Tasmania, en Australia, es una isla cuya naturaleza salvaje cumple siete de los diez criterios del Patrimonio Mundial de la UNESCO, la puntuación más alta posible en nuestro planeta, algo que solo comparte con el monte Tai, en China. Esta remota isla, situada en el mismísimo fin del mundo, está cubierta en más de una cuarta parte por selvas impenetrables, ríos salvajes y montañas agrestes que atraen a aventureros de todo el planeta. Además, en el cabo Cape Grim, en el noroeste, se mide con regularidad el aire más limpio de toda la Tierra, porque el viento llega hasta aquí directamente cruzando el deshabitado océano Antártico.
Aunque Tasmania tiene una superficie comparable a la de Irlanda, sus carreteras serpenteantes y su paisaje en constante cambio te obligan a bajar el ritmo y a disfrutar de cada kilómetro. Los viajeros elogian muchísimo el ambiente relajado, la excelente gastronomía local y la enorme cantidad de animales salvajes que no verás en ningún otro sitio. Ya sueñes con rutas de alta montaña, con catar whisky premiado a nivel mundial o simplemente con la calma de una playa vacía, esta isla te ofrecerá experiencias para toda la vida.
Prepararse para un viaje a estos rincones requiere algo de planificación, porque el alojamiento se agota con meses de antelación y el clima aquí hace lo que le da la gana. La siguiente guía te mostrará dónde ahorrar en las entradas a los parques nacionales, adónde ir primero y a qué lugares dedicar más tiempo. Un cortavientos y un calzado resistente son totalmente imprescindibles, y luego solo queda ponerse en marcha.

