruta. Sé que viajar no consiste en verlo todo, pero eso nos privó de ir a la montaña —a montañas preciosas— y vosotros sabéis lo mucho que nos gustan las rutas de senderismo.

La idea de dejar las bicis eléctricas cargadas con todas nuestras pertenencias en algún sitio era sencillamente inviable. Me perdí rutas de senderismo que me hacían ilusión, las Meteoras griegas y Mostar. Lugares con los que había soñado que, sobre la bici, quedaban fuera de nuestro alcance. ¿Dónde está esa sensación de libertad que se supone que te da viajar en bici?
4) No puedes ver nada a fondo
Creo que mes y medio para cruzar Europa está bastante bien. Pero aun así no consegues ver mucho. Quedarse unas horas en algún sitio equivale prácticamente a no avanzar. Al principio intentamos disfrutarlo: nos bañamos en el lago Bled y paseamos por los pueblecitos. Eso se nos pasó pronto, cuando nos dimos cuenta de lo mucho que nos retrasábamos. Además, hay muchos lugares a los que directamente no puedes llegar en bici.
5) El tiempo es tu principal enemigo
Sí, ir en plena ola de calor a Grecia fue una idea bastante poco inteligente. Pero al final nos acostumbramos a los cuarenta grados. Aprendimos a esquivarlos saliendo temprano y esperando el mediodía en cafeterías y restaurantes.

Lo peor llegó cuando en los Dolomitas nos sorprendió una lluvia torrencial y un frío intenso. Llovió sin parar todo el día y toda la noche, y nunca nos habíamos sentido tan indefensos. Nos calamos hasta los huesos, se nos mojó la tienda, se mojaron los sacos de dormir. ¡Se mojó toda nuestra vida! Bueno, exagero un poco, pero nuestros únicos pantalones largos y camiseta estaban empapados y no sabíamos qué haríamos porque seguía lloviendo. Además, en muchos momentos nos encontramos en situaciones donde literalmente no había dónde refugiarse del tiempo.
6) El cicloturismo es caro

Ingenuamente pensábamos que viajar en bici sería barato. Pero si quieres hacerlo de forma legal, en Europa pagas cada día el camping. Además, con esas temperaturas terminábamos muchas veces en restaurantes y cafeterías. Si ahora mismo estás sentado en un sitio fresco y cómodo, quizás pienses que somos unos blandos, pero prueba a pedalear 8 horas al día a 40 grados. Después dejarás de pensar en el dinero. ¿Cuánto nos costó en total? Eso lo dejamos para otro artículo.
7) Mes y medio comiendo siempre lo mismo

Como acampábamos prácticamente cada día, cocinábamos en un pequeño hornillo portátil y con una sola ollita. Inventar algo más sofisticado que alubias o espaguetis después de un día entero pedaleando estaba muy por encima de nuestras capacidades. Y muchas veces tampoco encontrábamos los ingredientes necesarios.
Conclusión

