Roma, en Italia, es una de esas ciudades capaces de absorberte por completo con su belleza, pero si llegas sin preparación, literalmente te tritura antes de que puedas lanzar tu primera moneda a una fuente. La mayoría de la gente viene aquí con la imagen romántica de paseos despreocupados entre columnas antiguas, con un cucurucho de helado artesanal perfecto en la mano y el viento en el pelo. La realidad, sin embargo, suele dejarlos de rodillas ya el primer día.
Los adoquines ardientes, las multitudes implacables apretujadas en callejones estrechos y las entradas desesperadamente agotadas pueden convertir las vacaciones soñadas en una pesadilla logística. Lukáš y yo adoramos Roma y siempre volvemos encantados, pero tuvimos que aprender que el secreto del éxito no está en cuántos monumentos consigues tachar de la lista, sino en el momento exacto y la planificación estratégica. La Ciudad Eterna no es simplemente un museo silencioso, es una metrópolis pulsante, ruidosa y de tres millones de habitantes, donde la Antigüedad se encuentra con el atasco matutino. 😅
En este artículo te mostraré cómo armar el itinerario perfecto de tres días para que al final no te duelan los pies más de lo estrictamente necesario. Recorreremos los monumentos más bellos, desde el Coliseo hasta el Vaticano, te aconsejaré dónde alojarte estratégicamente y te enseñaré cómo evitar las peores trampas para turistas. Y es que Roma puede ser sorprendentemente amable con tu bolsillo si conoces las reglas locales del juego. Vamos a ver juntos cómo disfrutar al máximo de la capital italiana. ☺️

Resumen para quienes no tienen tiempo de leer todo el artículo
- Compra las entradas con un mes de antelación: Las entradas al Coliseo (en la web oficial) se liberan exactamente 30 días antes y desaparecen en cuestión de minutos; las del Vaticano, incluso 60 días antes.
- Tres días son el mínimo: Organiza el itinerario con lógica. El primer día, la Antigüedad (Coliseo, Foro); el segundo día, el Vaticano y alrededores; el tercer día, el centro histórico.
- Nuevas normas en Trevi: Desde 2026, bajar directamente al pilón de la Fontana di Trevi cuesta una tasa de 2 € y el espacio tiene aforo limitado.
- El calzado cómodo es imprescindible: El empedrado romano (sampietrini) es despiadado. Deja en casa los tacones y las sandalias finas, o por la noche te dolerán los pies horrores.
- El café en la barra: Un espresso te costará alrededor de 1,20 € si lo tomas de pie en la barra. En cuanto te sientas a una mesa con camarero, pagarás el triple.
- El agua es gratis: No compres botellas de plástico a precios desorbitados. Por toda la ciudad hay cientos de fuentes (nasoni) con agua potable helada.
Cuándo viajar a Roma y cuántos días necesitas