Resumen para quienes no tienen tiempo de leer todo el artículo
- Cuántos días necesitas: para una exploración rápida de la costa bastan 7 días; para un circuito más tranquilo que incluya montañas y oeste, reserva de 10 a 14 días.
- Cómo llegar: lo más rápido son los vuelos desde Melbourne (1 hora y 20 minutos) o desde Sídney; como alternativa está el ferry nocturno Spirit of Tasmania.
- El gran ahorro: si piensas visitar varios parques nacionales, cómprate el Holiday Pass de dos meses por 98,35 AUD para todo el vehículo.
- Cuándo ir: el mejor tiempo para hacer senderismo es de diciembre a febrero, pero tendrás que contar con multitudes de turistas y precios de alojamiento más altos.
- Aviso principal: Tasmania es tristemente famosa por la cantidad de animales atropellados, así que al atardecer y de noche conduce a un máximo de 65 km/h.
- El coche es imprescindible: sin coche propio o de alquiler es prácticamente imposible moverse por la isla; el transporte público fuera de las grandes ciudades casi no funciona.
Cómo llegar a Tasmania
Tasmania no tiene actualmente ningún aeropuerto internacional, así que tu viaje siempre pasará por la Australia continental, desde donde operan aerolíneas como Jetstar, Qantas o Virgin. La mayoría de los viajeros eligen los vuelos cortos desde Melbourne, que duran apenas una hora y veinte minutos hasta el aeropuerto de Hobart, o algo más de una hora hasta Launceston, más al norte. Si vuelas desde Sídney, pasarás menos de dos horas en el aire, lo que convierte al avión, sin competencia, en la opción más rápida y a menudo también la más barata.
Si dispones de más tiempo y quieres vivir un poco de romanticismo marinero, puedes tomar el famoso ferry Spirit of Tasmania, que hace la ruta entre Geelong, en el continente, y Devonport, en Tasmania. Esta travesía cubre los 448 kilómetros que cruzan el estrecho de Bass, te lleva de nueve a once horas y suele hacerse de noche. Los precios de los billetes empiezan en unos 109 AUD por persona, pero ten en cuenta que actualmente siguen operando los barcos más antiguos de finales de los noventa (mientras se esperan los nuevos, que llevan retraso).
El ferry sale rentable sobre todo cuando viajas con tu propio coche y planeas quedarte en la isla más de diez días. Pero tengo que advertirte de una complicación importante, porque la mayoría de las empresas de alquiler del continente prohíben estrictamente subir su coche al ferry. Así que, si no tienes autocaravana o coche propio, es mucho más sensato volar a la isla y alquilar el vehículo directamente en el aeropuerto de Hobart o Launceston.
Parks Pass: cómo no pagar dos veces
La entrada a los parques nacionales de Tasmania es de pago y el sistema puede parecer un poco confuso a primera vista, pero elegir bien te ahorrará mucho dinero. La entrada diaria normal cuesta, según la tarifa vigente desde julio de 2026, 49,15 AUD por vehículo, o 24,55 AUD por persona si llegas en autobús o en bici. Pero si planeas un road trip clásico y visitas más de dos parques, la entrada diaria no te compensa en absoluto y estarías tirando el dinero.
El santo grial para todos los viajeros es el Holiday Pass de dos meses, que cuesta 98,35 AUD para todo el vehículo con hasta ocho pasajeros, o 49,20 AUD por persona. Con esta tarjeta consigues acceso ilimitado a prácticamente todas las zonas protegidas de la isla, algo ideal para un itinerario de dos semanas, y además no tienes que preocuparte de pagar en cada barrera. Para quienes se quedan aún más tiempo existe también una versión anual por 104,75 AUD, pero para unas vacaciones normales el Holiday Pass es más que suficiente.
La única gran excepción a este sistema es el popular Parque Nacional Cradle Mountain, que funciona con un régimen propio para proteger la naturaleza y por los autobuses lanzadera obligatorios. La entrada diaria de aquí cuesta 30,70 AUD para un adulto, 12,30 AUD para un niño y 73,75 AUD para una familia, y en ese precio ya está incluido el uso del shuttle obligatorio hasta el lago Dove Lake. Si tienes el Holiday Pass, la entrada al parque en sí es gratuita, pero el billete del autobús, de 15,50 AUD para 72 horas, hay que comprarlo aparte.
Cuándo viajar a Tasmania
Elegir la época del año adecuada es fundamental para visitar Tasmania, porque el tiempo aquí puede ser muy impredecible e influirá en toda tu experiencia. La mayor afluencia de turistas se vive en verano, de diciembre a febrero, cuando puedes disfrutar de hasta quince horas de luz diaria y temperaturas agradables para caminar y explorar la costa. Pero tendrás que aceptar que el alojamiento será bastante más caro, que las rutas populares estarán llenas de gente y que existe un riesgo real de incendios forestales, que a veces obligan a cerrar algunos parques.
Según muchos viajeros, la primavera y el otoño ofrecen el mejor compromiso posible, porque la naturaleza luce todos sus colores y las multitudes disminuyen notablemente. Los meses de invierno, de junio a agosto, atraen con precios mucho más bajos, cumbres nevadas y sobre todo con la fascinante aurora austral en el sur de la isla, porque Tasmania es la parte habitada más meridional de Australia. Pero ten en cuenta que, por ejemplo, en el monte kunanyi, que se alza sobre Hobart, una ventisca puede sorprenderte incluso en pleno verano, así que la ropa de abrigo es imprescindible todo el año.
Vayas cuando vayas, tienes que tener muchísimo cuidado en la carretera, porque Tasmania carga con el triste título de capital mundial de los atropellos de fauna. La naturaleza local está repleta de animales salvajes como canguros, wallabies o wombats, que al atardecer se acercan al asfalto caliente. Por eso se recomienda encarecidamente limitar la velocidad al anochecer a un máximo de 65 km/h, o directamente no conducir de noche, para proteger tanto la fauna única como tu coche de alquiler.
Dónde alojarse
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: el alojamiento preferimos buscarlo en Booking.com, donde suelen tener las mejores condiciones de cancelación. Las entradas, excursiones y actividades conviene compararlas y reservarlas a través de GetYourGuide.
Buscar alojamiento en Tasmania requiere pensar con estrategia, porque fuera de las grandes ciudades te encontrarás con una capacidad muy limitada que en temporada alta se agota a un ritmo increíble. En Hobart, que probablemente será tu punto de partida, encontrarás una amplia variedad de opciones, desde edificios históricos hasta hoteles modernos junto al agua. Si buscas algo realmente especial, reserva una habitación en el icónico MACq 01 Hotel junto al muelle, que funciona como un hotel de storytelling en el que cada rincón narra historias del pasado de la isla. Una alternativa estupenda y algo más asequible, en pleno centro, es el popular Hotel Grand Chancellor Hobart, desde donde lo tienes todo a un par de pasos.
Tu base en el norte será probablemente Launceston, que hará las delicias de los amantes de la buena comida y el vino y ofrece un ambiente algo más tranquilo que la capital. Aquí se ha ganado muy buena fama el moderno Hotel Verge Launceston, que los viajeros elogian por su excelente restaurante y su ubicación estratégica cerca de todas las atracciones principales. Al desplazarte a la costa este, hacia el famoso Parque Nacional Freycinet, busca alojamiento en el pueblo de Coles Bay, donde tienes por ejemplo el precioso resort Edge of the Bay, situado justo junto al agua con unas vistas fascinantes al paisaje.
Capítulo aparte merece el Parque Nacional Cradle Mountain, donde en temporada la demanda supera con creces a la oferta y los precios se disparan hasta cifras astronómicas. El lodge principal del parque recibe a veces críticas por lo que ofrece a cambio de ese precio, así que los locales recomiendan buscar mejor el Cradle Mountain Hotel, que ofrece un gran confort a un precio algo más razonable. Elijas la zona que elijas, te recomiendo encarecidamente gestionar las reservas a través de portales como Booking con varios meses de antelación; de lo contrario, solo te quedarán las opciones más caras o peor valoradas.
Dónde comer bien en Tasmania
Buscar buena comida en Tasmania es todo un placer, porque los cocineros locales tienen a su disposición los mejores productos frescos directamente de las granjas y del océano. En Hobart, valora reservar en el restaurante Fico, que mezcla cocina italiana con ingredientes australianos. Se ha ganado su fama con razón y cada plato merece la pena. Si más bien te apetece un clásico rápido, la mayoría de la gente va a por fish and chips a Mures Lower Deck, justo en el puerto, donde siempre hay un ambiente animado (los vegetarianos encontrarán opciones en los puestos de alrededor).
¿Y el resto de la isla? En Launceston te recomiendo una parada en Stillwater, ubicado en un molino histórico del siglo XIX restaurado. Además de una comida de primer nivel, te encantarán las vistas al río. Y al recorrer la costa este no puedes saltarte la célebre Freycinet Marine Farm. Aquí sacan las ostras directamente del agua y los amantes del marisco no dejan de recomendarla ☺️.
20 lugares que ver y experiencias que vivir en Tasmania, Australia
Elegir lo mejor de toda la isla no es nada fácil, porque cada rincón de Tasmania ofrece una aventura un poco distinta. Pero ya busques cumbres montañosas espectaculares, playas vírgenes de arena blanca o lugares históricos únicos, con los siguientes veinte lugares que ver en Australia y Tasmania seguro que armas un itinerario increíble.
Algunos sitios los recorrerás en un par de horas; para otros mejor reserva un día entero y no vayas con prisas. Y sobre todo, no olvides llevar en el coche suficientes snacks y una buena playlist, porque pasarás mucho tiempo admirando vistas impresionantes directamente desde el asiento del conductor 😉.

