Cuando bajas del ferry y respiras hondo por primera vez, lo notas al instante. En el aire se mezclan los aromas del tomillo silvestre, el romero, el mirto y la tierra quemada por el sol, lo que los lugareños llaman con cariño el «maquis». Napoleón Bonaparte dijo una vez, con gran nostalgia, que reconocería su isla natal con los ojos vendados solo por este olor tan particular e inconfundible. Hablamos, por supuesto, de Córcega (Francia), un destino mediterráneo que no se parece a ningún otro.
Córcega, apodada en todo el mundo la Isla de la Belleza (L’Île de Beauté), no ofrece solo naturaleza perfumada y playas de postal. Es en esencia una enorme y escarpada cordillera que la naturaleza colocó, de forma totalmente inesperada, justo en medio del Mediterráneo. No esperes ese ambiente pulido con paseos marítimos de lujo que conoces de la Francia continental. La isla es áspera, orgullosa y no perdona la falta de preparación.
Aquí las carreteras serpentean de forma dramática muy por encima de profundos precipicios y los senderos de montaña te harán más de una vez tocar fondo en cuanto a fuerzas físicas. Al mismo tiempo, el mar luce colores que normalmente solo ves en los catálogos retocados de las agencias que venden el exótico Caribe. Si buscas un destino donde por la mañana puedas cruzar crestas de montaña agarrado a cadenas de acero y por la tarde quitarte el cansancio en una laguna turquesa templada, estás en el lugar correcto.

Resumen
- El coche es imprescindible: sin vehículo propio o de alquiler prácticamente no te mueves por la isla; el transporte público es muy poco fiable.
- Evita agosto: los precios de alojamiento y ferris se disparan en agosto y las playas están completamente abarrotadas de turistas.
- El sur es puro Caribe: playas cerca de Porto-Vecchio como Palombaggia o Santa Giulia están entre las más bonitas de toda Europa.
- El oeste es salvaje: la reserva de Scandola, con sus rocas rojas, solo es accesible en barco y las normas de protección de la naturaleza son cada vez más estrictas.
- Las montañas te pondrán a prueba: el interior con la ciudad de Corte y el legendario trekking GR20 ofrece algunas de las rutas de montaña más duras y bellas del mundo.
- Reserva el ferry con tiempo: compra los billetes del ferry desde Francia o Italia idealmente con varios meses de antelación para conseguir un precio razonable.
Cuándo ir a Córcega y cómo llegar
Planificar el viaje a esta isla francesa empieza por el transporte, porque la logística puede sacudir bastante el presupuesto total. Córcega tiene cuatro aeropuertos pequeños y se llega aquí desde la península de forma relativamente fácil; desde España puedes volar con compañías como Vueling o Iberia haciendo escala (normalmente vía Niza, Marsella o París). Aun así, la mayoría de los viajeros con experiencia eligen el ferry. La razón es muy simple y pragmática: sin coche en Córcega estás completamente perdido. El transporte público existe en teoría, pero confiar en él significa pasar gran parte de las vacaciones esperando en paradas a las que el autobús quizá llegue, o quizá no. El coche, en cambio, te da libertad absoluta para descubrir calas vacías y pasos de montaña escondidos.
Los ferris de Corsica Ferries salen desde varios puertos franceses e italianos, siendo la ruta más rápida el trayecto de Niza a Bastia, que dura unas seis o siete horas. Si eliges salir desde Tolón, cuenta con ocho a diez horas de navegación, mientras que desde Marsella es el trayecto más largo y puedes pasar tranquilamente hasta catorce horas a bordo. Los precios de los billetes varían enormemente según la temporada y la ocupación: un pasajero solo paga normalmente entre 40 y 100 euros. Pero en cuanto añades un coche y viajáis dos personas, el billete de ida y vuelta puede costar entre 250 y 1000 euros. Si quieres ahorrar, valora salir desde Italia, desde donde los ferris suelen ser históricamente los más baratos.
Aquí rige una regla fundamental y no escrita que te confirmará cualquier lugareño: evita agosto a toda costa. Es justo la época en que franceses e italianos toman la isla al asalto durante sus vacaciones nacionales, y comparado con julio hay aquí dos o tres veces más gente. Las estrechas carreteras costeras se convierten en aparcamientos interminables, las mejores playas se agotan sin remedio y los precios del alojamiento se disparan hasta alturas absurdas.
Los meses ideales para una visita tranquila y relajada son mayo, junio y, sobre todo, septiembre. El mar de septiembre sigue maravillosamente templado tras todo el verano, el calor de la tarde ya no es tan agobiante y en las carreteras de montaña por fin se puede respirar con calma. En primavera, en cambio, la isla está increíblemente verde y florida, aunque el agua del Mediterráneo puede resultar todavía un poco fresca para los más frioleros.

