España es una apuesta segura, pero si buscas un lugar donde se mezclen las callejuelas históricas, las anchas playas de arena y el clima más suave de todo el país, tienes que poner rumbo a la Costa Blanca. La puerta de entrada a esta región soleada es precisamente Alicante, en España, una ciudad dinámica que sabe equilibrar la tradición más profunda con la vida de un moderno destino de playa. Aquí puedes pasear bajo murallas medievales, tomar un café en un paseo de mármol y, acto seguido, lanzarte a las olas turquesas del Mediterráneo.
La Costa Blanca presume además de una peculiar burbuja microclimática protegida por las montañas, gracias a la cual el tiempo es agradable incluso cuando el resto de Europa se congela. Ya busques descanso tranquilo, la aventura de descubrir pueblos escondidos de montaña o la arquitectura desbordante del cercano Benidorm, este rincón de España no te va a decepcionar. Vamos a ver juntos lo mejor que te pueden ofrecer Alicante y todos sus alrededores.

Resumen para quien no tiene tiempo de leer el artículo entero
- El símbolo de la ciudad: sobre Alicante se alza el monumental castillo de Santa Bárbara, al que subes fácilmente con un ascensor excavado en la propia roca.
- Las callejuelas más bonitas: el histórico Barrio Santa Cruz te enamorará con sus casitas blancas, sus estrechas escaleras y una explosión de flores de colores.
- Vida de playa: en pleno centro tienes la playa urbana del Postiguet, pero para arena infinita coge el tranvía hasta la cercana playa de San Juan.
- Excursiones por los alrededores: no te pierdas la salida en barco a la isla pirata de Tabarca, el pueblo de montaña de Guadalest o el fotogénico pueblo de Altea.
- Sin coche: toda la Costa Blanca está estupendamente conectada por la moderna red TRAM d’Alacant, que te lleva por una ruta panorámica hasta Dénia.
- Experiencia culinaria: de esta región procede precisamente la auténtica paella española, que deberías probar en alguno de sus restaurantes tradicionales.
Cuándo viajar a Alicante y la Costa Blanca

Gracias a las montañas que bordean la costa y frenan los vientos fríos del interior, Alicante presume de más de 300 días de sol al año. Los inviernos son increíblemente soleados y cálidos, lo que convierte a la región en un imán enorme para nómadas digitales y para quienes huyen del gris centroeuropeo. Si lo que te interesa sobre todo es conocer monumentos y hacer excursiones a la montaña, la época ideal es la primavera o el otoño, cuando las temperaturas rondan unos muy agradables 20 a 25 grados.
El verano en la Costa Blanca suele ser caluroso y bullicioso, y julio y agosto son el pico absoluto de la temporada. En esas fechas tendrás que contar con playas llenas, precios de alojamiento más altos y temperaturas que superan sin problema los treinta grados. El icónico Benidorm, en verano, revienta por las costuras. Por otro lado, el mar está perfectamente templado y la vida nocturna en los paseos vibra hasta la madrugada.
Si planeas el viaje para marzo, plantéate combinarlo con las espectaculares Fallas, que se celebran en la cercana Valencia del 1 al 19 de marzo. Es una experiencia totalmente única, llena de enormes ninots, fuegos artificiales y pólvora. Eso sí, no olvides reservar el alojamiento o los billetes de tren con mucha antelación, porque en esas fechas toda la zona se convierte en un hormiguero gigantesco.
Dónde alojarse en Alicante

Elegir el barrio adecuado depende sobre todo del tipo de vacaciones que prefieras. Para quienes quieren tenerlo todo al alcance de la mano, la mejor opción es el centro histórico (Centro) o el Casco Antiguo. Alojarte aquí significa tener el paseo marítimo, los principales monumentos y los mejores bares de tapas literalmente a un par de pasos de la puerta. Una gran experiencia es, por ejemplo, el elegante Hotel Hospes Amérigo, ubicado en un antiguo convento dominico y con una piscina en la azotea de vistas impresionantes al castillo.
Otra opción excelente en pleno centro es el coqueto hotel boutique Casa Alberola, que te transporta al ambiente de los años veinte del siglo pasado. Si, por el contrario, vas buscando el mar y solo quieres acercarte de vez en cuando al centro, plantéate alojarte en la zona de la playa de San Juan. Aquí encontrarás más bien apartamentos modernos y grandes resorts, y el tranvía local te lleva al centro de Alicante de forma cómoda y rápida.
Los precios del alojamiento dependen, lógicamente, de la temporada. Mientras que en noviembre consigues una habitación preciosa por una fracción del precio de verano, en agosto las cifras se disparan. Reserva siempre tu alojamiento con suficiente antelación, idealmente a través de portales fiables como Booking.com, donde puedes leer con calma las reseñas más recientes de otros viajeros. En cuanto a la tasa turística, la situación en España evoluciona rápido, pero en la provincia de Alicante se pospuso recientemente el cobro previsto, así que conviene consultar la situación actual para 2026 directamente con el hotel elegido.
20 planes para ver y hacer en Alicante y alrededores