1. Hobart y el Salamanca Market de los sábados
La capital de Tasmania te conquistará al instante con su ambiente relajado, a años luz del ritmo frenético de las metrópolis del continente. La ciudad se asienta en el pintoresco estuario del río Derwent, sus callejuelas están bordeadas de una arquitectura colonial del siglo XIX perfectamente conservada y, aun así, desde el centro llegas a la naturaleza salvaje en menos de media hora: esa es la combinación que más enamora de Hobart.
Si vienes en fin de semana, de ninguna manera puedes perderte el Salamanca Market de los sábados, uno de los mejores mercados de todo el hemisferio sur. Se celebra entre históricos almacenes de piedra arenisca y ofrece cientos de puestos donde encontrarás de todo, desde souvenirs artesanales hasta fantásticas delicias locales. Te recomiendo probar el café recién tostado y detenerte en los puestos de excelentes especialidades vegetarianas, quesos tasmanos y pan fresco.
💡 Consejo: el mercado suele estar más lleno hacia el mediodía, así que te recomiendo ir a primera hora, sobre las ocho, cuando aún puedes charlar tranquilamente con los artesanos locales.

2. El museo MONA
El Museum of Old and New Art, abreviado MONA, transformó por completo hace años la manera en que el mundo percibe a Tasmania como destino. Su fundador, David Walsh, lo define en broma como un Disneyland subversivo para adultos, algo que capta con exactitud la atmósfera extraña y fascinante de este lugar. La mayoría de las galerías se encuentran bajo tierra y sin ventanas, y toda la visita está concebida más bien como una experiencia provocadora que te obliga a pensar sobre la vida, la muerte y el arte desde una perspectiva completamente distinta.
La entrada de adulto cuesta unos 39 AUD y en 2026 el museo presume, entre otras cosas, de la exposición de Julian Charrière titulada Hard Core o de una muestra de Anselm Kiefer. Aunque no seas un fan apasionado del arte moderno, los locales juran que MONA no te dejará indiferente y seguirás pensando en él mucho tiempo después de volver a casa. Además, el museo tiene una arquitectura fantástica que se hunde en el acantilado de arenisca sobre el río Derwent.
💡 Consejo: el propio trayecto hasta el museo es toda una experiencia si usas el catamarán especial que zarpa del puerto de Hobart, en el que puedes pagar un extra por la sección VIP con copa sin fondo.

3. kunanyi (Mount Wellington)
Justo sobre Hobart se eleva, a 1.271 metros de altura, la majestuosa montaña kunanyi, conocida también como Mount Wellington, que forma el telón de fondo inseparable de la ciudad. Hasta la mismísima cumbre lleva una carretera asfaltada de 22 kilómetros, la Pinnacle Road, así que llegas en un coche normal en menos de media hora y, además, la entrada a todo el parque es gratuita, lo que lo convierte en una de las zonas de alta montaña más accesibles de Australia.
Arriba reina un clima de tundra agreste y las vistas de la ciudad, el río Derwent y las islas lejanas son absolutamente impresionantes con tiempo despejado. Pero ten en cuenta que el tiempo aquí es extremadamente cambiante y la nieve puede sorprenderte en la cima incluso en plenas vacaciones de verano. Por eso, lleva siempre contigo una chaqueta abrigada contra el viento, aunque abajo, en la ciudad, pasees en camiseta de manga corta.
💡 Consejo: cuando hay un alto riesgo de incendios forestales, la carretera de acceso se cierra por seguridad, así que antes de subir comprueba siempre la situación actual en la web del parque.

4. Battery Point y el Hobart colonial
Justo detrás de la animada zona de Salamanca Place se encuentra el barrio histórico de Battery Point, que debe su nombre a una vieja batería de artillería de 1818. Hoy no encontrarás aquí ningún cañón, pero el barrio ha conservado a la perfección su carácter marinero del siglo XIX, con callejuelas estrechas y casitas pequeñas. Pasear por esta zona es como viajar en el tiempo, contemplando construcciones coloniales perfectamente restauradas y jardines bien cuidados.
El corazón de todo el barrio es el icónico Arthur Circus, un pintoresco parquecito circular rodeado de las casitas obreras originales, que hoy figuran entre los inmuebles más caros de la ciudad. No te pierdas tampoco las famosas Kelly’s Steps, unas históricas escaleras de piedra que conectan este barrio elevado directamente con el paseo del puerto. Todo el recorrido es totalmente gratuito y te llevará aproximadamente entre una y dos horas, según cuántas veces te detengas en las cafeterías locales.
💡 Consejo: Battery Point tiene el mejor ambiente a última hora de la tarde, cuando las calles se tiñen de dorado y el bullicio turístico de los mercados cercanos se calma poco a poco.