Dónde alojarse en Córcega y precios en 2026
💡 Consejo de alojamiento y experiencias: el alojamiento nos gusta buscarlo en Booking.com, donde suele haber las mejores condiciones de cancelación. Las entradas, excursiones y actividades merece la pena compararlas y comprarlas a través de GetYourGuide.
Reparte la elección del alojamiento de forma estratégica según el tipo de vacaciones que prefieras y todo lo que quieras hacer en la isla. Para los amantes de las playas perfectas, la arena blanca y el mar poco profundo, la costa sureste es imprescindible, en torno a la ciudad de Porto-Vecchio. Aquí encontrarás las calas más fotogénicas, las que conoces de los folletos, pero también debes contar con que es la parte más cara y bulliciosa de toda la isla. Si planeas pasar la mayor parte del tiempo junto al agua, vale la pena pagar un poco más por un hotel con aparcamiento propio reservado junto a la playa.
Si, por el contrario, buscas paisajes más espectaculares, ciudades históricas y quieres tener cerca la alta montaña, elige la costa oeste o norte. La zona en torno a Ajaccio o Calvi ofrece un compromiso estupendo entre el acceso a las playas y la posibilidad de hacer excursiones de día completo al áspero interior. Muchos viajeros optan también, con mucho sentido, por unas vacaciones divididas: pasan unos días relajándose en el sur y luego se trasladan al norte para conocer monumentos y hacer trekking de montaña.
En cuanto a los precios para la temporada 2026, prepárate: Córcega no es precisamente un destino barato y tu presupuesto lo va a notar. Una habitación doble clásica en un hotel agradable con piscina te costará en temporada alta unos 150 a 250 euros por noche. Si buscas alternativas más baratas, los campings y las casas móviles totalmente equipadas se consiguen en torno a 80 a 120 euros por noche, pero las plazas son muy limitadas y hay que reservarlas con mucha antelación. Te recomiendo buscar y reservar tu alojamiento con tiempo de sobra a través de los buscadores habituales, donde encontrarás la oferta más amplia con posibilidad de cancelación gratuita por si cambian los planes.
Entre los hoteles concretos, merecen atención por ejemplo el Hotel Solemare en Bonifacio, que ofrece vistas absolutamente impresionantes a la vieja ciudadela y al concurrido puerto. En la capital, Ajaccio, valora el popular Hotel Les Mouettes, situado cerca de la playa, con un precioso jardín y un ambiente muy tranquilo, casi familiar. En ambos sitios recomiendo comprobar siempre con cuidado la disponibilidad de aparcamiento del hotel, porque en las viejas ciudades corsas encontrar sitio para dejar el coche suele ser todo un reto.
15 cosas que ver y hacer en Córcega
Veamos juntos un repaso completo de los lugares más interesantes que no deberías perderte en tu viaje. He incluido tanto las famosas ciudades históricas sobre acantilados como reservas naturales escondidas donde el tiempo se ha detenido y, por supuesto, las playas más populares de los catálogos.

1. Bonifacio sobre los acantilados de caliza
Si solo pudieras ver un único lugar en toda la isla, baja sin falta al extremo sur y explora la ciudad de Bonifacio. Este enclave histórico desafía todas las leyes de la gravedad, porque su casco antiguo, con su imponente ciudadela, se equilibra literalmente al borde mismo de unos acantilados de caliza de un blanco resplandeciente. Estos acantilados caen decenas de metros en vertical hasta el mar embravecido y las casas del mismísimo borde parecen a punto de deslizarse hacia las olas que tienes debajo.
Paseando por las estrechas callejuelas de piedra te toparás con un montón de pequeñas tiendas y tabernas donde puedes tomarte una excelente cerveza local Pietra, elaborada con castañas comestibles. No te pierdas el paseo a lo largo de las propias murallas, desde donde se abren vistas fantásticas al estrecho que separa Córcega de la cercana isla italiana de Cerdeña. En días claros verás las costas italianas tan nítidas que parece que podrías llegar a nado, lo que da al lugar una magia increíble.
💡 Consejo: la situación del tráfico en Bonifacio en verano es absolutamente crítica y encontrar una plaza de aparcamiento libre es casi imposible. Si quieres conseguir la mejor foto de la ciudad encaramada al acantilado, aparca mejor lejos del centro y camina por los acantilados en dirección al faro de Pertusato.
2. La escalera del Rey de Aragón (Escalier d’Aragon)
Justo en el corazón de Bonifacio encontrarás un monumento histórico fascinante que pondrá a prueba tanto tu forma física como tu resistencia al vértigo. Se trata de exactamente 187 empinados escalones tallados directamente en la pared de roca bajo la vieja ciudadela. Según la famosa y muy romántica leyenda, los tallaron soldados aragoneses en una sola noche durante el asedio de la ciudad en 1420, para entrar sin ser vistos y conquistarla.
La realidad es algo menos dramática: lo más probable es que la escalera la construyeran monjes franciscanos a lo largo de mucho tiempo para asegurarse un acceso seguro y constante a un manantial de agua potable abajo, junto al mar. Creas en la leyenda o más bien en los historiadores, el descenso hasta el nivel del mar y la posterior y agotadora subida de vuelta bajo el sol abrasador es una experiencia que tus piernas no olvidarán fácilmente.
Te recomiendo venir aquí muy temprano por la mañana, en cuanto abren el monumento. Más tarde, por la tarde, el sol golpea de lleno la estrecha grieta de roca, el aire deja de moverse y la subida se convierte en una auténtica sauna donde sudas el alma. La entrada cuesta solo unos pocos euros y vale totalmente la pena, a pesar del enorme esfuerzo físico.