Cazar el clima perfecto y escapar de las multitudes es probablemente la disciplina más difícil de todo viajero. El deseo básico es simple: todos queremos ver Roma bañada en sol, sentarnos en una terraza con una copa de Aperol, pero sin tener que apretujarnos junto a otras diez mil personas. Los mejores meses para visitarla son mayo, junio, septiembre y, sobre todo, octubre. Precisamente en otoño las temperaturas bajan a unos llevaderos 22 °C, el aire se aclara y la ciudad adquiere una luz preciosa y suave, ideal para las fotos. El precio de esta comodidad, eso sí, es alto: en estos meses la ciudad revienta por las costuras y los hoteles anuncian aforo completo.
El verano en Roma, en concreto julio y agosto, es toda una prueba de resistencia física y mental. Las temperaturas suelen subir entre los 31 y los 35 °C y la humedad convierte las calles en un invernadero sofocante. Las piedras antiguas del Coliseo absorben el calor durante el día e irradian como un horno gigante mucho después del anochecer. Si tienes que viajar en verano, tu rutina diaria debe cambiar radicalmente: levantarte a las seis, ver los principales monumentos antes de las diez de la mañana y refugiarte al mediodía en un restaurante con aire acondicionado o en el hotel. La siesta de la tarde aquí no es pereza, sino pura necesidad para sobrevivir. Además, en agosto se celebra el Ferragosto, cuando muchos locales cierran sus negocios familiares y huyen al mar.
El invierno, en cambio, es el secreto mejor guardado de los viajeros con presupuesto ajustado. Desde finales de noviembre hasta febrero las temperaturas se mantienen entre 5 y 13 °C, llueve de vez en cuando y las mañanas son frías y húmedas. Pero ganas algo que no tiene precio: muchísimo espacio. Los precios del alojamiento caen a mínimos anuales y las colas en los monumentos se reducen a lo mínimo. En enero recorrerás los Museos Vaticanos a tu propio ritmo, sin que la multitud te empuje por los pasillos como en una cinta transportadora.
¿Y cuántos días necesitas para todo esto? El mito de la escapada de fin de semana es seguramente la trampa más habitual. La gente intenta meter tres mil años de historia en dos días y el resultado son solo ampollas en los pies. Tres días son el mínimo absoluto para dividir la ciudad con lógica en zona antigua, Vaticano y centro histórico. Si quieres añadir una excursión a Pompeya o a las ruinas de Ostia Antica, lo ideal son 4 o 5 noches. Si viajas con niños, baja el ritmo automáticamente e incluye en el plan parques o visitas subterráneas, que les divertirán más que la historia árida.
Dónde alojarse en Roma
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: El alojamiento nos gusta buscarlo en Booking.com, donde suelen tener las mejores condiciones de cancelación. Las entradas, excursiones y actividades merece la pena compararlas en GetYourGuide.

La elección del barrio define toda tu experiencia en Roma. Si eliges mal, pasarás un tercio del día en un metro abarrotado o en autobuses que no cumplen los horarios. El dilema más habitual se da entre los barrios de Monti y Trastevere. Monti está estratégicamente situado justo detrás del Coliseo, tiene estación de metro y ofrece el equilibrio perfecto entre proximidad a los monumentos y huida de las multitudes. Encontrarás aquí estupendas tiendas vintage y un ambiente relajado, con los locales tomando una cerveza en las escaleras de la fuente. Trastevere, en cambio, es la encarnación del romanticismo, con callejones estrechos y una vida nocturna fantástica, pero no tiene metro y por la noche suele ser increíblemente ruidoso.
Para quienes quieren alojarse directamente dentro de una postal, está el Centro Storico (alrededor del Panteón y la Navona). A todas partes llegas a pie, pero pagas un recargo enorme por la ubicación y estás en pleno corazón de las trampas para turistas. Si viajas con niños o buscas tranquilidad, elige el barrio de Prati. Está justo al lado del Vaticano, tiene terreno llano (ideal para carritos) y resulta muy elegante y seguro. Además, desde aquí puedes ir a la Basílica de San Pedro a primera hora de la mañana.
Para los viajeros con un presupuesto más ajustado, la opción tradicional son los alrededores de la estación central de Termini. Aquí encontrarás los hoteles más baratos y un acceso perfecto al transporte (se cruzan las dos líneas de metro), pero ten en cuenta que las calles no son las más limpias y debes vigilar mucho los carteristas. Nosotros solemos reservar el alojamiento con bastante antelación a través de Booking, porque en Roma los precios pueden dispararse a cifras astronómicas unas semanas antes del viaje. Una experiencia preciosa la ofrece, por ejemplo, el elegante Hotel Artemide cerca de la plaza de la Repubblica, o el romántico Relais Le Clarisse en pleno corazón de Trastevere, con un patio interior precioso. Más consejos concretos los encontrarás en nuestro artículo sobre dónde alojarse en Roma.
12 cosas que ver y hacer en Roma (Itinerario de 3 días)
Lukáš y yo hemos armado este itinerario para que minimices los desplazamientos cansados y disfrutes al máximo de cada parte de la ciudad. El primer día nos sumergimos en la Antigüedad, el segundo día vamos al estado más pequeño del mundo y el tercer día nos perdemos por los callejones del centro histórico.
Día 1: La Roma antigua y los orígenes del imperio
1. El Coliseo: la lotería de las entradas y el descenso al subsuelo