5. El Jardín Botánico y el invernadero subantártico
A poca distancia del centro de Hobart se extienden los magníficos Royal Tasmanian Botanical Gardens, que ofrecen la escapada perfecta del bullicio urbano hacia un oasis de calma. La entrada al jardín es totalmente gratuita y aquí encontrarás una increíble colección de árboles históricos, amplios prados ideales para un pícnic vespertino y unos cuidados jardines japoneses. Los jardines se fundaron ya en 1818, lo que los convierte en los segundos jardines botánicos más antiguos de toda Australia.
Pero la razón principal por la que tienes que venir aquí es el singular Subantarctic Plant House, que no tiene comparación en ningún otro lugar del mundo. En este pabellón especialmente refrigerado encontrarás plantas traídas de la agreste isla de Macquarie, y el interior simula fielmente aquel clima gélido, la niebla e incluso el sonido del viento. Es una experiencia absolutamente fascinante en la que sentirás en tu propia piel las duras condiciones de la naturaleza subantártica, sin tener que salir de la ciudad.
💡 Consejo: los jardines son enormes, así que reserva al menos dos horas para visitarlos y tener tiempo de sobra para explorar con calma todos los senderos escondidos e invernaderos.

6. Cascades Female Factory
Tasmania tiene un pasado penitenciario muy oscuro, y uno de los lugares más impactantes ligados a esa historia es la Cascades Female Factory. Este recinto, hoy inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, funcionó en el siglo XIX como una enorme prisión de mujeres y campo de trabajo. A lo largo de décadas pasaron por aquí miles de mujeres y niños, deportados desde Gran Bretaña por delitos a menudo absolutamente banales.
La entrada básica cuesta unos 35 AUD para un adulto y 90 AUD para toda la familia, y el recinto abre a diario de nueve y media de la mañana a cuatro y media de la tarde. Aunque de los edificios originales solo quedan en gran parte los muros perimetrales, el relato de los guías sobre la dura vida de las presas de entonces te pondrá los pelos de punta. La exposición está tratada con una sensibilidad increíble y da voz a mujeres cuyos destinos quedaron olvidados durante décadas.
💡 Consejo: para intensificar la experiencia, te recomiendo pagar un extra por la visita dramatizada con actores, que te sumerge en la dura realidad de aquella época mucho mejor que una explicación clásica.

7. Port Arthur
Al sureste de Hobart se encuentra el legendario Port Arthur, con diferencia el monumento histórico más conocido de toda la isla. Esta enorme colonia penitenciaria, a la que en el siglo XIX se enviaron más de ochenta mil condenados, fue una de las prisiones más vigiladas de todo el Imperio británico. Hoy todo el recinto está protegido por la UNESCO y atrae cada año a más de un cuarto de millón de visitantes de todo el mundo, que quieren empaparse de su atmósfera sombría.
Al recorrer las ruinas de la enorme prisión y los jardines que construyeron los propios presos, cuesta creer que este lugar fuera real. Tiene también su propio capítulo trágico moderno, pero hoy sirve sobre todo como un impresionante museo al aire libre que documenta al detalle el brutal sistema de trabajos forzados de la época. La entrada suele ser válida para dos días e incluye también un breve trayecto en barco hasta la cercana isla de los muertos.
💡 Consejo: si eres valiente, quédate en Port Arthur hasta el anochecer y apúntate a la famosa visita nocturna con historias de fantasmas y leyendas contadas por los locales.

8. Bruny Island
Si deseas probar lo mejor que la naturaleza y la gastronomía de Tasmania ofrecen en versión concentrada, tienes que ir a la cercana Bruny Island. Llegas aquí con un breve ferry desde el pueblo de Kettering y, nada más desembarcar, te recibe un agreste paisaje costero con faros y playas infinitas. La isla está prácticamente dividida en una parte norte y una sur, unidas por el estrecho istmo de arena The Neck, con su icónico mirador al que se accede por unas escaleras de madera.
Además de la naturaleza espléndida, los viajeros vienen sobre todo por la comida excelente, porque la isla funciona como una enorme despensa local. Puedes pasar todo el día yendo de una pequeña granja a otra y probar quesos fantásticos de la famosa quesería local, pan recién horneado o una excelente cerveza artesanal. Si tienes algo de debilidad por la buena mesa, Bruny Island te conquistará: basta un día yendo de granja en granja y probando de todo lo que puedas.
💡 Consejo: los ferris a la isla suelen estar muy solicitados en temporada alta, así que llega al puerto con suficiente antelación para no tener que esperar en vano al siguiente barco.

9. Maria Island y los wombats
Al recorrer la costa este no puedes saltarte el desvío al puerto de Triabunna, desde donde zarpa el ferry a la fascinante Maria Island. El billete de ida y vuelta cuesta 59 AUD para un adulto, y la travesía de treinta minutos te transporta a un lugar donde el tiempo se detuvo y donde rige una prohibición estricta de circular con cualquier vehículo motorizado. Por la isla solo puedes moverte a pie o en bici de alquiler, lo que aún intensifica la sensación de aislamiento total de la civilización.
Pero la razón principal por la que todos vienen es la increíble concentración de animales salvajes, que a veces le ha valido a la isla el apodo del arca de Noé tasmana. Son precisamente los adorables wombats los que pastan aquí despreocupados por los prados y te dejan acercarte a muy poca distancia, algo que en plena naturaleza pocas veces conseguirás en otro sitio. Además de los animales, encontrarás las impresionantes formaciones geológicas de los Painted Cliffs, a las que llegas tras poco menos de cinco kilómetros de cómodo paseo.
💡 Consejo: los Painted Cliffs, maravillosamente teñidos de óxido de hierro en franjas rojizas y anaranjadas, solo son accesibles con marea baja, así que consulta de antemano las tablas de mareas.