3. Archipiélago de las Lavezzi
Desde el puerto de Bonifacio se abre la puerta imaginaria al archipiélago de las Lavezzi, un fascinante amontonamiento de enormes peñascos de granito esparcidos en aguas cristalinas. Sube a un barco de excursión y déjate llevar a esta singular reserva natural situada en la frontera entre Córcega y Cerdeña. El agua es aquí tan increíblemente limpia y llena de peces que invita a pasar todo el día haciendo snorkel y descubriendo el mundo submarino.
Pero tienes que prepararte con mucho cuidado, porque en las islas no hay absolutamente nada de sombra natural y no encontrarás puestos de comida ni baños públicos. Es, sencillamente, naturaleza pura y muy cruda, donde debes confiar exclusivamente en lo que lleves en la mochila. Llévate suficiente agua para beber, una buena crema solar, un gorro ligero y, por supuesto, las gafas de buceo, sin las cuales la excursión no tendría sentido.
Los barcos de excursión vienen aquí a intervalos regulares y suelen funcionar con el popular sistema hop-on hop-off, así que puedes pasar en la isla exactamente el tiempo que consideres oportuno. En el viaje de vuelta, además, el capitán suele llevarte a lo largo de las cuevas y acantilados costeros de Bonifacio, un estupendo bono visual para toda la excursión.

4. Playa de Palombaggia
La costa sureste, bajo la ciudad de Porto-Vecchio, es la principal razón por la que a la isla la apodan tan a menudo, con admiración, la Polinesia europea. Palombaggia es sin duda la playa más famosa de toda la isla y seguro que la reconoces de todos los folletos y revistas de viajes. La bordean preciosas copas de pinos piñoneros que en los calurosos días de verano regalan esa codiciada y misericordiosa sombra.
De las aguas completamente tranquilas y turquesas asoman, aquí y allá, enormes rocas de pórfido rojo que crean un contraste perfecto con la arena de un blanco resplandeciente, fina como la harina. El agua es increíblemente poco profunda y tranquila, lo que convierte este lugar en un destino ideal para familias con niños pequeños o para quienes solo quieren tumbarse perezosamente en las olas templadas sin tener que luchar contra fuertes corrientes.
Es un kitsch fotogénico en el mejor sentido de la palabra, pero prepárate: en temporada desde luego no serás el único que conoce esta belleza. Llega muy temprano por la mañana, mejor antes de las nueve, porque la estrecha carretera de acceso se atasca rápido de coches y conseguir cualquier plaza de aparcamiento se convierte en un auténtico juego de guerra a base de adrenalina.

5. Playa de Santa Giulia
Justo al lado de la famosa Palombaggia se encuentra otra joya natural de la costa sureste que no deberías perderte. La bahía de Santa Giulia está moldeada en una herradura absolutamente perfecta y forma una preciosa laguna natural protegida con seguridad de las olas más grandes de mar abierto. El agua es tan tranquila e increíblemente poco profunda durante tanto trecho que a ratos tienes la sensación de estar en una enorme piscina calentada por el sol.
Si eres de los viajeros más activos, es el lugar ideal para alquilar un paddleboard o un pequeño kayak. La superficie está lisa como un espejo la mayor parte del día, así que puedes entrenar el equilibrio sin problemas y deslizarte con total calma sobre el agua incluso largas distancias a lo largo de la costa. Encontrarás también bastantes bares de playa y restaurantes con un agradable ambiente vacacional.
💡 Consejo: en el extremo derecho de la bahía hay un muelle de madera largo y muy fotogénico, perfecto para paseos al atardecer. Justo desde aquí harás las fotos más bonitas de toda la laguna turquesa, sin elementos que distraigan en primer plano, sobre todo cuando el sol empieza a inclinarse hacia el horizonte.