Alicante no es solo un punto de paso desde el aeropuerto, sino un destino de pleno derecho que merece tu atención. Desde monumentos históricos hasta mercados llenos de vida, pasando por excursiones por toda la Costa Blanca, aquí no te vas a aburrir.
1. Castillo de Santa Bárbara

Esta monumental fortaleza medieval es una de las más grandes de España y se alza sobre el monte Benacantil a 166 metros de altura, justo encima del centro de la ciudad. El castillo de Santa Bárbara es el guardián simbólico de Alicante y su historia se remonta al siglo IX, cuando la península ibérica estaba bajo dominio musulmán. Recorrer el amplio recinto te puede llevar tranquilamente dos horas, durante las que explorarás torres antiguas, murallas y antiguas mazmorras.
La subida puede resultar bastante dura en los meses de calor, pero por suerte hay una solución elegante. Desde la propia playa del Postiguet parte un túnel hacia un ascensor excavado en la roca que, por un pequeño precio, te sube hasta la mismísima cima. Si eres deportista, por supuesto puedes subir el cerro a pie a través del bonito parque de la Ereta y tu recompensa serán las vistas que se van abriendo poco a poco.
💡 Consejo: el mejor momento para visitar el castillo es justo antes del atardecer. Los muros de piedra se tiñen de dorado y las vistas a la ciudad, al puerto y al mar infinito son absolutamente mágicas con esa luz. Además, la entrada al castillo es totalmente gratuita.
2. El casco antiguo: Barrio Santa Cruz

Justo a los pies del castillo se extiende el barrio más pintoresco y fotogénico de toda la ciudad. El Barrio Santa Cruz es un laberinto de callejuelas estrechas y empinadas y de escaleras interminables, donde el tiempo se detuvo hace muchas décadas. Las fachadas blanquísimas de las casitas contrastan con el cielo de un azul intenso, y casi cada ventana o balcón está literalmente cubierto de flores de colores en macetas pintadas a mano.
Al pasear por este barrio tendrás la sensación de haber aterrizado en un pueblecito andaluz y no en el centro de un bullicioso destino de playa. Los vecinos están muy orgullosos de sus casas y a menudo se sientan fuera en sus sillas, charlan con los vecinos y disfrutan del ambiente tranquilo. Como aquí no puede entrar ningún coche, reina un silencio precioso, interrumpido solo por el tintineo de la vajilla y algún ladrido.
No te olvides de calzado cómodo, porque subir tantas escaleras cansa un poco. En lo alto del barrio está la pequeña ermita de Santa Cruz, desde donde se abre otra bonita vista de la ciudad, algo más baja. Precisamente de aquí salen en Semana Santa las procesiones más solemnes y emotivas.
3. El paseo de la Explanada de España

Si Alicante tiene un corazón icónico, es sin duda este espectacular paseo marítimo. La Explanada de España de Alicante está formada por seis millones y medio de teselas de mármol colocadas en un fascinante patrón tridimensional de olas marinas en rojo, blanco y azul. Esta elegante arteria recorre todo el puerto y está flanqueada por cuatro hileras de altas palmeras datileras.
Durante el día, el paseo ofrece una sombra agradable y una brisa fresca que llega del mar, lo que lo convierte en el sitio ideal para un café por la tarde. Encontrarás decenas de cafeterías, restaurantes y pequeños puestos de artesanía local. Es el lugar perfecto para ver y dejarse ver, pasear y empaparse del ambiente relajado del sur de España.
💡 Consejo: ven aquí a dar un paseo al atardecer, el clásico «paseo» de toda la vida. Por la noche la explanada se llena de artistas callejeros, músicos y familias con niños, y el cercano quiosco de música a menudo acoge conciertos gratuitos al aire libre. Es la esencia del estilo de vida español.
4. La playa urbana del Postiguet

