Cuando se habla de Portugal, la mayoría de los viajeros piensa de inmediato en las playas soleadas del Algarve o en los tranvías amarillos de Lisboa. Sin embargo, si buscas una naturaleza auténticamente salvaje y libre, tienes que dirigirte al extremo norte del país, cerca de la frontera con España. Allí se extiende el Parque Nacional de Peneda-Gerês Portugal, que sorprendentemente es el único parque nacional oficial de todo el país. Te esperan valles profundos, acantilados de granito, ríos de aguas cristalinas y pequeñas aldeas de piedra donde el tiempo parece haberse detenido.
En esta guía encontrarás 12 recomendaciones concretas de lugares que no deberías perderte en el parque. Repasaremos las cascadas más espectaculares, exploraremos un antiguo camino romano y te contaremos dónde tienes más posibilidades de avistar caballos salvajes. También descubrirás cuáles son las mejores bases para alojarte y en qué debes fijarte cuando conduces por las estrechas carreteras de montaña. El norte de Portugal es más agreste que el resto del país, pero precisamente por eso las experiencias que ofrece son mucho más auténticas.

Resumen
- El único parque nacional del país: Peneda-Gerês se encuentra en el norte de Portugal, junto a la frontera española, y ofrece montañas imponentes, cascadas y bosques profundos.
- Mejor época para visitar: Las mejores condiciones para el senderismo son en primavera y otoño, mientras que el verano invita a bañarse en las pozas de montaña.
- Transporte y conducción: Para explorar el parque es imprescindible contar con coche propio, pero hay que contar con carreteras muy estrechas y sinuosas.
- Aldeas históricas: No te pierdas las aldeas de piedra de Soajo y Lindoso, famosas por sus singulares hórreos de granito sobre pilares.
- Baños naturales: Cascadas como la Cascata do Arado o la Cascata do Tahiti ofrecen un chapuzón refrescante, aunque el agua está muy fría incluso en verano.
- Fauna salvaje: Con un poco de suerte y paciencia, puedes avistar en las llanuras los caballos semi-salvajes de la raza garrano o majestuosas aves rapaces.
- Descanso termal: Tras las rutas más exigentes, puedes relajarte en la histórica villa balnearia de Caldas do Gerês, con sus manantiales medicinales.

Cuándo visitar Peneda-Gerês
Planificar un viaje al norte de Portugal requiere pensar un poco en el clima. Esta región es mucho más húmeda y fría que el resto del país, y esa es precisamente la razón por la que luce un verde tan intenso y exuberante. Los meses de invierno, de noviembre a febrero, traen lluvias abundantes y en las cotas más altas puede caer nieve, por lo que varios senderos se vuelven difícilmente transitables o peligrosos.
Si tu objetivo principal es el senderismo y la exploración de monumentos, la mejor opción son los meses de primavera (abril a junio) o el inicio del otoño (septiembre y octubre). En primavera el deshielo alimenta todas las cascadas con una fuerza increíble, mientras que el otoño tiñe los bosques de roble de preciosos tonos dorados y rojizos. Las temperaturas en esta época oscilan entre los 15 y los 20 grados, lo que resulta perfecto para las subidas por las empinadas laderas.
El verano, de julio a agosto, es la temporada alta, cuando el parque recibe principalmente visitantes locales. Las temperaturas en los valles pueden superar los 35 grados, lo que convierte las rutas más exigentes en una aventura agotadora. Por otro lado, es la única época del año en la que incluso los menos valientes se atreven a meterse en los lagos y pozas de montaña. Eso sí, prepárate para encontrar bastante gente en las cascadas más conocidas y en los aparcamientos.