10. Bicheno y los pingüinos
El pueblo costero de Bicheno es una parada ideal para reponer provisiones y descansar mientras exploras la costa este. Sus playas de fina arena blanca y agua turquesa invitan a pasear, mientras que en la costa puedes admirar gratis un fenómeno natural llamado blowhole, donde las olas del mar, a presión, brotan de las grietas de la roca disparándose muy alto. Es un lugar muy tranquilo, con un agradable ambiente adormecido, donde el tiempo se mide más por la marea que por el reloj.
Pero al caer la noche se representa aquí el gran espectáculo por el que Bicheno se hizo famoso a lo largo y ancho. A estas playas vuelven del mar los pingüinos pequeños y puedes apuntarte a una visita nocturna organizada por entre 56 y 76 AUD para observarlos en su entorno natural. Los guías usan luces tenues especiales que no molestan a los animales, y así tienes una oportunidad única de ver a estas torpes criaturas aladas desde muy cerca.
💡 Consejo: no intentes de ninguna manera buscar pingüinos por tu cuenta con una linterna o el flash de la cámara, porque podrías deslumbrarlos y perturbar su anidación.

11. Wineglass Bay y Freycinet
El Parque Nacional Freycinet es la joya de la costa este y hogar de probablemente la playa más fotografiada de toda la isla. El camino al famoso mirador de la bahía Wineglass Bay, que por su forma recuerda a una copa de vino perfecta, mide unos 2,6 kilómetros y la subida te llevará de una hora a hora y media. Es una ruta de dificultad media en la que sudarás bastante, pero la vista desde la plataforma superior del agua increíblemente azul y la arena blanca merece de sobra el esfuerzo.
Muchos turistas, tras fotografiar el panorama, dan media vuelta y regresan al coche, pero los viajeros recomiendan encarecidamente seguir por el sendero que baja directamente a la playa. Si haces el circuito completo de once kilómetros pasando por Hazards Beach, escaparás de las multitudes principales y vivirás la verdadera belleza virgen del parque, con una caminata total de unas cuatro o cinco horas. Y para los aventureros más en forma existe también la empinada subida al monte Mount Amos, desde el que la vista de la bahía es sencillamente insuperable.
💡 Consejo: antes de empezar la caminata, consulta siempre los avisos actuales en la web oficial de los parques nacionales, porque a veces hay tareas de mantenimiento de los senderos o riesgo de incendios.

12. Cape Tourville y Friendly Beaches
Si no tienes tiempo o energía suficientes para largas caminatas, el Parque Nacional Freycinet ofrece también alternativas mucho más sencillas para disfrutar de su naturaleza espléndida. Una gran opción es el circuito panorámico alrededor del faro del cabo Cape Tourville, que recorres en unos agradables veinte minutos. La pasarela de madera serpentea muy por encima de los acantilados y ofrece unas fantásticas vistas panorámicas de la costa escarpada y el océano infinito, con solo un desnivel suave, así que la ruta no es totalmente accesible.
Otra joya escondida del parque, que muchos turistas desconocen, son las extensas Friendly Beaches, en el extremo norte de la zona protegida. Hasta allí lleva una pista de grava de nueve kilómetros, pero al final te esperan kilómetros de arena blanca virgen, donde probablemente estarás completamente solo. Encontrarás también un camping básico, disponible sin coste adicional si ya tienes tu Parks Pass.
💡 Consejo: las vistas desde el faro de Cape Tourville son especialmente mágicas a primera hora al amanecer, cuando las rocas de granito de los alrededores se tiñen de increíbles tonos rosados y anaranjados.

13. Bay of Fires
En el extremo noreste de la isla se extiende la zona de Bay of Fires, que la prestigiosa BBC incluyó una vez entre los ocho mejores destinos de playa del mundo, y no es de extrañar. Esta larga franja de costa se caracteriza por su arena de un blanco deslumbrante, un agua turquesa increíblemente limpia y, sobre todo, enormes rocas de granito cubiertas de un líquen naranja intenso. Precisamente ese dramático contraste de colores es la razón por la que no soltarás la cámara.
Una gran base para explorar esta zona es el pueblo de St Helens, a unas dos horas en coche de Launceston, desde donde llegas fácilmente al acceso sur en Binalong Bay. Toda la Bay of Fires se extiende kilómetros hacia el norte y ofrece infinitas posibilidades para largos paseos por playas vacías, buscar conchas o simplemente contemplar el océano. Además, la entrada a esta zona protegida es totalmente gratuita, así que puedes pasar aquí tranquilamente varios días empapándote de ese maravilloso ambiente costero.
💡 Consejo: el nombre Bay of Fires no surgió por las rocas anaranjadas, sino que proviene del capitán Tobias Furneaux, que desde el barco vio los fuegos de los habitantes aborígenes ardiendo en la costa.