El Coliseo es el imán absoluto de Roma. Todo el que llega a la Ciudad Eterna quiere ver el lugar donde se decidía sobre la vida y la muerte. Pero si no tienes las entradas compradas con un mes de antelación, tu visita se limitará probablemente a verlo por fuera y a zigzaguear desesperadamente entre miles de personas. La regla básica es clara: solo existe un único vendedor oficial de entradas, el portal coopculture.it (que te redirige a ecm-coopculture.inera.it). Todas las demás webs son revendedores que cobran márgenes enormes por servicios dudosos.
Las entradas se liberan en el sistema exactamente 30 días antes, a las 9:00 de la mañana. La entrada básica cuesta 20 € (con gastos de reserva incluidos), pero nosotros recomendamos sin duda pillar la llamada Full Experience por 22 €. Esta te abre el acceso directo a la arena reconstruida y, sobre todo, al subsuelo (hipogeo), donde gladiadores y fieras esperaban su salida en absoluta oscuridad. Además, esta entrada es válida durante dos días enteros, así que puedes repartir el esfuerzo y dejar el Foro Romano para la mañana siguiente. Pero las entradas desaparecen en pocos minutos, así que tienes que estar sentado frente al ordenador con la tarjeta lista justo al dar las nueve.
Frente al Coliseo, ten mucho cuidado con los hombres disfrazados de gladiadores. A menudo te ponen muy amablemente una espada de plástico en la mano, se hacen una foto contigo y luego empiezan a exigir agresivamente 20 euros o más. Ignóralos por completo y no te detengas. Vigila también los bolsillos a la salida del metro Colosseo, donde grupos organizados de carteristas operan entre las grandes aglomeraciones. Más detalles sobre la visita los encontrarás en nuestra guía detallada del Coliseo de Roma.
2. El Foro Romano y el Palatino: el corazón ardiente de la Antigüedad

Mientras el Coliseo era el lugar del entretenimiento sangriento, el Foro Romano era el verdadero centro político, religioso y comercial de todo el imperio. Aquí se celebraban los desfiles triunfales, aquí pronunciaba sus discursos Cicerón y aquí, en la colina del Palatino, los emperadores construían sus palacios de mármol. A este enorme yacimiento arqueológico se entra de forma independiente al Coliseo y puedes pasear durante largas horas.
El problema fundamental del Foro es que no hay absolutamente nada de sombra. En verano, los enormes bloques de mármol absorben el calor del sol durante el día y por la tarde funcionan como un radiador gigante. El calzado firme es absolutamente imprescindible, porque la superficie es muy irregular y las chanclas te arruinarán la visita sin remedio. No compres agua a precios desorbitados en las entradas: dentro del recinto hay varias fuentes públicas (nasoni) de las que mana agua helada y potable totalmente gratis.
💡 Consejo: No planifiques tras el Foro Romano largos desplazamientos al otro extremo de la ciudad. Los guías expertos recomiendan visitar la cercana basílica de San Clemente. Desde la calle parece discreta, pero puedes bajar a su subsuelo, donde descubrirás una iglesia más antigua del siglo IV y, aún más abajo, casas antiguas del siglo I con un misterioso templo. Es un viaje fascinante en el tiempo, en un frescor agradable y sin multitudes.
3. La Piazza Venezia y el monumento al Vittoriano