Dónde alojarse en Peneda-Gerês
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: Para buscar alojamiento solemos usar Booking.com, donde encontrarás las mejores condiciones de cancelación. Para entradas, excursiones y actividades, merece la pena comparar y reservar a través de GetYourGuide.
El parque nacional es enorme y los desplazamientos entre sus distintas zonas llevan mucho tiempo por las estrechas carreteras. Por eso es fundamental elegir una base estratégica en función de las actividades que tengas planeadas. La mayoría de los visitantes opta por alojarse en la parte sur del parque, que es la más accesible y la que ofrece más servicios, restaurantes y rutas de senderismo bien señalizadas.
El centro más popular es la villa termal de Caldas do Gerês, donde encontrarás todo lo necesario, desde supermercados hasta farmacias. Si buscas un alojamiento con estilo y cierto toque de lujo, una excelente opción es el histórico Adelaide Hotel en pleno centro, o el más moderno Selina Gerês, con vistas espectaculares al río. Reserva con bastante antelación a través de Booking, porque en los meses de verano y los fines de semana se llena con rapidez.
Para quienes buscan tranquilidad absoluta y una atmósfera auténtica, recomiendo alojarse en la parte norte del parque, en los alrededores de la aldea de Soajo. Aquí puedes alquilar casas de piedra tradicionales reconvertidas en acogedores alojamientos rurales, que te ofrecerán una experiencia única en el Portugal más rural. Destaca especialmente el Casas do Cavaleiro Eira, donde dormirás en edificios históricos cuidadosamente restaurados con todas las comodidades modernas en su interior.

12 lugares que ver y hacer en Peneda-Gerês
El parque nacional de Peneda-Gerês Portugal ofrece una cantidad enorme de actividades, desde paseos tranquilos hasta rutas de senderismo exigentes para todo el día. Cálzate unas buenas botas, lleva suficiente agua y sal a descubrir los rincones más fascinantes que esconde este paisaje salvaje.

1. Cascata do Arado: cascada y pozas naturales
Esta cascada es uno de los lugares más conocidos y fotografiados de todo el parque. El agua cae en varias cascadas de granito hasta una poza de color turquesa que en los meses de verano invita irresistiblemente a darse un baño. El camino hasta ella sigue una pista forestal pavimentada a la que se llega desde el mirador de Pedra Bela, aunque el último kilómetro hay que hacerlo a pie por un sendero de piedras.
La cascada en sí puede admirarse desde una plataforma mirador con barandilla, a la que se accede por unas escaleras de piedra. Si te gustan las emociones, muchos visitantes bajan con cuidado por las rocas hasta las pozas inferiores, aunque las piedras suelen estar extremadamente resbaladizas y hay que extremar la precaución. En temporada alta hay bastante afluencia, por lo que merece la pena madrugar y llegar en las primeras horas de la mañana.
💡 Consejo local: No te limites a visitar solo la cascada principal. Si sigues los senderos no oficiales a lo largo del río hacia arriba, encontrarás otras pequeñas cascadas y pozas donde tendrás mucha más intimidad incluso en los días más concurridos del verano.

2. Vistas inolvidables desde el Miradouro da Pedra Bela
Si tuvieras que elegir un solo mirador en todo el parque nacional, que sea este. Pedra Bela se encuentra a más de 800 metros de altitud y ofrece una vista absolutamente espectacular sobre el profundo valle del río Cávado y el gran embalse de Caniçada. Es uno de esos lugares donde uno toma plena conciencia de la inmensidad y la majestuosidad de la naturaleza que lo rodea.
El acceso es muy sencillo, ya que se puede llegar en coche prácticamente hasta el mismo mirador, donde hay un pequeño aparcamiento y varios bancos de piedra. El lugar está flanqueado por enormes rocas de granito y pinos centenarios que proporcionan una agradable sombra para descansar por la tarde. Es también un punto de partida muy popular para rutas de senderismo hacia las cotas más altas de la sierra.
La atmósfera más mágica la vivirás durante la puesta de sol, cuando las colinas circundantes se tiñen de intensos tonos anaranjados y violetas. Las primeras horas de la mañana también pueden ser igual de impresionantes, cuando el valle bajo tus pies suele cubrirse de una densa niebla blanca de la que solo emergen las cimas más altas, como pequeñas islas en un mar de nubes.