Nos enamoramos del cicloturismo (¿lo esperabais? Yo tampoco lo esperaba). Pero no hasta el punto de querer cargar las bicis para un viaje de más de una semana, por todos los motivos que he mencionado arriba.
Os he contado muchas cosas, pero la verdad es que el mayor problema fue el trabajo y no poder hacer senderismo por la montaña. La bici eléctrica en sí es una herramienta fantástica, y si alguna vez estamos por España, hay bastantes posibilidades de que nos encontréis pedaleando por ahí con ellas.
Todos los artículos de nuestro viaje los podéis leer en las páginas de Reportér [visual-link-preview encoded=»eyJ0eXBlIjoiaW50ZXJuYWwiLCJwb3N0Ijo1Mjc2NCwicG9zdF9sYWJlbCI6IlDFmcOtc3DEm3ZlayA1Mjc2NCAtIEtvbXBsZXRuw60gdsO9YmF2YSBuYSBrb2xvLCBiZXoga3RlcsOpIHNlIG5lb2JlamRldGUgLSBkw6Fsa292w6EgY3lrbGlzdGlrYSIsInVybCI6IiIsImltYWdlX2lkIjo1Mjc3MSwiaW1hZ2VfdXJsIjoiaHR0cHM6Ly9sb3VkYXZ5bWtyb2tlbS5jei93cC1jb250ZW50L3VwbG9hZHMvMjAxOC8wOC9EU0NGMjI2OC0zNzB4MjMwLmpwZyIsInRpdGxlIjoiS29tcGxldG7DrSB2w71iYXZhIG5hIGtvbG8sIGJleiBrdGVyw6kgc2UgbmVvYmVqZGV0ZSAtIGTDoWxrb3bDoSBjeWtsaXN0aWthIiwic3VtbWFyeSI6IlBvZMOtdmVqdGUgc2UsIMSNw61tIHbFocOtbSBieWx5IG5hxaFlIGJlc3RpZSBuYWxvxb5lbsOpISBGYWt0IHRvaG8gbmV1w60gdG9saWssIGphayBzZSB6ZMOhLiBKZW4gdG8gdMOhxb7DrSBhc2kgdGFrIHR1bnUuIiwidGVtcGxhdGUiOiJkZWZhdWx0In0=»] [visual-link-preview encoded=»eyJ0eXBlIjoiaW50ZXJuYWwiLCJwb3N0Ijo1MjQwOCwicG9zdF9sYWJlbCI6IlDFmcOtc3DEm3ZlayA1MjQwOCAtIETDoWxrb3bDoSBjeWtsaXN0aWthOiBOYSBlbGVrdHJva29sZWNoIHBvIEV2cm9wxJsgMjAxOCIsInVybCI6IiIsImltYWdlX2lkIjo1MjQyMSwiaW1hZ2VfdXJsIjoiaHR0cHM6Ly9sb3VkYXZ5bWtyb2tlbS5jei93cC1jb250ZW50L3VwbG9hZHMvMjAxOC8wNy9sb3VkYXZ5bS1rcm9rZW0ta29sYS0zNzB4MjMwLmpwZyIsInRpdGxlIjoiRMOhbGtvdsOhIGN5a2xpc3Rpa2E6IE5hIGVsZWt0cm9rb2xlY2ggcG8gRXZyb3DEmyAyMDE4Iiwic3VtbWFyeSI6IlByb8SNIGpzbWUgdnlyYXppbGksIGt1ZHkganNtZSBqZWxpIGEga2RvIGJ5bGkgbmHFoWkgc3BvbnpvxZlpLiBBIGhsYXZuxJssIGNvIGpzbWUgb2QgY2VzdHkgb8SNZWvDoXZhbGkuIiwidGVtcGxhdGUiOiJkZWZhdWx0In0=»]Tipy a triky pro vaší dovolenou
Nepřeplácejte za letenky
Letenky hledejte na Kayaku. Je to náš nejoblíbenější vyhledávač, protože prohledává webové stránky všech leteckých společností a vždy najde to nejlevnější spojení.
Rezervujte si ubytování chytře
Nejlepší zkušenosti při vyhledávání ubytování (od Aljašky až po Maroko) máme s Booking.com, kde bývají hotely, apartmány i celé domy nejlevnější a v nejširší nabídce.
Nezapomeňte na cestovní pojištění
Kvalitní cestovní pojištění vás ochrání před nemocí, úrazem, krádeží nebo stornem letenek. Pár návštěv nemocnic jsme v zahraničí už absolvovali, takže víme, jak se hodí mít sjednané pořádné pojištění.
Kde se pojišťujeme my: SafetyWing (nejlepší pro všechny) a TrueTraveller (na extra dlouhé cesty).
Proč nedoporučujeme nějakou českou pojišťovnu? Protože mají dost omezení. Mají limity na počet dnů v zahraničí, v případě cestovka u kreditní karty po vás chtějí platit zdravotní výdaje pouze danou kreditní kartou a často limitují počet návratů do ČR.
Najděte ty nejlepší zážitky
Get Your Guide je obří on-line tržiště, kde si můžete rezervovat komentované procházky, výlety, skip-the-line vstupenky, průvodce a mnoho dalšího. Vždy tam najdeme nějakou extra zábavu!