Pocas grandes ciudades pueden presumir de una playa tan buena en pleno centro histórico. La playa del Postiguet ofrece casi un kilómetro de arena dorada y fina y está literalmente a los pies del castillo de Santa Bárbara. Solo tienes que cruzar la calle desde la Explanada y ya estás junto a un Mediterráneo templado.
Por su ubicación, la playa es tremendamente popular tanto entre turistas como entre locales, así que en los meses de verano tienes que contar con mucho ambiente. Aun así mantiene un alto nivel de limpieza, que le vale año tras año la Bandera Azul. El agua es tranquila y la entrada al mar muy suave, algo que agradecerán sobre todo las familias con niños pequeños.
A lo largo de toda la playa serpentea un bonito paseo con sombra de palmeras donde encontrarás varios chiringuitos, los típicos bares de playa españoles. Puedes alquilar hamacas y sombrillas, o simplemente tender la toalla y disfrutar de la vista de la imponente roca con el castillo a tu espalda.
5. El Mercado Central

Puedes sumergirte en un torbellino de colores, olores y sabores locales en este precioso edificio de principios del siglo XX. El Mercado Central es un enorme mercado de dos plantas con detalles modernistas, cuyo interior y exterior merecen una parada arquitectónica. Nada más entrar te envuelve el auténtico temperamento español, el regateo a voces de los tenderos y una oferta increíblemente variada de productos frescos.
La planta baja está dedicada en gran parte a los productos locales, donde dominan las montañas de cítricos frescos, la verdura de la zona y los estupendos quesos españoles. Los chefs y las abuelas de la zona vienen de buena mañana también a por pescado o por el famoso jamón, aunque tú puedes montarte un pícnic vegetariano perfecto con tomates aromáticos, aceitunas y pan recién horneado.
💡 Consejo: combina la visita al mercado con un desayuno tardío o una comida temprana. Alrededor del mercado hay un montón de pequeños bares de tapas donde, con una caña bien fría o una copa de vino, te sirven las especialidades locales más frescas directamente de los puestos.
6. La playa de San Juan

Si la playa urbana te parece demasiado pequeña o llena, basta con subirte al tranvía y salir un poco de la ciudad. La playa de San Juan mide casi siete kilómetros y ofrece una franja infinita de arena fina que satisface hasta al vaguete de playa más exigente. Gracias a su enorme extensión, incluso en plena temporada alta siempre encuentras suficiente intimidad y espacio para tu toalla.
Esta playa es famosa por su excelente infraestructura. La bordea un amplio paseo lleno de estupendos restaurantes, cafeterías y heladerías, y no faltan pistas de voley playa ni gimnasios al aire libre. La entrada al mar es muy suave y el agua cristalina, lo que le garantiza cada año la Bandera Azul por su ecología y limpieza.
Llegar hasta aquí es facilísimo. Desde el centro de Alicante las líneas del TRAM te dejan aquí en menos de media hora, de forma muy cómoda y barata. Las paradas del tranvía están a solo unas decenas de metros del mar, así que no tienes que cargar con el equipo de playa demasiado lejos.
7. Excursión en barco a la isla de Tabarca

Una de las mejores excursiones de un día que puedes hacer desde Alicante te lleva a la cercana isla de Tabarca. Es la isla habitada permanentemente más pequeña de España, con apenas dos kilómetros escasos de largo. En el pasado sirvió de refugio a piratas berberiscos, hasta que en el siglo XVIII el rey Carlos III la mandó fortificar y poblar con cautivos rescatados de la ciudad tunecina de Tabarka.
Hoy la isla es una reserva marina protegida, lo que la convierte en un auténtico paraíso para los amantes del snorkel y el buceo. El agua que la rodea es transparente y está llena de vida submarina. Tras explorar las calas, no dejes de adentrarte en el pueblo amurallado, con sus callejuelas pintorescas y su iglesia histórica, donde respirarás el ambiente de tiempos pasados.
Los barcos a Tabarca salen con regularidad directamente del puerto de Alicante. La travesía en catamarán dura unos 45 minutos y a menudo tiene fondo de cristal para observar los peces durante la navegación. No olvides llevar suficiente crema solar y agua, porque en la isla hay bastante poca sombra.
8. Altea, la perla blanca de la costa