3. La aldea de piedra de Soajo y sus icónicos hórreos
En la parte noroccidental del parque se esconde la tradicional aldea de Soajo, famosa por su arquitectura y, sobre todo, por sus singulares hórreos de granito, conocidos como espigueiros. Estas construcciones que recuerdan a pequeñas capillas de piedra se levantan sobre altos pilares para proteger el maíz y el grano almacenados de la humedad del suelo y de los roedores hambrientos. En Soajo encontrarás un grupo de veinticuatro de ellos agrupados en un mismo espacio, y los más antiguos datan del siglo XVIII.
La aldea en sí es una red de callejuelas empedradas donde todavía puedes ver a los habitantes más mayores con ropa oscura tradicional y perros pastores que campan a sus anchas. En la plaza central se alza un curioso picota de piedra (pelourinho) con un rostro sonriente tallado, que recuerda la histórica independencia de esta comunidad. Te recomiendo aparcar el coche en los alrededores del pueblo, ya que adentrarse con un vehículo de alquiler por las calles más estrechas es un riesgo innecesario.
💡 Consejo local: Si te entra el hambre, para en alguno de los pequeños restaurantes del pueblo. Aunque la región es conocida sobre todo por sus platos de carne, siempre encontrarás una deliciosa sopa de caldo verde, quesos locales y un crujiente pan de maíz llamado broa, horneado en hornos de leña tradicionales.

4. El castillo y la mayor colección de hórreos en Lindoso

Cerca de la frontera con España se encuentra otra aldea fascinante: Lindoso, que forma con Soajo una especie de pareja inseparable. Aquí hallarás una concentración aún mayor de espigueiros, más de sesenta agrupados en la explanada junto al castillo. La visión de las decenas de cruces que coronan los tejados de estos hórreos envueltos en la niebla matinal resulta casi mística y con un punto inquietante.
El protagonista indiscutible de la aldea es el castillo medieval del siglo XIII, que desempeñó un papel clave en la defensa de la frontera portuguesa frente a las incursiones españolas. El recinto ha sido cuidadosamente restaurado y puedes pasear por sus murallas, desde donde disfrutarás de una vista preciosa sobre la aldea y las verdes colinas de alrededor. La entrada al castillo cuesta apenas un par de euros.
El paseo entre los hórreos es completamente gratuito y accesible a cualquier hora del día. Fíjate en el perfecto trabajo de cantería de las hendiduras en los muros de los espigueiros, diseñadas con precisión para que entre el aire fresco pero no el agua de lluvia durante las fuertes tormentas invernales.

5. Siguiendo los pasos de las legiones romanas por la Vía Romana Geira

El parque nacional no es solo naturaleza, sino también historia en estado puro. Por aquí discurre un tramo significativo de la antigua calzada romana Geira, que en su tiempo conectaba las importantes ciudades de Bracara Augusta (la actual Braga) y Asturica Augusta (la actual Astorga, en España). Aún hoy se conservan kilómetros de empedrado original por el que marchaban las legiones romanas y las caravanas de comerciantes.
Lo más singular de este trazado es la enorme cantidad de miliarios originales que se conservan. Estos imponentes cilindros de piedra con inscripciones en latín no solo indicaban las distancias, sino que también servían para glorificar a los emperadores que habían ordenado reparar la calzada. En la zona conocida como Mata de Albergaria podrás ver reunido en un mismo lugar un impresionante conjunto de estos monumentos históricos.
La ruta de senderismo que sigue la calzada romana es bastante asequible, porque los romanos construían sus vías con pendientes muy suaves. Puedes recorrer varios tramos a través de un bosque sombreado que te transportará dos mil años atrás en el tiempo. El sendero está bien señalizado y constituye una alternativa perfecta a las rutas de montaña más exigentes, especialmente en los días más calurosos del verano.

