Cuando se habla del norte de Portugal, la mayoría de la gente piensa de inmediato en el famoso vino de Oporto y en las melancólicas callejuelas sobre el río Duero. Pero si buscas la esencia más profunda de este país fascinante, tienes que ir un poco más allá, directamente a su corazón histórico. Guimarães Portugal es una ciudad orgullosa, antigua e increíblemente fotogénica, conocida con razón como la cuna de toda la nación portuguesa. Aquí nacieron los primeros reyes y desde aquí comenzó a escribirse la historia de un Estado que un día se lanzó a explorar el mundo.
El centro histórico está inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y forma un laberinto absolutamente encantador de calles empedradas, casas medievales y pequeñas plazas pintorescas. Olvídate por un momento del ritmo frenético de las grandes ciudades y déjate llevar por la atmósfera de un lugar donde la historia milenaria respira en cada piedra. Prepara un calzado cómodo con buena suela, porque el pavimento tradicional llamado calçada puede ser traicionero, y acompáñame a descubrir los rincones más bonitos. He preparado una guía detallada para que no te pierdas nada en esta ciudad mágica.

Resumen
- La cuna de Portugal: Guimarães es el lugar donde nació el primer rey portugués, Afonso Henriques, y donde se forjó formalmente el Estado portugués independiente.
- Cómo llegar desde España: El aeropuerto más cercano es el de Oporto (Francisco Sá Carneiro), a unos 50 km. Desde Madrid o Barcelona vuelan Vueling e Iberia directamente. Desde Oporto, Guimarães se alcanza en aproximadamente una hora en tren de cercanías, lo que la convierte en una escapada perfecta de un día.
- Monumentos principales: No te puedes perder el castillo medieval Castelo de Guimarães y el monumental Paço dos Duques de Bragança.
- Centro histórico: Inscrito en la lista de la UNESCO, repleto de casas medievales, callejuelas estrechas y acogedoras cafeterías con terraza.
- Teleférico a Penha: Si quieres descansar de tanta historia, sube en teleférico al monte Penha, donde encontrarás enormes rocas de granito y unas vistas panorámicas espectaculares.
- Tasa turística: Si te alojas en la ciudad, cuenta con una tasa turística de 3 euros por persona y noche, que los hoteles cobran directamente en recepción.
- El tiempo en el norte: El norte de Portugal es muy verde, lo que implica lluvias frecuentes. Mete un paraguas en la mochila incluso en primavera.
Cuándo ir a Guimarães
El clima es un factor clave a la hora de planificar un viaje al norte de Portugal. Mientras que el sur del país sufre a menudo calores extremos en verano, el norte está bajo la influencia del Atlántico y es considerablemente más húmedo. De noviembre a marzo llegan los frentes oceánicos y puede llover varios días seguidos. Las verdes colinas que rodean la ciudad no lo son por casualidad, así que en los meses de invierno no salgas de casa sin un chubasquero y un buen paraguas.
La época más bonita para visitar la ciudad es sin duda la primavera y el inicio del otoño. En meses como mayo, junio o septiembre, las temperaturas rondan los 20-25 grados, lo ideal para recorrer monumentos durante todo el día. Las mañanas pueden ser algo brumosas, pero de día disfrutarás de mucho sol sin el agobio del calor. Julio y agosto traen un tiempo soleado con pocas lluvias, pero también las mayores aglomeraciones de turistas y los precios de alojamiento más altos.
Si planeas tu viaje en época de vendimia (septiembre-octubre), te espera un ambiente precioso, pero desde mediados de octubre hay que contar con mayor probabilidad de chubascos. La ciudad tiene su encanto en cualquier época del año, incluso en un noviembre brumoso, cuando adquiere un toque ligeramente místico. Todo depende de si prefieres tomar el sol en las terrazas de los cafés o pasear por la ciudad en un otoño romántico.
Dónde alojarse en Guimarães
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: Para buscar alojamiento solemos usar Booking.com, que suele ofrecer las mejores condiciones de cancelación. Para entradas, excursiones y actividades, vale la pena comparar precios en GetYourGuide.
Guimarães ofrece multitud de opciones para alojarse, desde edificios históricos de lujo hasta pequeñas pensiones familiares. El turismo masivo y la crisis de vivienda en Portugal obligaron al gobierno a actuar, por lo que desde mayo de 2026 rigen nuevas normas más estrictas para los alquileres turísticos de apartamentos privados. La oferta de apartamentos tipo Airbnb en el centro histórico se ha reducido y sus precios han subido lógicamente, por lo que hoy en día los viajeros optan cada vez más por hoteles tradicionales o las llamadas pousadas (hoteles históricos).