14. Launceston y Cataract Gorge
Launceston es la segunda ciudad más grande de la isla y ofrece un ambiente completamente distinto al del costero Hobart. Se asienta en el interior profundo, en la confluencia de tres ríos, y presume de una arquitectura victoriana maravillosamente conservada, muchos parques estupendos y una excelente cultura del café. Pero el mayor atractivo de todos, situado sorprendentemente cerca del propio centro, es el fascinante desfiladero natural de Cataract Gorge, cuya entrada es totalmente gratuita.
Esta profunda garganta fluvial, bordeada de acantilados escarpados, parece trasplantada de una parte del mundo completamente distinta. Aquí puedes pasear por un puente colgante, refrescarte en los meses de verano en la piscina pública First Basin u observar los pavos reales que deambulan por los prados. Una experiencia que dicen que no te puedes perder es el trayecto en el histórico teleférico con el tramo de un solo vano más largo del mundo (nada menos que 308 metros), que te costará entre unos diez y veinte dólares.
💡 Consejo: el desfiladero resulta especialmente impresionante tras fuertes lluvias, cuando el río, por lo general tranquilo, se convierte en un elemento bramador que arrastra grandes rocas por el estrecho cañón.

15. Tamar Valley y los vinos espumosos
Justo detrás de Launceston se extiende el pintoresco valle de Tamar (Tamar Valley), que es la región vinícola más antigua y más grande de toda Tasmania. Aquí encontrarás más de treinta bodegas distintas, repartidas por las suaves laderas junto al río, que ofrecen unas vistas fantásticas al paisaje. El clima más fresco de la zona es absolutamente ideal para cultivar variedades como pinot noir y chardonnay, de las que salen vinos realmente excelentes.
El valle es célebre sobre todo por una especialidad concreta: la producción de vinos espumosos de primer nivel, entre los mejores de toda Australia. Los viajeros y amantes del vino elogian muchísimo las catas de aquí porque, a diferencia de las grandes bodegas comerciales del continente, a menudo tienes la posibilidad de hablar directamente con los propios viticultores. Es una experiencia muy relajada y cercana en la que puedes contemplar las vistas de los viñedos y probar excelentes quesos locales que combinan a la perfección con el vino.
💡 Consejo: para explorar el valle sin preocupaciones, te recomiendo reservar un tour organizado desde Launceston, así no tienes que ocuparte de conducir y puedes disfrutar de las catas al máximo.

16. Los campos de lavanda de Bridestowe
A una hora en coche al noreste de Launceston se encuentra un lugar que parece salido de un catálogo de la Provenza francesa. Bridestowe Lavender Estate es una de las mayores granjas de lavanda del mundo y, cuando los campos florecen en los meses de verano, el paisaje se transforma en un mar infinito de un morado intenso. En esa época el aire está totalmente impregnado de un aroma embriagador, y la imagen de las hileras de lavanda perfectamente curvadas extendiéndose hasta el horizonte es sencillamente fantástica.
La temporada principal de floración va aproximadamente de mediados de diciembre a finales de enero, cuando la granja revienta bajo la avalancha de fotógrafos y amantes de la naturaleza. La entrada al recinto es actualmente gratuita, pero mejor compruébalo antes de ir en su web oficial, porque podría cambiar. Los visitantes elogian mucho la cafetería local, donde puedes probar todo tipo de especialidades de lavanda, incluido el popular helado, que además de estar riquísimo queda genial en las fotos.
💡 Consejo: si quieres evitar las mayores multitudes en el pico de la floración, llega justo a la hora de apertura, cuando la luz para fotografiar es además la mejor y tienes las hileras para ti solo.

17. Cradle Mountain y Dove Lake
El Parque Nacional Cradle Mountain es, sin duda, la mayor emblema natural de toda la isla y un lugar que no puede faltar en ningún itinerario. La dentada cumbre de la montaña, que se eleva sobre las oscuras aguas del lago glaciar Dove Lake, es un paisaje que casi todo el mundo conoce de las postales y los folletos. Dada su enorme popularidad, funciona aquí un elaborado sistema de autobuses lanzadera obligatorios, que te llevan desde el centro de visitantes directamente hasta el lago, protegiendo así la frágil naturaleza local.
Para la mayoría de los visitantes, el objetivo principal es el cómodo circuito de seis kilómetros alrededor del propio lago, que completas en dos o tres horas sin mayor esfuerzo. Pero si ansías una aventura de verdad, lánzate a la exigente subida a la mismísima cima de Cradle Mountain, una caminata de unas ocho horas que incluye empinadas trepadas por enormes rocas. Otra parada popular en el parque es el corto pero mágico paseo de veinte minutos Enchanted Walk, donde, en una selva cubierta de musgo, te sentirás como en un cuento de hadas. Lo ideal es reservar al menos dos o tres días para esta zona, para poder hacer rutas más largas o descansar en el spa local con vistas a la naturaleza.
💡 Consejo: en las llanuras herbosas alrededor de la parada de autobús de Ronny Creek es muy frecuente ver wombats en libertad, sobre todo a última hora de la tarde, cuando salen a buscar comida.

18. Overland Track
Para los amantes de los treks de varios días, Tasmania representa uno de los mayores sueños, gracias a la famosa ruta Overland Track. Este trek legendario mide sesenta y cinco kilómetros y suele llevar seis días de caminata a través del paisaje más salvaje y remoto de la isla. La ruta empieza precisamente en Cradle Mountain y atraviesa un agreste terreno montañoso, pasando por valles profundos, selvas milenarias y turberas hasta el precioso lago Lake St Clair, en el sur.
Pero completar este trek exige una planificación realmente cuidadosa y una buena forma física, porque toda la comida y el equipo tienes que llevarlos a la espalda. Además, en temporada alta, de octubre a mayo, la reserva previa del permiso es totalmente obligatoria y el sentido de la marcha está estrictamente fijado de norte a sur, para evitar atascos en el sendero. El precio de este permiso no deja de subir; actualmente ronda los trescientos dólares, pero mejor comprueba siempre la cantidad exacta con suficiente antelación en la web de los parques nacionales.
💡 Consejo: el tiempo en el trek es extremadamente cambiante y una tormenta de nieve puede dejarte atrapado en un refugio incluso en pleno verano, así que no subestimes el equipo de calidad ni llevar comida de reserva suficiente.