6. Bahía de Rondinara
Un poco más al sur, justo a medio camino hacia los acantilados de Bonifacio, se esconde de la vista de los conductores apresurados la preciosa bahía de Rondinara. Su forma recuerda mucho a una concha y el agua turquesa queda firmemente abrazada entre dos penínsulas boscosas que se adentran en el mar como las enormes pinzas de un cangrejo. No en vano esta playa fue incluida oficialmente en 2019 en el prestigioso ranking de las TOP 10 mejores playas del mundo.
La fina arena blanca contrasta aquí de forma intensa y muy dramática con el azul oscuro del agua más profunda, que empieza a poca distancia de la orilla. La gran ventaja de esta bahía es su posición protegida del molesto viento de mar abierto. Esto significa que aunque en el resto de la costa sople con fuerza, aquí con toda probabilidad encontrarás una calma perfecta y resguardo para un baño plácido.
El camino de acceso es algo más sinuoso y estrecho, como suele pasar en Córcega, pero al final te espera un enorme aparcamiento de pago escondido bajo los árboles. Las vaquitas, que de vez en cuando se pasean con total flema por la propia playa entre los turistas que toman el sol, dan al lugar un aire estupendamente auténtico y relajado.

7. Calanques de Piana
Si el este de la isla se caracteriza por playas blancas y bahías tranquilas, la costa oeste va de puro y auténtico drama natural. En la zona de las Calanques de Piana olvídate de los claros acantilados de caliza que quizá conozcas de los alrededores de Marsella. Aquí la roca es literalmente rojo sangre y las formaciones de granito, locamente esculpidas por la erosión, caen desde cientos de metros en vertical directamente al mar embravecido.
La carretera D81, que atraviesa esta fascinante zona, está en parte tallada directamente en la roca empinada. Es tan increíblemente estrecha que cuando se cruzan aquí dos autobuses grandes, los conductores tienen que maniobrar literalmente al milímetro y tú, desde la ventanilla, miras directamente al precipicio que tienes debajo. La experiencia al volante es algo estresante para el conductor, pero los panoramas que se abren tras cada curva son absolutamente inolvidables.
Para en alguno de los miradores ensanchados y haz una corta caminata en dirección a la costa. Los senderos señalizados te llevarán a miradores seguros desde donde verás ventanas de roca y formaciones curiosas que recuerdan a animales o rostros humanos. Si llegas aquí al atardecer, cuando se pone el sol, toda la zona rocosa se enciende y arde literalmente ante tus ojos en color rojo.

8. Reserva natural de Scandola
Un poco más al norte de las rocas rojas se encuentra la reserva natural estrictamente protegida de Scandola y la cercana bahía de Girolata. Toda esta amplia zona está orgullosamente bajo la protección del Patrimonio Mundial de la UNESCO y es uno de los pocos lugares de Francia a los que no se puede llegar en absoluto en coche. Al mismísimo corazón de Scandola ni siquiera se puede llegar a pie; aquí la frágil naturaleza tiene, sencillamente, prioridad absoluta sobre el turismo.
La única forma permitida de contemplar con tus propios ojos este fascinante paisaje volcánico, lleno de cuevas oscuras, acantilados escarpados y águilas pescadoras protegidas, es coger un barco de excursión desde Porto o Calvi. Los guías locales te llevan hasta muy cerca de las extrañas grietas de roca y te muestran las anomalías geológicas y la rica vida marina. Las normas son aquí extremadamente estrictas y desde el barco está absolutamente prohibido cualquier desembarco en tierra.
El ecosistema es tan valioso y, a la vez, en verano tan sobrecargado por el tráfico de barcos, que la administración del parque negocia constantemente nuevas restricciones. Se preparan cuotas muy estrictas y licencias especiales para los transportistas de barcos, que deberían entrar en pleno vigor en torno a 2027. Si quieres organizar esta fascinante excursión en barco sin estrés y evitar las colas en el puerto, te recomiendo usar el popular portal GetYourGuide, donde lo reservas todo cómodamente por adelantado.