Para encontrar el alojamiento ideal te recomiendo usar Booking.com, donde puedes filtrar fácilmente hoteles a poca distancia a pie del centro. Recuerda también que en la ciudad pagarás una tasa turística de 3 euros por persona y noche, que el hotel te cobrará directamente en recepción (normalmente en efectivo o con tarjeta al hacer el check-in). Una excelente opción es el elegante Hotel Toural, que ofrece habitaciones amplias y una ubicación inmejorable junto a la plaza del mismo nombre.
Si quieres algo verdaderamente especial, echa un vistazo a la Pousada Mosteiro de Guimarães. Este lujoso hotel nació de la reconversión de un antiguo monasterio agustino del siglo XII y ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad, jardines preciosos y un servicio de primera. Otra alternativa estupenda en pleno corazón del centro histórico es la Casa do Juncal, un pequeño hotel boutique que combina arquitectura histórica con un diseño moderno y muy refinado.
13 cosas que ver y hacer en Guimarães
Vamos a descubrir juntos lo mejor que ofrece esta antigua ciudad: desde imponentes murallas medievales hasta palacios nobiliarios ricamente decorados, pasando por acogedoras plazas donde huele a café recién hecho y dulces caseros. Ten lista la cámara, porque esta ciudad te va a enamorar.
1. Castelo de Guimarães (el Castillo)

Tu primera parada debería ser el pequeño cerro que domina la ciudad. El Castelo de Guimarães es una robusta fortaleza medieval del siglo X que servía originalmente para defender el monasterio local de los ataques de moros y normandos. Su aspecto sobrio en granito, con sus imponentes almenas y la alta torre del homenaje (Torre de Menagem), es exactamente como uno imagina un castillo caballeresco inexpugnable de cuento.
Fue precisamente en este castillo donde, según las fuentes históricas, a principios del siglo XII nació el primer rey de Portugal, Afonso Henriques. Al pasear por las antiguas murallas, se abre ante ti una hermosa panorámica sobre todo el centro histórico a tus pies. La entrada al recinto del castillo y a las murallas suele ser libre, pero para acceder a la torre principal, donde hay una pequeña exposición sobre su historia, hay que comprar entrada.
💡 Consejo local: Si piensas visitar varios monumentos de la zona, pregunta en taquilla por la entrada combinada. Con frecuencia ofrecen un bono que incluye el acceso al castillo y al palacio ducal de al lado, con el que ahorrarás unos euros.
2. Paço dos Duques de Bragança (el Palacio Ducal)

Justo debajo del castillo no podrás pasar por alto una enorme y muy peculiar construcción con decenas de chimeneas de ladrillo apuntando al cielo. Este imponente palacio fue construido en el siglo XV por Afonso, primer duque de Braganza, como su ostentosa residencia. La arquitectura del edificio está fuertemente influenciada por el estilo del norte de Europa, que el duque admiraba durante sus viajes diplomáticos por el continente.
En el interior te espera un fascinante recorrido por la historia. La visita guiada te lleva por enormes salones con techos de madera que recuerdan las quillas invertidas de los barcos. Las paredes están decoradas con magníficas colecciones de armas, muebles antiguos y enormes tapices que representan con detalle las conquistas portuguesas en el norte de África. La atmósfera del palacio es bastante oscura y majestuosa, lo que no hace más que reforzar la sensación del enorme poder que tuvo la Casa de Braganza.
No te olvides de asomarte también al patio interior, rodeado de arcadas góticas que transmiten una sensación de paz increíble. La entrada al palacio cuesta alrededor de 5 euros y la visita te llevará aproximadamente entre una hora y hora y media, según cuánto tiempo te detengas a contemplar los detalles de los tapices históricos.
3. Igreja de São Miguel do Castelo

Entre el castillo y el palacio ducal se esconde una pequeña y discreta iglesia románica que quizás pasarías por alto en un paseo rápido. Sería, sin embargo, un error enorme. La Igreja de São Miguel do Castelo es, desde el punto de vista histórico, uno de los edificios religiosos más importantes de todo Portugal. Por fuera parece muy sencilla y austera, pero su importancia radica en lo que ocurrió dentro.