Cuando salgas del Foro Romano en dirección al centro, tropezarás inevitablemente con la Piazza Venezia. Este bullicioso nudo de tráfico está dominado por una construcción gigantesca de mármol blanco de Brescia: el monumento al rey Víctor Manuel II. Los romanos detestaron durante mucho tiempo este edificio y le pusieron muchos apodos burlones; lo más habitual es llamarlo la Máquina de Escribir (La Macchina da Scrivere) o la Tarta de Boda.
Aunque históricamente no encaja demasiado con el entorno antiguo, ofrece una ventaja enorme. Puedes subir en un ascensor acristalado hasta el mismísimo tejado del monumento. Desde allí tendrás una de las mejores vistas panorámicas de todo el centro histórico, así como de las ruinas del Foro Romano que se extienden hasta el Coliseo. Es el broche ideal para el primer día, tras el cual ya puedes ir a cenar al cercano barrio de Monti.
Día 2: El Vaticano y el estado pontificio
4. Los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

Entrar en el estado independiente más pequeño del mundo significa enfrentarse a una enorme paradoja. Te espera la cima absoluta del arte renacentista, pero al mismo tiempo te lanzas voluntariamente a uno de los centros más concurridos del turismo global. Los Museos Vaticanos forman un laberinto de pasillos de casi diez kilómetros y no existe ningún atajo para llegar directamente a la Capilla Sixtina. Simplemente tienes que atravesar todo el complejo.
Quien llegue sin entrada comprada de antemano se pondrá en la cola que bordea las altas murallas vaticanas, donde la espera suele llevar dos o tres horas. La mejor solución es comprar las entradas a través del portal oficial (tickets.museivaticani.va) por 25 €. Estas entradas se liberan exactamente 60 días antes a medianoche y las mejores franjas de la mañana desaparecen de la oferta en pocos minutos. Si consigues una franja horaria entre las ocho y las nueve de la mañana, tendrás una posibilidad real de ver los frescos de Miguel Ángel con relativa tranquilidad.
💡 Consejo: Dentro de la Capilla Sixtina rige la prohibición absoluta de fotografiar y grabar; los guardias lo vigilan con mucha severidad y reprenden en voz alta a las multitudes. La capilla es un espacio consagrado, así que guarda las cámaras en la mochila y limítate a absorber ese ambiente increíble. Más consejos para evitar las colas los explicamos en el artículo Museos Vaticanos.
5. La Basílica de San Pedro y la subida a la cúpula

La Basílica de San Pedro es la construcción católica más grande y espectacular del mundo. La entrada es totalmente gratuita, pero precisamente eso atrae a masas inimaginables de gente. El principal obstáculo aquí no es el precio, sino el control de seguridad, que recuerda al de un aeropuerto. En temporada alta, la cola suele alargarse a dos horas y la serpiente de gente rodea toda la Plaza de San Pedro. ¿Cómo evitarlo? Madruga y ponte ante los detectores justo antes de las ocho de la mañana, o ven a última hora de la tarde.
El código de vestimenta aquí es totalmente inflexible. Da igual que fuera haya 35 grados y que acabes de hacer una larga cola. Si no llevas hombros y rodillas cubiertos, los vigilantes te pararán justo ante la puerta y te mandarán de vuelta. Vale tanto para hombres como para mujeres. Lo ideal es llevar en la mochila un pañuelo ligero y ancho con el que cubrirte antes de entrar.
La subida a la cúpula de Miguel Ángel es uno de los puntos culminantes de la visita al Vaticano. Puedes subir o bien completamente a pie (551 escalones por 8 €), o bien atajar con el ascensor hasta el tejado de la basílica y hacer el resto a pie (320 escalones por 10 €). El último tramo discurre por el propio casco de la cúpula: las paredes se inclinan hacia dentro y la escalera se estrecha en una espiral muy apretada. Las personas con claustrofobia fuerte deberían pensárselo, pero la vista de la plaza con el ojo de cerradura de la columnata de Bernini compensa el esfuerzo al cien por cien.
6. El Castillo de Sant’Angelo y las vistas al atardecer