Quien prefiera la cara más tranquila y poética de la costa debería salir de Alicante en dirección norte. A Altea, en la provincia de Alicante, a menudo se la considera —y con razón— el pueblo más bonito de toda la Costa Blanca. Su casco antiguo es una preciosa cascada de casas blanquísimas que trepan por la colina hasta la imponente iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, con sus inconfundibles cúpulas azules.
Este pueblo es tierra de artistas. Las callejuelas empedradas están literalmente sembradas de pequeñas galerías de arte, tiendas de artesanía y cafeterías familiares. No esperes aquí grandes resorts ni discotecas desenfrenadas: Altea protege con mimo su ambiente bohemio y relajado, que invita a descubrir con calma y a empaparse de inspiración.
💡 Consejo: cuando subas hasta lo más alto, a la plazuela delante de la iglesia, se abrirá ante ti una de las mejores panorámicas del Mediterráneo. Es el sitio ideal para sentarte con un café y observar el mundo a tu alrededor.
9. Calpe y el majestuoso Peñón de Ifach

Un poco más al norte llegarás al municipio de Calpe, dominado por un fenómeno natural imposible de ignorar. El Peñón de Ifach es una enorme roca calcárea que se alza 332 metros directamente desde el mar, y está declarado el parque natural más pequeño de España. Este «Gibraltar de la Costa Blanca» divide el litoral en dos preciosas y anchas playas de arena.
Para los viajeros más activos es prácticamente obligatoria la subida a la cima de esta impresionante roca. La primera mitad del camino discurre por un túnel excavado y es bastante fácil, pero la segunda parte exige buen calzado y algo de forma física, porque se trepa por rocas resbaladizas con ayuda de cuerdas. Aun así, las vistas desde arriba a la costa curva y al mar brillante no tienen rival en muchos kilómetros a la redonda.
Además de la roca merece la pena explorar el centro de Calpe, donde encontrarás los restos de los antiguos baños romanos de los Baños de la Reina y un lago salado en pleno pueblo, donde a menudo puedes observar flamencos salvajes vadeando tranquilamente en el agua poco profunda.
10. Benidorm, rascacielos y diversión sin fin

Benidorm, en la provincia de Alicante y en España, es un fenómeno que polariza sin falta a las masas de turistas. De un tranquilo pueblo pesquero pasó a ser la ciudad con mayor concentración de rascacielos por habitante del mundo, motivo por el que a menudo se la apoda el Manhattan europeo. Aquí encontrarás pubs británicos con desayuno inglés a todas horas, discotecas de neón, cabarets y enormes parques de atracciones.
Suele surgir la pregunta de si es solo diversión hortera o una base familiar ideal. La verdad es que se cumplen las dos cosas. Benidorm ofrece algunas de las playas más limpias y anchas de España, en concreto Levante y Poniente, con una infraestructura perfecta. Quien busque pueblos españoles auténticos, que se aleje de aquí; pero quien necesite una base despreocupada con diversión y parques acuáticos garantizados, quedará encantado.
💡 Consejo: pese a la muralla de rascacielos, Benidorm tiene su rincón pintoresco. El mirador del Balcón del Mediterráneo, encaramado en un peñasco entre las dos playas principales, ofrece unas vistas preciosas del atardecer y está muy bien rehabilitado en estilo tradicional.
11. El pueblo de montaña de Guadalest

Si quieres descansar del bullicio playero, adéntrate en el interior. Guadalest es uno de los pueblos de montaña más visitados de España y su ubicación dramática te dejará literalmente sin aliento. El pueblo está excavado en la propia roca y a su parte histórica solo se accede a pie, a través de un túnel abierto en la piedra maciza.
El mayor reclamo es su castillo de San José, desde el que se disfruta de una vista fenomenal del embalse de agua esmeralda en el valle a tus pies. El contraste del cielo azul brillante, las casas blancas, las rocas grises y el agua turquesa parece salido de un cuadro perfecto. El propio pueblo tiene apenas unos cientos de habitantes, pero te sorprenderá con la cantidad de curiosos micromuseos.
Aquí encontrarás, por ejemplo, un museo de miniaturas donde puedes ver la estatua de la Libertad en el ojo de una aguja, o un museo de vehículos históricos. El viaje en coche desde Alicante dura alrededor de una hora y discurre por un paisaje de montaña precioso, aunque por tramos muy sinuoso.
12. Jávea (Xàbia) y la cala Granadella