La leyenda y las fuentes históricas afirman que fue precisamente en esta pequeña iglesia donde fue bautizado el primer rey Afonso Henriques. En el interior encontrarás una antigua pila bautismal de piedra de la que se cree que sirvió para ese cometido. El interior es oscuro, iluminado solo por estrechas ventanas, y el suelo está formado por decenas de lápidas de caballeros y nobles medievales.
La entrada a esta pequeña iglesia es gratuita y la visita no te llevará más de unos pocos minutos. Es, sin embargo, un lugar con una carga simbólica enorme, donde tomas verdadera conciencia de la profundidad de la historia portuguesa y del orgullo que sienten los locales por su primer rey.
4. Plaza Largo da Oliveira

Al bajar del cerro del castillo hacia el casco antiguo, llegarás a una de las plazas más pintorescas que hayas visto jamás. El Largo da Oliveira es el corazón palpitante del centro histórico, el lugar donde la historia se encuentra con el estilo de vida relajado de los portugueses de hoy. La plaza está rodeada por todas partes de preciosas casas antiguas con los típicos balcones de madera y ventanas estrechas.
La plaza debe su nombre a un antiguo olivo (oliveira) que lleva siglos creciendo aquí. La leyenda cuenta que el árbol original floreció milagrosamente para confirmar la importancia de este lugar. Hoy la plaza está llena de terrazas de acogedoras cafeterías y restaurantes donde puedes sentarte, pedir un café o una copa del vino local y simplemente observar el trasiego de la gente.
Es el lugar ideal para un breve descanso después de visitar el castillo. Los precios de los cafés en la plaza son algo más altos que en las callejuelas más apartadas, pero las vistas a ese marco histórico merecen de sobra los céntimos extra.
5. Padrão do Salado

Justo en el centro del Largo da Oliveira, un singular monumento gótico captará de inmediato tu atención. El Padrão do Salado es un santuario de piedra único formado por cuatro arcos apuntados bajo los que se alza una antigua cruz de piedra. Este monumento fue construido en el siglo XIV en honor a la victoria de los ejércitos portugueses y castellanos sobre los moros en la crucial batalla del río Salado.
Es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad y, al mismo tiempo, un raro ejemplo de arquitectura gótica portuguesa en su expresión más pura. Si observas con atención, notarás los delicados detalles de cantería y los escudos de armas que decoran la bóveda de esta capilla abierta. El monumento lleva siglos en pie y forma el portal de entrada perfecto para la iglesia que hay junto a él.
💡 Consejo local: Las mejores fotos del monumento las conseguirás a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando el sol poniente tiñe las piedras de granito de cálidos tonos dorados y la plaza todavía no está abarrotada de turistas.
6. Igreja de Nossa Senhora da Oliveira

Justo detrás del monumento gótico se alza la hermosa iglesia de Nossa Senhora da Oliveira, que preside la plaza. Este templo tiene una historia muy compleja: en su solar se levantó originalmente un monasterio fundado ya en el siglo X, pero su aspecto actual es principalmente del siglo XIV, durante el reinado del rey João I, quien mandó reconstruirlo como agradecimiento a la Virgen María por la victoria en la batalla de Aljubarrota.
El exterior luce un hermoso campanario gótico y un portal principal ricamente decorado. En el interior encontrarás espacios majestuosos con magníficos altares de plata y complejas tallas en madera. La iglesia está dedicada a Nuestra Señora del Olivo, en referencia a la ya mencionada leyenda del olivo milagroso en la plaza que tiene delante.
La entrada a la nave principal es libre. Si te gusta la arquitectura religiosa, dedica un rato a visitar las capillas laterales, donde se esconden preciosos ejemplos de los tradicionales azulejos en azul y blanco, esos azulejos que no pueden faltar en ninguna iglesia portuguesa importante.
7. Praça de São Tiago

A unos pocos pasos del Largo da Oliveira, conectada mediante un corto pasaje bajo antiguas arcadas, se abre otra plazuela encantadora. La Praça de São Tiago es, en mi opinión, quizás incluso más romántica que su vecina mayor. La rodean casas antiquísimas con pisos en voladizo que se inclinan unas hacia otras, como si quisieran susurrarse secretos de antaño.