Tras la exigente visita al Vaticano, probablemente estarás saturado de arte. No tiene sentido ir al otro extremo de la ciudad en busca de más monumentos. Basta con recorrer la ancha Via della Conciliazione y llegarás a una construcción cilíndrica y maciza: el Castillo de Sant’Angelo (Castel Sant’Angelo). Originalmente surgió como mausoleo del emperador Adriano, después sirvió de fortaleza inexpugnable y residencia pontificia, conectada con el Vaticano por un pasadizo secreto y elevado en las murallas.
El castillo es fascinante en sí mismo, pero su gran ventaja es la terraza superior, justo bajo la enorme estatua de bronce del arcángel Miguel. Desde allí tienes una fantástica vista de 360 grados de toda la ciudad. Recomendamos venir al atardecer, cuando el sol empieza a ponerse y tiñe de dorado el río Tíber y la cúpula de la basílica. Después cruzas el Puente de Sant’Angelo, flanqueado por estatuas barrocas, y puedes dirigirte al centro a cenar. La guía completa del estado más pequeño la encontrarás en nuestro artículo Vaticano.
Día 3: El centro histórico y los callejones de Trastevere
7. La Fontana di Trevi y las nuevas normas

Cuando giras una esquina de un callejón estrecho y de repente te plantas ante una masa enorme y atronadora de travertino blanco reluciente, vives una de las experiencias más intensas de Roma. La Fontana di Trevi es una obra maestra que, sin embargo, en los últimos años ha sufrido enormemente el overtourism. La situación llegó a tal punto que la ciudad tuvo que intervenir. Desde febrero de 2026 rige una nueva tasa de 2 € para todos los que quieran bajar directamente por las escaleras hasta el pilón de la fuente y lanzar una moneda.
La zona de abajo está ahora delimitada y vigilada, con un aforo límite de 400 personas. El acceso al agua es posible de 9:00 a 22:00. Si no quieres pagar ni hacer cola, puedes seguir admirando la fuente gratis desde el nivel superior de la plaza, pero los policías con silbatos te apremiarán constantemente para que no bloquees el paso. Lukáš y yo venimos preferiblemente a primera hora de la mañana o muy de noche, cuando esto tiene el verdadero ambiente de película.
💡 Consejo: La mayoría de la gente, tras fotografiar la fuente, se marcha enseguida. Prueba a dar unos pasos más por el callejón Vicolo del Puttarello hasta la discreta entrada del Vicus Caprarius (la Ciudad del Agua). Es un estupendo yacimiento arqueológico subterráneo con un antiguo acueducto romano que aún hoy abastece de agua a la fuente. Aquí te refrescas y escapas de las multitudes de arriba. Más consejos los encontrarás en el artículo Fontana di Trevi.
8. El Panteón: la cúpula milagrosa y el óculo

El edificio antiguo mejor conservado del mundo sobrevivió dos mil años de saqueos y terremotos gracias a que en el siglo VII fue consagrado como iglesia cristiana. Su enorme cúpula de hormigón, con una abertura circular de nueve metros (el óculo), sigue siendo hoy un milagro arquitectónico. Cuando llueve en Roma, el agua cae por el óculo directamente al interior, sobre el suelo de mármol ligeramente abombado, donde la evacua un ingenioso sistema antiguo de canalillos.
La época en que podías entrar al Panteón sin más desde la calle, por desgracia, ya pasó. La entrada ahora cuesta 5 € (además, a lo largo de 2026 se prevé subirla a 7 €). Las entradas hay que conseguirlas a través del portal oficial del ministerio de cultura y los fines de semana la reserva previa es absolutamente imprescindible. Intenta reservar la franja de las nueve de la mañana, cuando se abren las pesadas puertas de bronce y la columna de luz empieza apenas a desplazarse por el techo artesonado. Y no olvides que aquí también rige un estricto código de vestimenta con los hombros cubiertos. Más información la hemos recogido en la guía Panteón de Roma.
9. La Piazza Navona y cómo esquivar las trampas