Para quienes practican el llamado slow travel y buscan la cara más auténtica de la costa, Jávea, en Alicante, es una destinación de ensueño. El pueblo ha sabido conservar su carácter histórico, ya que aquí no encontrarás edificios altos que afeen el paisaje, a diferencia del cercano Benidorm. El centro histórico está formado por callejuelas estrechas con detalles góticos y una preciosa iglesia fortificada del siglo XIV.
Pero el mayor tesoro de la zona es su costa recortada. La playa de la Cala Granadella, encajada en una cala profunda, gana con regularidad las encuestas de la playa más bonita de España. La rodean escarpados acantilados de pinos y el agua, gracias al fondo de cantos rodados, es totalmente transparente e ideal para el snorkel.
En los meses de verano el acceso a esta playa suele estar regulado por aforo, así que te recomiendo salir muy temprano o utilizar el servicio de lanzadera que organiza el ayuntamiento. Además del baño, la zona ofrece estupendas rutas de senderismo por los acantilados, desde donde llegas a ver la isla de Ibiza.
13. Villajoyosa, el pueblo del color y el chocolate

Justo al sur de Benidorm hay un pueblo del que te enamorarás a primera vista. Villajoyosa, a menudo llamada simplemente La Vila, es famosa por sus casitas increíblemente coloridas que bordean el paseo marítimo principal. Según la leyenda local, los pescadores pintaban sus casas de colores vivos para reconocer su hogar desde lejos, en el mar, al volver de la pesca.
Además de su arquitectura fotogénica, el pueblo tiene otro reclamo enorme y, encima, muy dulce. Villajoyosa es el centro histórico de la fabricación de chocolate en España y aquí tiene su sede la famosa marca Valor. Puedes visitar su museo del chocolate gratuito, donde aprenderás todo sobre el procesado de los granos de cacao y, al final del recorrido, te espera una generosa degustación.
La playa local es muy ancha, limpia y, a diferencia de sus vecinos más conocidos, aquí disfrutarás de un ambiente mucho más tranquilo y local incluso en verano. Es el sitio ideal para una tarde tranquila en familia rematada con una recompensa dulce.
14. Dénia y su majestuoso castillo

En el extremo norte de la Costa Blanca está Dénia, una ciudad que mezcla una historia rica con una vibrante vida portuaria. Justo sobre el centro se alza un extenso castillo musulmán de los siglos XI y XII que ofrece vistas panorámicas fantásticas de la ciudad, el mar y el cercano macizo montañoso del Montgó. Pasear por sus murallas es como viajar en el tiempo.
Dénia es también un importante nudo de transporte, ya que desde aquí zarpan los ferris a las Islas Baleares, y la travesía a Ibiza dura poco más de dos horas. Si tienes tiempo de sobra, puedes combinar fácilmente tus vacaciones en la península con una visita a estas famosas islas.
La ciudad presume además del título de Ciudad Creativa de la Gastronomía de la UNESCO. Su centro histórico está lleno de estupendos restaurantes y bares de tapas, donde puedes disfrutar de los mejores productos locales. Llegas cómodamente a Dénia desde Alicante con un viaje panorámico en la línea 9 de la red de tranvía TRAM.
15. El Palmeral de Elche

A solo unos veinte kilómetros hacia el interior desde Alicante hay un lugar que no tiene parangón en Europa. El Palmeral de la ciudad de Elche es el mayor palmeral de Europa, con más de 200.000 palmeras datileras, y está justamente inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este singular sistema de riego lo crearon aquí los musulmanes ya en el siglo X.
La mejor forma de explorar este oasis verde es hacer un paseo a pie por la llamada Ruta del Palmeral. No te pierdas la visita al jardín botánico del Huerto del Cura, donde crece la famosa Palmera Imperial de siete brazos, cuya forma recuerda a un enorme candelabro.
En los meses de verano, la sombra de miles de palmeras ofrece un frescor natural fantástico frente al ardiente sol español. A Elche llegas muy fácil y rápido desde Alicante en el tren de cercanías, un trayecto de aproximadamente media hora.
16. Las Fuentes del Algar