Según la antigua tradición, fue precisamente a esta plaza donde el apóstol Santiago (São Tiago) trajo una imagen de la Virgen María, lo que convirtió el lugar en una parada importante para los peregrinos que se dirigían al Camino de Santiago en España. Hoy los peregrinos escasean, pero la plaza cobra vida por las noches gracias a numerosos bares y bistrós.
Te recomiendo visitarla sobre todo después de que anochezca, cuando se encienden los viejos faroles y su luz tenue se refleja en los adoquines pulidos. El ambiente es absolutamente inolvidable y fácilmente perderás la noción del tiempo con una copa de buen vino portugués en la mano.
8. Paseo por la Rua de Santa Maria
Si quieres vivir de verdad el medievo, tienes que pasear por la Rua de Santa Maria. Es una de las calles más antiguas de la ciudad, que ya en el siglo XII conectaba el complejo del castillo en lo alto con el monasterio de abajo. Hoy es una preciosa zona peatonal flanqueada por estrechas casas de piedra, muchas de las cuales lucen fachadas renacentistas y barrocas muy bien conservadas.
Mientras paseas, no dejes de levantar la vista. Verás hermosos balcones de forja cuajados de flores, escudos de armas tallados en piedra y contraventanas de madera que recuerdan siglos enteros de historia. La calle alberga también numerosas tiendas de artesanía local, galerías y acogedoras panaderías de las que sale el aroma a canela y pan recién hecho.
A mitad de calle te toparás con el bonito convento de Santa Clara, donde hoy tiene su sede el Ayuntamiento de la ciudad. Para, observa los detalles de las fachadas: esta calle es como un museo vivo al aire libre que te transporta perfectamente a los tiempos en que los caballeros portugueses pisaban estos mismos adoquines.
9. Teleférico al monte Penha (Teleférico de Guimarães)
Cuando te canses de recorrer callejuelas históricas y quieras cambiar de aires, dirígete al borde del centro para tomar el teleférico local. El Teleférico de Guimarães te sube en pocos minutos unos 400 metros de desnivel hasta el frondoso monte Penha, que se eleva imponente sobre la ciudad. El trayecto en teleférico ofrece unas vistas estupendas y es un descanso muy agradable para tus piernas.
Arriba te espera un mundo completamente diferente. El parque de la Penha (Santuário da Penha) es un enorme bosque lleno de enormes rocas de granito, grutas secretas y senderos sombreados. En medio de todo ello se alza un santuario moderno dedicado a Nuestra Señora de la Penha, un importante lugar de peregrinación. Encontrarás también zonas de picnic, pequeñas cafeterías y un sinfín de rincones tranquilos para un paseo en plena naturaleza.
Pero lo que más atrae a la gente hasta aquí es la panorámica absolutamente impresionante. Desde las terrazas mirador verás todo Guimarães a vista de pájaro y, en los días despejados, llegarás a ver hasta el océano. El billete de ida y vuelta del teleférico cuesta alrededor de 7 euros y la excursión te llevará mínimo dos horas.
10. Largo do Toural y la famosa inscripción

El Largo do Toural es la plaza más grande e importante de la parte más moderna del centro. En el pasado este espacio funcionó como mercado de ganado y escenario de corridas de toros; hoy es una elegante y espaciosa plaza rodeada de casas de los siglos XVIII y XIX con fachadas uniformes y preciosos balcones de hierro forjado. La plaza marca la frontera simbólica entre la ciudad medieval y el ensanche más moderno.
Precisamente en el borde de esta plaza, sobre los restos de las antiguas murallas defensivas de la Torre da Alfândega, encontrarás el lugar más fotografiado de toda la ciudad. El enorme letrero blanco que reza «Aqui nasceu Portugal» (Aquí nació Portugal) proclama al mundo el orgullo de sus habitantes por su historia. Hacerse una foto junto a esta inscripción es casi una obligación para todo visitante.
La plaza es un punto de partida perfecto para ir de compras o para tomar el café de la mañana en alguna de las pastelerías locales. Fíjate también en el precioso pavimento de mosaico en blanco y negro que dibuja en el suelo interesantes formas geométricas.
11. Museu de Alberto Sampaio
Si te apasiona el arte y la historia, no puedes perderte el Museu de Alberto Sampaio, ubicado en las dependencias del antiguo monasterio junto a la iglesia de Nossa Senhora da Oliveira en el Largo da Oliveira. Fundado ya en los años veinte del siglo pasado, el museo alberga una de las mejores colecciones de arte sacro de todo el norte de Portugal.