6. Encuentro con los caballos salvajes garrano
Una de las experiencias más hermosas del parque es la observación de la fauna salvaje, con los caballos semi-salvajes garrano como grandes protagonistas. Esta raza antiquísima y extremadamente resistente habita estas montañas agrestes desde hace milenios. Se caracteriza por su talla pequeña, su pelaje marrón oscuro y una agilidad asombrosa en el terreno rocoso. Ver una manada de estos caballos pastando libremente en los prados de montaña es un momento verdaderamente mágico.
Los caballos se mueven con total libertad por el parque, así que no existe ningún lugar garantizado donde puedas verlos con total seguridad. Sin embargo, tendrás muy buenas posibilidades en las amplias llanuras de los alrededores de Castro Laboreiro o al transitar por las carreteras de montaña hacia Portela do Homem. Con frecuencia también los avistas directamente junto a la carretera, pastando tranquilamente en los márgenes de las cunetas.
💡 Consejo local: Aunque los caballos parezcan mansos y a menudo se acerquen a las personas, recuerda que son animales semi-salvajes que pueden reaccionar de forma impredecible. No los alimentes, no intentes tocarlos y mantén una distancia de respeto, especialmente si hay potrillos en la manada, ya que las yeguas los protegen con mucho celo.

7. Los manantiales termales de Caldas do Gerês
En medio de los bosques más profundos aparece de repente la elegante villa de Caldas do Gerês, que parece llegada de otra época. Este histórico balneario creció en torno a manantiales termales ricos en minerales que ya conocían y aprovechaban los antiguos romanos. La columnata y el gran edificio termal con su parque conforman el corazón del pueblo, un lugar ideal para descansar tras las rutas más largas.
Los manantiales locales tienen una temperatura de unos 43 grados y son reconocidos por sus propiedades terapéuticas para el aparato digestivo y los trastornos metabólicos. Por un módico precio puedes entrar al salón termal principal y probar el agua mineral directamente de los grifos tradicionales. Eso sí, prepárate: el agua caliente con minerales tiene un sabor muy particular que no a todo el mundo le resulta agradable.
La villa es también el principal nudo turístico de todo el parque. Aquí encontrarás la mayor concentración de restaurantes, cafeterías y tiendas de souvenirs. Es el lugar ideal para reponer provisiones antes de continuar la ruta, sacar dinero en el cajero automático o tomarte un buen café con un delicioso pastel de nata.

8. El embalse y la aldea sumergida de Vilarinho das Furnas
La historia de este enorme embalse es fascinante y al mismo tiempo un poco triste. En 1971, con motivo de la construcción del pantano, una antigua aldea quedó completamente inundada: Vilarinho das Furnas, cuyos habitantes tuvieron que abandonar los hogares donde habían vivido durante siglos. Hoy este lugar es un destino muy visitado por los turistas que llegan a contemplar la enorme lámina de agua encajada entre empinadas laderas.
Pero lo más llamativo ocurre en épocas de gran sequía, habitualmente a finales del verano o principios del otoño. Cuando el nivel del embalse baja considerablemente, comienzan a emerger las ruinas de la aldea sumergida. Puedes ver los restos de los muros de piedra, los antiguos caminos y los cimientos de las casas, que tienen algo de ciudad fantasma aflorando desde las profundidades.
Los alrededores del embalse ofrecen rutas sencillas con muy poco desnivel, ideales para familias con niños o para los días en que apetece descansar de los ascensos más duros. El camino junto al agua está parcialmente sombreado por árboles y tiene muchos rincones preciosos para hacer un picnic en la hierba.

9. Cascata do Tahiti (Fecha de Barjas)
Esta cascada de nombre tan exótico es uno de los lugares más hermosos y, a la vez, más peligrosos del parque nacional. Su nombre oficial es Fecha de Barjas, pero todo el mundo la llama simplemente Tahiti. El agua cae con fuerza sobre una serie de escalones de granito y enormes bloques rocosos, entre los que forma pozas naturales profundas y de aguas cristalinas.
El acceso requiere buena forma física y máxima prudencia. Desde el pequeño aparcamiento junto a la carretera, un sendero empinado y con tierra baja hasta el río, y en algunos tramos tendrás que agarrarte a las barandillas de madera y a las raíces de los árboles. Bajo ningún concepto vengas con chanclas; unas zapatillas resistentes o botas de senderismo son completamente imprescindibles.
A pesar del terreno más exigente, en verano es un lugar tremendamente popular para bañarse, ya que las pozas inferiores tienen suficiente profundidad y ofrecen un refrescante chapuzón. Eso sí, el agua está helada y las rocas bajo la superficie pueden ser traicioneramente resbaladizas. Las excursiones organizadas desde Oporto suelen incluir una parada aquí, y puedes reservarlas fácilmente con antelación a través de plataformas como GetYourGuide.