Si buscas un refresco que no tenga que ver con el agua salada del mar, tienes que salir a la reserva natural cerca del pueblo de Callosa d’en Sarrià. Las Fuentes del Algar son una cascada de preciosos saltos de agua y piscinas naturales de agua de montaña transparente, que baja hasta aquí desde los macizos de alrededor.
La zona está estupendamente preparada para los visitantes. A lo largo del río discurre una ruta ecológica de un kilómetro y medio con pasarelas de madera que te lleva por el paisaje natural más bonito. En muchas de las piscinas está permitido el baño, pero prepárate: el agua es realmente helada incluso en el agosto más caluroso y te espabila garantizado.
💡 Consejo: este prodigio natural es muy popular, así que ve a primera hora, a la apertura, para evitar las aglomeraciones y disfrutar tranquilamente del murmullo del agua. En el recinto se paga una pequeña entrada que ayuda a mantener el lugar en perfecto estado.
17. El puerto de Alicante (Marina Deportiva)

De vuelta en Alicante no deberías dejar de pasar por su puerto deportivo. La Marina Deportiva es el hogar de cientos de yates y veleros de lujo que se mecen sobre el agua tranquila justo al lado del centro histórico. Es una parte moderna y muy elegante de la ciudad, que enlaza sin costuras con el famoso paseo de la Explanada.
El puerto funciona como un enorme centro de ocio y gastronomía. Encontrarás dos plantas llenas de buenos restaurantes, cafeterías, heladerías y también el popular Casino Mediterráneo. De día puedes recrearte con la vista al mar y descansar, mientras que de noche toda la zona se transforma en un vibrante centro de vida nocturna con música y cócteles.
Es también el sitio donde puedes alquilar un barco, reservar clases de paddle surf o pagarte un paseo nocturno al atardecer, lo cual es una de las experiencias más románticas que te puedes llevar de Alicante.
18. La concatedral de San Nicolás

Explorando las callejuelas del casco antiguo del Barrio Santa Cruz te toparás con el principal templo religioso de la ciudad. La concatedral de San Nicolás resulta por fuera bastante discreta y sobria, ya que se construyó en el severo estilo renacentista de la llamada arquitectura herreriana. Pero su interior te dejará totalmente asombrado.
La joya del interior es su preciosa girola y la capilla de la Comunión, decorada con un detalle increíble, una muestra magistral del barroco español. La catedral se levantó sobre los cimientos de una antigua mezquita tras la reconquista cristiana y sigue siendo hoy el centro espiritual de la ciudad.
La entrada a la catedral es gratuita; solo no olvides respetar la tradicional siesta española, porque a mediodía la iglesia suele cerrar al público. Es el lugar ideal para un rato de reflexión tranquila en medio de un ajetreado día turístico.
19. El museo arqueológico MARQ

Si crees que los museos arqueológicos son solo vitrinas aburridas con cascotes llenos de polvo, el MARQ de Alicante te sacará rápido del error. Este museo fue declarado Mejor Museo Europeo del Año y presume de un enfoque totalmente innovador y muy interactivo de la historia de toda la Costa Blanca.
La exposición te lleva desde la Edad de Piedra, pasando por el dominio romano, hasta la Edad Media. Gracias a modernas tecnologías audiovisuales, escenografías y elementos interactivos, sentirás que caminas de verdad por la historia. El museo tiene su sede en un precioso edificio histórico, un antiguo hospital, y el diseño de las propias salas de exposición es muy impactante.
Es el plan B perfecto por si llueve inesperadamente, o una gran forma de descansar del abrasador sol del mediodía. Los objetos están estupendamente explicados y el museo, sorprendentemente, también entretiene a los niños.
20. La gastronomía local y la auténtica paella