La exposición te lleva por antiguos claustros donde puedes admirar cálices de plata únicos, relicarios, antiguas esculturas y magníficas vestimentas litúrgicas bordadas en oro y plata. La pieza más valiosa es una cruz procesional de plata regalada a la ciudad por el rey João I tras la batalla de Aljubarrota, junto con la túnica que, según la tradición, llevaba el rey en esa batalla.
El museo es muy tranquilo y está cuidadosamente acondicionado. La entrada cuesta alrededor de 3 euros y la visita te aportará una visión mucho más profunda de la riqueza religiosa y cultural de esta región a lo largo de los siglos.
12. Convento de Santo António dos Capuchos
Un poco apartado de las rutas turísticas principales, a unos 15 minutos a pie del centro, se esconde una joya oculta: el antiguo convento capuchino de Santo António dos Capuchos. Este edificio del siglo XVII fue objeto recientemente de una cuidadosa restauración y funciona en parte como museo y en parte como espacio hospitalario. Por fuera pasa desapercibido, pero en su interior te lleva una sorpresa.
El principal atractivo son sus hermosos patios y corredores interiores, profusamente decorados con azulejos tradicionales en azul y blanco del siglo XVIII. Los azulejos representan escenas de la vida de San Antonio y se conservan en un estado absolutamente perfecto. Es un lugar increíblemente silencioso y apacible, al que se acercan pocos turistas.
Durante la visita puedes asomarte también a las antiguas celdas del convento y a la vieja sacristía. Si buscas escapar de las multitudes estivales y te encanta la cerámica portuguesa, visitar este convento es una elección claramente acertada.
13. Degustación de la gastronomía local y el vino
Una visita al norte de Portugal no estaría completa sin explorar sus sabores locales. La región del Miño, en la que se encuentra la ciudad, es la tierra del célebre Vinho Verde (vino verde). No te lleve a engaño el nombre: el vino no es verde en color, sino en edad. Se trata de un vino joven, ligeramente efervescente, muy refrescante y con un punto de acidez, que se disfruta bien frío y es perfecto para los días calurosos de verano.
Aunque el norte de Portugal es conocido por sus contundentes platos de carne, aquí también encontrarás estupendas opciones si prefieres no comer carne. Prueba los quesos locales, las aceitunas o la tradicional sopa Caldo Verde (pide al camarero que te la sirva sin el chorizo que suele añadirse como guarnición). Con el vino también puedes pedir diferentes tapas vegetarianas, como pimientos asados o croquetas de queso fritas.
💡 Consejo local: ¡Guarda sitio para el postre! La ciudad es famosa por sus dulces de convento. Prueba las Tortas de Guimarães (hojaldre relleno de almendras y mermelada de calabaza) o el increíblemente dulce postre Toucinho do Céu (literalmente «tocino del cielo», pero no te asustes: es un denso bizcocho de yemas, azúcar y almendras, sin rastro de carne). Para en cualquier pastelería de la plaza y date el capricho de un dulce broche final para tu aventura.
Qué ver cerca de Guimarães
Si tienes más tiempo en el norte de Portugal, hay varias opciones estupendas para seguir explorando. La región que rodea la ciudad es increíblemente rica en historia y naturaleza, y gracias a las buenas conexiones de transporte llegarás a todos los rincones sin esfuerzo.
- Oporto: El corazón de granito del norte y la cuna del vino de Oporto es una visita absolutamente imprescindible. En tren llegas en una hora y podrás admirar el icónico Puente Dom Luís I, hacer un paseo en barco por el río Duero o perderte por las callejuelas del barrio de la Ribeira. Mientras Lisboa es soleada y grandiosa, Oporto tiene un carácter más áspero y melancólico del que te enamorarás.
- Braga: A solo unos kilómetros al norte se encuentra la llamada «Roma portuguesa». Braga es una ciudad llena de estudiantes e iglesias, cuyo mayor atractivo es el monumental santuario del Bom Jesus do Monte con su impresionante escalinata barroca. Guimarães y Braga pueden visitarse en un solo día muy apretado.
- Valle del río Duero: Si te apasionan el vino y la naturaleza, desde Oporto toma el tren hasta el valle del Duero. Los viñedos en terrazas que caen en picado hasta el río están inscritos en la lista de la UNESCO y forman uno de los paisajes vitícolas más espectaculares del mundo.