10. El monumental Santuário de Nossa Senhora da Peneda
En el extremo más septentrional del parque, escondido en un profundo valle bajo una enorme pared de roca, se encuentra el santuario de Nossa Senhora da Peneda. Este precioso lugar de peregrinación te impresionará de inmediato con su monumental escalinata barroca flanqueada por pequeñas capillas de la Vía Crucis. Todo el conjunto recuerda vivamente al más famoso santuario del Bom Jesus en Braga, aunque gracias a su ubicación aislada en las montañas desprende una atmósfera mucho más misteriosa.
La historia de este lugar se remonta al siglo XIII, cuando según la leyenda se apareció aquí la Virgen María. La forma actual de la iglesia es principalmente de los siglos XVIII y XIX. Si te animas a subir hasta lo alto de la escalinata, la recompensa será no solo la visita al interior ricamente decorado, sino sobre todo la espectacular vista sobre el verde valle y la pequeña aldea que se extiende a tus pies.
El lugar cobra más vida durante la primera semana de septiembre, cuando se celebra una gran romería. En esas fechas, miles de peregrinos procedentes de todo Portugal y del norte de España se congregan en este valle apartado, y el tranquilo santuario se transforma en un gran festival de música, luces y celebraciones tradicionales.

11. El bosque protegido de Mata de Albergaria
Este profundo bosque de robles representa la parte biológicamente más valiosa y estrictamente protegida de todo el parque nacional. Se trata de un raro vestigio de los bosques primigenios europeos, donde los árboles están cubiertos por una gruesa capa de musgo y líquenes que le dan al conjunto un aspecto de cuento de hadas, casi mágico. Precisamente por aquí discurre también el tramo mejor conservado de la ya mencionada calzada romana Geira.
La conservación de la naturaleza se toma aquí muy en serio y las normas son estrictas. En los meses de verano, el paso de vehículos por el bosque está sujeto al pago de un peaje de alrededor de dos euros y rige una prohibición absoluta de detenerse. No puedes aparcar el coche en ningún punto, y si quieres explorar el bosque a pie, debes dejar el vehículo en los aparcamientos habilitados antes de la entrada a esta zona estrictamente protegida.
Pasear por este bosque es un auténtico bálsamo para el alma. Gracias a la densa copa de los árboles, reina aquí un agradable frescor incluso en los días más calurosos del verano; el aire huele a madera húmeda y lo único que escucharás es el canto de los pájaros y el murmullo del cercano río Homem. Es el lugar ideal para la reflexión tranquila y para desconectar de la civilización.

12. Relax y deportes acuáticos en el embalse de Caniçada
Si después de todas las rutas de montaña y la exploración de las aldeas necesitas un descanso, el embalse de Caniçada, en el límite sur del parque, es el lugar perfecto. Esta enorme lámina de agua forma la frontera natural del espacio protegido y sus orillas ofrecen varias playas fluviales acondicionadas donde puedes pasar una tarde tranquila con un buen libro en la mano.
A diferencia de las cascadas de montaña, el agua del embalse en verano está agradablemente templada y en calma, lo que la hace perfecta tanto para nadar como para las familias con niños pequeños. Aquí también encontrarás puntos de alquiler de material donde puedes coger una tabla de paddle surf, una canoa o un patín a pedales para explorar las ensenadas escondidas y las orillas arboladas desde una perspectiva completamente diferente.
💡 Consejo local: Para un final de día romántico, reserva un paseo en barco al atardecer en uno de los pequeños barcos turísticos. Cuando el sol comienza a descender tras las colinas y la superficie del embalse se tiñe de oro, entenderás por qué esta región está considerada uno de los rincones más bellos de toda la Península Ibérica.