La Piazza Navona ha conservado la forma alargada del antiguo estadio de Domiciano y hoy es una muestra magistral del barroco romano, dominada por la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini. Reina aquí un ambiente animado, lleno de artistas callejeros y músicos. Desde el punto de vista monumental es una joya visual, pero desde el punto de vista gastronómico es un auténtico campo minado. 😅
Los restaurantes con vistas a la plaza y en los callejones adyacentes hacia el Vaticano representan lo peor de las trampas para turistas. Una señal de alarma fiable son los camareros que te invitan activamente a entrar desde la calle y los menús con fotos en cinco idiomas. Evita a toda costa los locales que ofrecen pescado o carne premium al peso (la palabra «per etto» significa el precio por 100 gramos). Aquí los turistas pagan no pocas veces cientos de euros por una comida mediocre. Mejor métete en las callejuelas laterales en dirección a Campo de’ Fiori.
10. La Escalinata de la Plaza de España y el romanticismo del parque Pincio

La Escalinata de la Plaza de España, con su diseño único que recuerda a las alas de una mariposa, atrae visitantes desde hace siglos. En primavera, además, la decoran cientos de azaleas en flor. Desde lejos invitan a descansar, pero cuidado: sentarse en ellas está terminantemente prohibido. Así protege la ciudad el mármol histórico. La policía con chalecos reflectantes hace cumplir la prohibición activamente y, en cuanto te agachas aunque sea un poco, oirás de inmediato el pitido del silbato. La multa ronda los 250 €.
En la plaza, al pie de la escalinata, operan grupos organizados de estafadores con la conocida estafa de las pulseras o las rosas. Se te acercan con una amplia sonrisa, empiezan a alabar tu país y en un segundo te atan una pulsera en la muñeca o te endosan una rosa como «regalo de la suerte». Pero acto seguido empiezan a exigir agresivamente entre 10 y 20 euros. La única defensa eficaz es no hacer contacto visual y alejarte con paso rápido. Mejor sube la escalinata hasta arriba del todo y llega hasta el parque Pincio, desde donde hay una de las vistas más bonitas del atardecer sobre la ciudad.
11. Trastevere: perdidos en el tiempo

El barrio de Trastevere es la encarnación de la verdadera imagen romántica de Italia. Encontrarás arquitectura medieval, estrechas zonas peatonales cubiertas de hiedra y ropa tendida en las cuerdas entre las ventanas. Aunque hoy el barrio es muy turístico y por la noche resulta increíblemente ruidoso en torno a la Piazza Trilussa, sigue conservando un encanto enorme.
Ven al atardecer, idealmente antes de la puesta de sol. Aquí no hay ningún itinerario preciso de monumentos que tengas que recorrer. Lo mejor es simplemente perderte en el laberinto de callejones, asomarte a la basílica de Santa Maria in Trastevere con sus mosaicos dorados y luego sentarte en alguna de las trattorias locales a disfrutar de una cena estupenda. Más sobre este pintoresco barrio lo descubrirás en nuestro artículo Trastevere.
12. Dónde comer fenomenal (y sin carne) en Roma

Roma es un paraíso gastronómico, pero hay que saber adónde ir. Lukáš y yo somos vegetarianos, así que para nosotros quedan descartados los clásicos locales de casquería (como la tradicional trippa alla romana o el rabo de buey estofado coda alla vaccinara, especialidades del barrio de Testaccio). Por suerte, la cocina italiana es absolutamente ideal para vegetarianos.
Nuestro favorito absoluto es el clásico de pasta cacio e pepe (queso pecorino y pimienta negra). Si quieres probar el mejor, ve al local Roma Sparita, en Trastevere, donde sirven la pasta en un cuenco de parmesano horneado. Para una comida rápida y barata es genial la pizza al taglio (pizza cortada al peso). Recomendamos el famoso Pizzarium (Bonci), a un paso del Vaticano, con una masa esponjosa y combinaciones vegetarianas fantásticas. También es estupendo el street food romano llamado Trapizzino, que es una especie de bolsillo de pizza relleno de distintas salsas (prueba el de berenjena a la parmigiana).
No olvides la regla de oro italiana con el café. Si tomas el espresso de pie en la barra (al banco), cuesta una miseria, normalmente alrededor de 1,20 €. Pero en cuanto te sientas a una mesa con camarero en una plaza famosa, pagas por el servicio y las vistas, así que la cuenta sube fácilmente hasta los 4 euros.
Adónde ir desde Roma y enlaces útiles