- Aveiro, Portugal: Si vuelves hacia el sur, haz una parada en Aveiro, apodada la «Venecia portuguesa». La ciudad está surcada por canales en los que navegan coloridas embarcaciones llamadas moliceiros, y es famosa por sus encantadoras casas de rayas en la cercana playa de Costa Nova.
- Nazaré, Portugal: ¿Te atraen el océano y la naturaleza salvaje? Dirige tus pasos a Nazaré, el pueblo pesquero que se hizo famoso por tener las olas más grandes del mundo, esas que surfean los mejores surfistas del planeta.
¿Te interesa más el centro de Portugal y sus castillos románticos? Lee nuestro artículo sobre qué ver en Sintra, o consulta nuestra completa Guía de Lisboa, donde encontrarás todos los consejos prácticos para visitar la capital portuguesa.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura la visita a Guimarães?
Para una visita tranquila de todo el centro histórico, el castillo, el palacio de los duques y, en su caso, una excursión en teleférico al monte Penha te bastará un día entero. La ciudad es bastante compacta y todos los principales monumentos se encuentran a una cómoda distancia a pie unos de otros. Si no tienes prisa, te recomiendo quedarte una noche y disfrutar de la mágica atmósfera nocturna.
¿Cómo llegar a la ciudad desde Oporto?
El trayecto es increíblemente fácil y barato. Desde la estación de São Bento, en Oporto, salen trenes de cercanías regulares (Urbanos) directamente a la estación principal de Guimarães. El trayecto dura aproximadamente una hora y diez minutos y el billete de ida cuesta solo algo más de 3 euros. La estación está a unos 15 minutos de agradable paseo del centro histórico.
¿Es la ciudad muy empinada?
Depende de por dónde te muevas exactamente. El propio centro histórico (alrededor de la plaza Largo da Oliveira y el Largo do Toural) es relativamente llano y muy fácil de recorrer. Una ligera subida solo te espera en el camino desde el centro hacia arriba, hasta el castillo de Guimarães (Castelo de Guimarães) y el palacio de los duques de Braganza. Eso sí, lleva zapatos cómodos por el empedrado antiguo.
¿Se paga la entrada a los monumentos?
Sí, en los principales edificios históricos se paga entrada. La entrada al palacio de los duques cuesta alrededor de 5 euros, y la entrada a la torre principal del castillo unos 2 euros. Merece mucho la pena comprar una entrada combinada, que normalmente cubre el castillo, el palacio y el cercano museo Alberto Sampaio, con lo que ahorrarás. La entrada a todas las iglesias del centro y el paseo por las plazas son, por supuesto, gratuitos.
¿Cuándo hay menos turistas en la ciudad?
Si quieres disfrutar de las callejuelas vacías y hacer fotos bonitas sin multitudes, sal temprano por la mañana, idealmente antes de las 9:30, antes de que lleguen los primeros viajes organizados en autobús desde Oporto. Otro momento estupendo es el final de la tarde y la noche, cuando los turistas de un día regresan a sus hoteles de la costa y la ciudad adquiere una atmósfera más íntima y local.
¿Qué es el Vinho Verde?
El Vinho Verde (vino verde) es un vino típico del norte de Portugal. El nombre no hace referencia al color, sino al hecho de que se bebe muy joven. Es un vino ligero, ligeramente espumoso, muy refrescante y más bien seco, con un contenido de alcohol bajo (normalmente alrededor del 8-10 %). Lo más frecuente es encontrar Vinho Verde blanco, que es absolutamente ideal para sentarse en una terraza en verano.
¿Se puede combinar la visita a Guimarães con Braga en un día?
Sí, muchos viajeros lo hacen así, pero tienes que contar con un programa muy apretado. Entre ambas ciudades funciona una conexión de autobús bastante frecuente (el trayecto dura unos 40 minutos). Te recomiendo empezar por la mañana en Guimarães, visitar el castillo y el centro, y después de comer trasladarte a Braga para ver el santuario del Bom Jesus do Monte.
¿Es el destino adecuado para viajar con niños?
¡Por supuesto! Los niños estarán encantados de explorar el castillo medieval y, sin duda, una gran experiencia para ellos será también el viaje en teleférico al monte Penha, donde pueden corretear entre las enormes rocas del bosque. Además, el centro es en gran parte una zona peatonal sin coches, así que moverse por la ciudad es muy seguro. Con el carrito solo cuenta con los baches del empedrado.
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