Qué ver cerca de Peneda-Gerês
El norte de Portugal ofrece una enorme cantidad de lugares fascinantes que sería una lástima no visitar durante tu viaje. Desde el parque nacional se abren varias rutas naturales hacia destinos cercanos que combinan perfectamente con la visita.
- Si echas de menos el bullicio de una gran ciudad, dirígete a Oporto. Está a poco más de hora y media en coche. Lee nuestras recomendaciones sobre qué ver en Oporto, donde encontrarás todo sobre el famoso puente Luís I y las catas de vino de Oporto.
- Justo en el límite del parque se encuentra la histórica Braga, apodada la Roma portuguesa. Consulta nuestra guía de Braga Portugal, donde te contamos todo sobre la impresionante escalinata del Bom Jesus.
- Si te atraen más paisajes de montaña y un vino espectacular, pon rumbo al este. Muy cerca empieza el célebre Valle del Duero, donde la vid crece en terrazas escalonadas que caen directamente hasta el río.
- ¿Te interesa la atmósfera universitaria y la historia del centro de Portugal? Entonces planifica una parada en Coimbra Portugal, que presume de tener una de las universidades más antiguas de Europa.
Preguntas frecuentes
¿Necesito un coche de alquiler para visitar el parque?
Sí, tener coche propio es absolutamente imprescindible aquí. El transporte público al parque nacional es muy limitado y como máximo te llevará hasta el centro termal de Caldas do Gerês. Entre los distintos miradores, cascadas y pueblos ya no circulan autobuses, así que sin coche apenas verías una mínima parte del parque.
¿Cómo son las carreteras dentro del parque nacional?
Prepárate para encontrar carreteras de montaña a menudo muy estrechas, llenas de curvas cerradas y pendientes pronunciadas. La calidad del asfalto suele ser buena, pero en algunos pueblos te toparás con empedrado antiguo y resbaladizo. Al conducir hay que tener máxima precaución, porque en cualquier curva puedes encontrarte con vacas, caballos salvajes o una caravana que viene de frente.
¿Se paga entrada al parque nacional Peneda-Gerês?
No, la entrada al parque nacional es completamente gratuita. La única excepción es el paso por el bosque virgen estrictamente protegido de Mata de Albergaria durante los meses de verano, donde se cobra una pequeña tasa ecológica por vehículo en la barrera de entrada (alrededor de 2 euros). También son gratuitas todas las rutas de senderismo y los accesos a las cascadas.
¿Cuántos días debería reservar para explorar el parque?
Para que tu visita no se convierta en un gran estrés al volante, te recomiendo reservar como mínimo dos o tres días completos para el parque. En un solo día apenas podrás recorrer parte del circuito sur alrededor de Caldas do Gerês y ver una o dos cascadas. Para descubrir los pueblos más remotos del norte como Soajo necesitas un día adicional.
¿Es seguro bañarse en las cascadas?
Está permitido bañarse en las pozas naturales bajo las cascadas, pero lo haces bajo tu propia responsabilidad. El agua está extremadamente fría incluso en pleno verano, lo que puede provocar un choque térmico. También son peligrosas las piedras muy resbaladizas en las orillas y bajo el agua, por eso nunca intentes lanzarte al agua desde altura.
¿Hay animales salvajes peligrosos en el parque?
En las zonas más remotas de las montañas viven lobos ibéricos y glotones, pero la probabilidad de encontrártelos es mínima. Estos animales son extremadamente tímidos y evitan a los humanos a toda costa. Sin embargo, es común cruzarse con caballos semisalvajes y rebaños de vacas con cuernos largos, a los que debes tratar con respeto y no asustar innecesariamente.
¿Qué debo llevar en la mochila para las rutas por el parque?
El tiempo en la montaña puede cambiar muy rápidamente. Aunque haga calor en el valle, lleva siempre en la mochila una chaqueta ligera impermeable y suficiente agua, porque los manantiales en las rutas pueden secarse en verano. Absolutamente imprescindibles son unas buenas botas de senderismo con suela firme, porque las piedras de granito y las bajadas a las cascadas resbalan muchísimo.
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