19. Strahan, el río Gordon y Queenstown
La costa oeste de Tasmania es salvaje, inhóspita e increíblemente fascinante, y su centro simbólico es el pequeño pueblo pesquero de Strahan. La mayoría de la gente viene aquí por los famosos cruceros panorámicos por el oscuro río Gordon, que te llevan hasta lo más profundo de una naturaleza virgen inscrita en la lista de la UNESCO. Durante el crucero verás el siniestro estrecho de Hells Gates y las ruinas de la vieja colonia penitenciaria en Sarah Island, una experiencia que los viajeros recuerdan con mucho cariño.
De camino al oeste pasarás sin duda por el pueblo minero de Queenstown, que a primera vista te impactará por su paisaje lunar totalmente pelado. Décadas de minería de cobre sin escrúpulos y la lluvia ácida de las fundiciones destruyeron aquí prácticamente toda la vegetación de las colinas de alrededor, aunque en los últimos años la naturaleza empieza a volver poco a poco. Y una cosa más: si tienes una mañana libre, merece la pena subirse al histórico tren de cremallera a vapor West Coast Wilderness Railway (se abre paso por una selva densa y las vistas desde las ventanillas valen la pena).
💡 Consejo: la carretera que une Hobart con Queenstown está llena de curvas interminables y precipicios abruptos, así que reserva para el trayecto bastante más tiempo del que calcularías mirando el mapa.

20. Mount Field y las cascadas Russell Falls
El Parque Nacional Mount Field es una de las zonas protegidas más antiguas de la isla y los viajeros lo adoran sobre todo por su excelente accesibilidad desde la capital. Se encuentra a una hora en coche al oeste de Hobart y, en una superficie relativamente pequeña, ofrece una enorme variedad, desde selvas en las cotas más bajas hasta lagunas alpinas en las alturas. Una gran ventaja es que la entrada está totalmente incluida en tu Parks Pass, así que puedes pasar aquí todo el día sin gastos adicionales.
El mayor imán del parque son, sin duda, las preciosas cascadas Russell Falls, que caen en varios escalones sobre enormes helechos y rocas cubiertas de musgo. El camino hasta ellas es totalmente fácil, plenamente accesible, y desde el centro de visitantes llegas en apenas veinte minutos, lo que las convierte en una parada ideal para todos. Si tienes más energía, puedes continuar por un sendero más empinado hasta otras cascadas de la zona o subir en coche hasta el lago Lake Dobson, donde empiezan las rutas de alta montaña más largas.
💡 Consejo: si te quedas en el parque hasta que sea de noche del todo, coge una linterna y pasea por el sendero de las cascadas, donde en las húmedas orillas brillan cientos de diminutas larvas luminiscentes.

El sabor de Tasmania: whisky, vino y quesos
En los últimos años, Tasmania se ha convertido en uno de los destinos gastronómicos más prestigiosos del mundo, y sus productos van construyéndose poco a poco una sólida reputación internacional. Si te gusta el buen alcohol, te encantará saber que la destilería local Sullivans Cove obtuvo en 2014 el título al mejor single malt del mundo, superando por primera vez en la historia a la competencia de Escocia y Japón. Otro gran nombre es la marca local Lark, así que podrás disfrutar de catas fantásticas por toda la isla.
Los amantes del vino se sentirán aquí como en el paraíso, porque el clima más fresco favorece a la perfección a variedades como el pinot noir y a la producción de vinos espumosos de primer nivel. Lánzate a las catas en los célebres valles de Tamar Valley o Coal River Valley, donde los viticultores locales te guiarán con entusiasmo por sus pintorescos viñedos y te darán a probar lo mejor de sus bodegas. Al buen beber pertenece, por supuesto, también la buena comida, y Tasmania destaca sobre todo en la elaboración de fantásticos quesos artesanales, que merece la pena ir a buscar a la ya mencionada Bruny Island.
A la isla se la apodaba antaño Apple Isle por su enorme exportación histórica de manzanas, y esa tradición la mantienen hoy los productores de excelentes sidras locales, que encontrarás en cualquier buen pub. Los viajeros elogian también muchísimo las panaderías, los puestos de los mercados y las cafeterías de la zona, donde consigues lo mejor de la cosecha local, desde trufas frescas hasta frambuesas y arándanos directos de la granja. Decidas probar lo que decidas, puedes estar seguro de que se cultivó o elaboró con el máximo respeto por la agreste naturaleza que lo rodea.