La visita a esta región no estaría completa sin sumergirse a fondo en la escena culinaria local. La vecina Valencia, y con ella toda la Costa Blanca, es la cuna indiscutible de la auténtica paella. Aunque el resto del mundo piensa que la paella se hace sobre todo con marisco, eso lleva a los cocineros locales a la pura desesperación. La tradicional paella valenciana nació históricamente como comida de los jornaleros pobres del campo.
La receta original NUNCA lleva gambas ni mejillones. La auténtica paella valenciana se cocina con pollo y conejo, judías verdes y blancas y azafrán. Pero si, como nosotros, no eres muy de carne, no te desesperes. La mayoría de las arrocerías tradicionales (restaurantes especializados en arroz) saben preparar una versión vegetariana absolutamente perfecta y llena de verdura fresca, que conserva lo más importante: el sabor ahumado de la cocción con leña y esa costra crujiente del fondo de la sartén que llaman socarrat.
Además de la paella, aquí te toparás con el arroz cocido en un caldo intenso llamado arroz a banda, o con la fideuà, que se prepara de forma parecida pero donde el papel protagonista lo juega la pasta corta en lugar del arroz. No dejes de probar las tapas locales en versión vegetariana, como las patatas bravas con salsa picante, la berenjena a la plancha con miel o la refrescante horchata de chufa. Para más inspiración, lee nuestra guía sobre la comida típica española.
Adónde ir desde Alicante
Alicante es un fantástico punto de partida para descubrir otras zonas de España. Gracias a sus estupendas conexiones ferroviarias se abren varias opciones tentadoras:
- Valencia: la tercera ciudad más grande de España, con su impresionante Ciudad de las Artes y las Ciencias, está a menos de dos horas en un cómodo tren.
- Madrid: gracias a los trenes de alta velocidad AVE llegas a la capital en una hora y cincuenta minutos increíbles. ¡Ideal para una escapada de fin de semana!
- Málaga: si te atrae un ambiente más sureño y quieres explorar la soleada Andalucía, Málaga es un estupendo comienzo.
- Los 20 lugares más bonitos de Andalucía: itinerario y mapa: ¿planeas un roadtrip? Echa un vistazo a nuestro itinerario detallado por todo el sur de España.
- Ibiza: desde la cercana Dénia zarpan ferris directos a esta famosa isla, así que puedes combinar fácilmente la península con las Baleares.
- Barcelona: si tienes más tiempo, puedes ir en tren por la costa hasta la capital catalana, llena de arquitectura de Gaudí.
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¿Cómo llegar del aeropuerto de Alicante al centro?
El aeropuerto de Alicante-Elche (ALC) se encuentra a tan solo unos 9 kilómetros de la ciudad. La opción más sencilla y económica es utilizar el autobús azul de la línea C6, que pasa cada veinte minutos y te lleva directamente a la estación principal de tren o a la Plaza de los Luceros. El trayecto dura aproximadamente veinte minutos y puedes comprar el billete directamente al conductor.
¿Son caras las vacaciones en Alicante?
En comparación con Barcelona, Madrid o las Islas Baleares, Alicante y toda la Costa Blanca siguen siendo un destino muy asequible. Puedes encontrar excelentes menús del día en restaurantes a precios muy razonables y el transporte en el tranvía local es francamente barato. Los precios del alojamiento, por supuesto, suben radicalmente durante julio y agosto.
¿Cuántos días necesito para visitar Alicante?
Para la ciudad de Alicante y sus principales monumentos te bastarán tranquilamente dos días completos. Pero si quieres explorar las playas de los alrededores, escaparte a la isla de Tabarca o recorrer en tranvía hasta Altea y Calpe, te recomiendo reservar al menos cinco a siete días para toda la región.
¿Necesito coche de alquiler en la Costa Blanca?
Definitivamente no, si quieres quedarte cerca de la costa. Alicante y los centros turísticos de los alrededores están perfectamente conectados por la moderna red del TRAM d’Alacant, que te lleva a Benidorm, Calpe y Dénia con preciosas vistas al mar desde la ventana. El coche solo te merece la pena si quieres explorar pueblecitos de montaña más remotos, como Guadalest.
¿Hay playas de arena en Alicante?
Sí, Alicante y sus alrededores son famosos por sus magníficas playas de arena fina y dorada. En pleno centro encontrarás la playa urbana del Postiguet, y justo a las afueras de la ciudad se extiende la espectacular playa de arena de San Juan, de siete kilómetros, con una entrada al mar muy suave.
¿Se paga tasa turística en Alicante?
A diferencia de muchas otras regiones españolas, Valencia y la Costa Blanca retrasaron durante mucho tiempo la introducción de la tasa turística. La tasa prevista originalmente fue suspendida tras las últimas elecciones, por lo que actualmente no se cobra. Pero antes de viajar en 2026, es mejor que confirmes la situación actual con tu alojamiento, porque las normas pueden cambiar rápidamente.
¿Es potable el agua del grifo en Alicante?
Sí, el agua del grifo es sanitariamente segura y potable en toda España, incluida Alicante. Sin embargo, debido al alto contenido en minerales y al proceso específico de desalinización, puede tener un sabor un poco peculiar, ligeramente clorado, al que muchos turistas no están acostumbrados. Por eso, para beber a diario, mucha gente prefiere comprar agua embotellada en los supermercados.