Si tienes en Roma más de tres días, considera sin duda las excursiones más allá de la ciudad. Es una forma estupenda de escapar de las multitudes y ver una cara un poco distinta de Italia.
- El puerto antiguo: A media hora en tren del centro se encuentran unas ruinas fascinantes que no tienen nada que envidiar a Pompeya, pero con una fracción de los turistas. Lee nuestro artículo Ostia Antica.
- Villas y jardines: A solo un paso de la ciudad encontrarás preciosos jardines renacentistas con fuentes. Échale un vistazo a los consejos de Tívoli.
- Resumen completo: Todos nuestros consejos sobre monumentos y rincones escondidos los hemos recogido en la gran guía Qué ver en Roma.
- ¿Viajas en familia? Lee nuestro artículo especial Roma con niños, donde tratamos los carritos, los parques y los helados.
Preguntas frecuentes
¿Vale la pena comprar la tarjeta Roma Pass?
Depende de tu itinerario. La tarjeta (48h por 38 € o 72h por 62,90 €) ofrece la primera entrada a un monumento gratis y transporte público ilimitado. Si la usas para el Coliseo, tiene sentido, pero aun así debes reservar en la web de Coopculture un horario exacto con una tasa de 2 €. Atención, el Vaticano no acepta la Roma Pass en absoluto.
¿Cómo funciona el transporte público y cuánto cuesta?
El billete básico (BIT) cuesta 1,50 € y es válido durante 100 minutos en autobuses, tranvías y una entrada al metro (en julio de 2026 está previsto un aumento a 2 €). Pero nosotros preferimos usar el sistema Tap&Go. Basta con pasar tu tarjeta bancaria normal por el torniquete amarillo en el metro o autobús. El sistema automáticamente limita tu gasto diario a 8,50 €, así que nunca pagas más que un billete de día completo.
¿Es realmente segura el agua de las fuentes públicas (nasoni)?
Sí, totalmente. En Roma hay aproximadamente 2.500 fuentes de hierro fundido llamadas «narices grandes». El agua fluye de las montañas cercanas, está helada, limpia y es gratuita. Truco elegante de los locales: tapa con el dedo el grifo inferior y el agua saldrá por un pequeño agujero arriba directamente a tu boca.
¿Es Roma una ciudad segura?
Físicamente sí, la criminalidad violenta es rara aquí. Pero el gran problema son los carteristas profesionales que operan en las aglomeraciones. Tristemente célebre es el autobús número 64 que va desde Termini al Vaticano. Lleva siempre la mochila delante y los objetos de valor en bolsillos profundos con cremallera.
¿Puedo pagar con tarjeta en todas partes?
Italia ha dado un salto enorme y hoy puedes pagar con tarjeta en museos, restaurantes e incluso por un helado. La ley incluso lo exige a los comerciantes. Aun así, es bueno llevar algunas monedas sueltas (10 y 20 céntimos) para la propina del barista por el café o para los baños públicos.
¿Dónde encuentro baños públicos en el centro?
Hay muy pocos baños públicos en las calles. La mejor estrategia es entrar en cualquier bar, comprar un espresso por un euro en la caja y con el ticket en mano pedir amablemente la llave del baño («Dov’è il bagno?»). Los grandes locales de comida rápida también son una salvación fiable.
¿Cuál es la mejor forma de llegar del aeropuerto al centro?
Desde el aeropuerto principal Fiumicino, lo más cómodo es el tren Leonardo Express. Cuesta 14 € y te lleva sin paradas a la estación Termini en 32 minutos. Desde el aeropuerto más pequeño Ciampino funcionan los autobuses Terravision o SIT por unos 6 €. Si coges un taxi, insiste en un coche blanco oficial que tiene una tarifa fija al centro (50 € desde Fiumicino, 40 € desde Ciampino).
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