Itinerario: 7, 10 o 14 días
Planificar la ruta por Tasmania depende mucho del tiempo que tengas, pero en general se recomienda recorrer la isla en el sentido de las agujas del reloj empezando en Hobart. Si solo dispones de 7 días, céntrate sobre todo en los imprescindibles de la costa. Desde Hobart sal hacia el sureste, al histórico Port Arthur, luego dirígete hacia arriba por la costa este, al precioso Parque Nacional Freycinet y a la bahía Wineglass Bay, y dedica los últimos días o bien a las playas del norte de Bay of Fires, o bien gira hacia el interior.
Con 10 días ya puedes incluir en el itinerario la mayor joya montañosa de la isla y disfrutar del viaje a un ritmo mucho más tranquilo. Tras explorar la costa este tendrás tiempo de sobra para desplazarte a Launceston (desde Hobart son unos 198 kilómetros) y luego para una parada de dos días en el Parque Nacional Cradle Mountain, que queda otros 140 kilómetros al oeste. Te quedará también espacio para las catas de vino en Tamar Valley o para observar los pingüinos en la costa este sin estrés innecesario al volante.
Para el circuito completo, incluida la salvaje y remota costa oeste, reserva idealmente 14 días. Este plan te permitirá explorar el misterioso río Gordon en Strahan, atravesar el fascinante paisaje lunar alrededor de Queenstown y volver a Hobart pasando por la meseta central. Recuerda siempre que las distancias en el mapa engañan muchísimo y el trayecto de Hobart a Cradle Mountain (293 kilómetros) te llevará por carreteras serpenteantes casi cuatro horas de conducción neta, así que no planifiques tramos diarios demasiado largos.
Adónde ir después
Si te atrae descubrir las antípodas y estás pensando en un itinerario más amplio, echa un vistazo a nuestro artículo Vacaciones en Australia: 30 lugares más bonitos + consejos prácticos, donde encontrarás mucha más inspiración. Para quienes combinan la visita a Tasmania con las ciudades del continente, vendrá bien la guía Melbourne, Australia: 23 lugares que ver y hacer o el artículo detallado Adelaida, Australia: 18 lugares que ver y hacer. Y si sueñas con un contraste tropical frente a la agreste naturaleza tasmana, no te pierdas los consejos sobre la Gran Barrera de Coral: excursiones, precios y cómo vivirla. La logística de los largos trayectos la resuelve nuestro Road trip por Australia: visados, rutas, precios.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días en Tasmania?
Para una visita rápida a los lugares costeros más famosos te bastarán 7 días, pero para conocer la isla con más calma, incluida la costa oeste y las montañas, mejor reserva entre 10 y 14 días. Tasmania engaña por su tamaño y los desplazamientos por carreteras sinuosas llevan mucho más tiempo del que parece en el mapa.
¿Avión o ferry?
Los vuelos desde Melbourne o Sídney son muy rápidos y a menudo también la opción más económica, si alquilas el coche una vez allí. El ferry Spirit of Tasmania compensa sobre todo a viajeros que disponen de su propia autocaravana y planean quedarse en la isla bastante más tiempo.
¿Necesito coche?
Sí, sin coche propio o de alquiler prácticamente no te moverás por Tasmania, porque el transporte público fuera de las principales ciudades es extremadamente limitado. Además, la mayoría de los parques nacionales y playas remotas son accesibles exclusivamente por cuenta propia, así que el coche es una absoluta necesidad.
¿Qué es el Parks Pass y cuál conviene?
El Parks Pass es un permiso obligatorio para entrar en los parques nacionales, y si planeas un roadtrip clásico por la isla, el más rentable sin competencia es el Holiday Pass de dos meses. Cuesta 98,35 AUD por vehículo completo y cubre todas las entradas a los parques con excepción de la tarifa del autobús lanzadera en Cradle Mountain.
¿Cuándo es la mejor época?
Para senderismo y actividades al aire libre la época más adecuada es el verano, de diciembre a febrero, cuando los días duran hasta quince horas, pero debes contar con grandes multitudes de turistas. La primavera y el otoño ofrecen colores preciosos y mayor tranquilidad, mientras que en invierno puedes observar auroras australes en el sur de la isla y ahorrarás en alojamiento.
¿Es cara Tasmania?
Para los turistas Tasmania puede resultar bastante costosa, especialmente en cuanto a alojamiento en localidades pequeñas cerca de los parques nacionales durante la temporada de verano. Los precios de la comida en restaurantes son ligeramente más altos que en Sídney, pero puedes ahorrar mucho dinero comprando alimentos en supermercados y acampando.
¿Basta con un día en Cradle Mountain?
Para un paseo rápido alrededor del lago Dove Lake y unas cuantas fotos un día te bastará, pero te perderás muchas experiencias. Lo ideal es reservar al menos dos o tres días para esta zona, para poder hacer rutas más largas o descansar en los balnearios locales con vistas a la naturaleza.
Wineglass Bay: ¿solo el mirador o bajar?
La subida al mirador lleva aproximadamente una hora u hora y media y te ofrece la vista icónica de la bahía, pero arriba suele haber una avalancha de gente. Por eso los viajeros recomiendan encarecidamente dedicar más tiempo al circuito completo de once kilómetros y bajar directamente a la playa, donde disfrutarás de una tranquilidad increíble sin multitudes.
¿Veré un demonio de Tasmania?
En plena naturaleza las posibilidades de ver un demonio de Tasmania son prácticamente nulas, porque estos animales son muy tímidos, activos de noche y sufren una grave enfermedad facial que ha reducido drásticamente su población. Pero tienes garantía en los centros de rescate y reservas, como por ejemplo Bonorong cerca de Hobart, donde los conocerás cara a cara.
¿Es seguro conducir de noche?
Definitivamente no es seguro y las empresas de alquiler de coches a menudo advierten de ello, porque Tasmania tiene una enorme cantidad de animales atropellados en las carreteras. Los canguros y wombats son muy activos al atardecer, por lo que deberías circular de noche a un máximo de 65 km/h, o idealmente viajar solo con luz diurna.