9. Ajaccio y la sombra de Napoleón
Las ciudades de la costa oeste tienen una dinámica y un ambiente totalmente distintos al tranquilo sur lleno de resorts de playa. Ajaccio es la capital de toda la isla y, sobre todo, la famosa ciudad natal de Napoleón Bonaparte. Aquí encontrarás un aeropuerto internacional, un puerto grande y bullicioso y, en general, algo más de ajetreo urbano, tráfico y civilización de lo que es habitual en Córcega.
A cada paso te topas con fuertes referencias históricas ligadas al célebre general. Las calles están bordeadas de elegantes cafeterías, casi en cada plaza grande hay una monumental estatua del emperador y puedes incluso visitar su casa natal conservada (Maison Bonaparte), que hoy funciona como un interesante museo. El ambiente de la ciudad, gracias a sus amplios bulevares y su majestuosa arquitectura, es algo más francés y refinado que en el resto de la isla.
💡 Consejo: si quieres descansar un rato de la historia y el bullicio de la gran ciudad, date un corto paseo hacia la punta de la Parata. Allí hay una bonita y vieja torre genovesa y tu recompensa será una mágica vista a las islas Sanguinarias (Îles Sanguinaires), que al atardecer se tiñen mágicamente de intensos tonos rojos.

10. La auténtica Bastia
La ciudad portuaria de Bastia, en el noreste de la isla, es justo lo contrario del pulido y turísticamente reluciente Ajaccio. Es mucho más auténtica, ligeramente más desconchada y, en el mejor sentido de la palabra, más áspera, lo que le da un encanto inconfundible. El centro histórico en torno al viejo puerto se caracteriza por callejuelas estrechas y umbrías, donde de los balcones cuelga ropa recién lavada y el aire huele a pescado fresco y a hierbas secas.
En Bastia se vive, sencillamente, la verdadera vida corsa, esa que no está al cien por cien sometida solo al turismo de verano. El elemento dominante de la ciudad es la enorme y extensa plaza Saint-Nicolas, una de las mayores de Francia, bordeada de árboles frondosos y siempre llena de lugareños tomando el café de la tarde o una fuerte cerveza corsa.
No olvides subir por las empinadas callejuelas hasta la vieja ciudadela y visitar la majestuosa iglesia de Sainte-Marie. Desde las macizas murallas se abren vistas estupendas abajo, al concurrido puerto lleno de gigantescos ferris que llegan de la península. Bastia es además el punto de partida ideal y la principal puerta de entrada para explorar la salvaje península de Cap Corse.

11. Península de Cap Corse
Si señalas con el dedo el mapa del norte de Córcega, verás una península de treinta kilómetros de largo que, como un dedo levantado, apunta directamente a la Génova italiana a través del mar. Cap Corse es, en esencia, toda Córcega hábilmente metida en una pequeña miniatura. La estrecha y muy sinuosa carretera costera te lleva en un solo día junto a monumentos históricos, playas perdidas y dramáticos acantilados rocosos.
El rasgo característico de esta península son las viejas y a menudo muy fotogénicas torres de vigía genovesas repartidas por toda la costa, que en el pasado protegían a los habitantes de los inesperados ataques de los piratas. No dejes de parar en pintorescos pueblecitos pesqueros como Erbalunga o la ventosa Centuri. Justo en el extremo norte de la península las laderas son más abruptas y la carretera se incrusta en las rocas peligrosamente cerca del nivel del mar.
Para una experiencia de conducción totalmente perfecta, recomiendo rodear la península en sentido contrario a las agujas del reloj, es decir, salir de Bastia por la costa este hacia arriba y volver bajando por el lado oeste. Así circularás por la más áspera costa oeste en el carril derecho, más cerca de los acantilados, y tendrás una vista insuperable de la puesta de sol desapareciendo en el mar.

12. La ciudad fortaleza de Calvi
En el noroeste de la isla encontrarás Calvi, una ciudad encantadora con una silueta absolutamente inconfundible y muy orgullosa. Toda la amplia bahía está dominada con seguridad por una enorme ciudadela perfectamente conservada, que se alza majestuosa sobre un imponente saliente rocoso justo encima del mar. Dentro de estas macizas murallas se esconde un laberinto enrevesado y umbrío de viejas calles adoquinadas, repletas de rica historia.
El paseo por la ciudadela ofrece no solo una estupenda experiencia histórica, sino también preciosas vistas a la larga playa de arena que se extiende a lo largo de la parte moderna de la ciudad, en la bahía. En las estrechas callejuelas te toparás con un montón de pequeñas vinotecas y tabernas donde podrás disfrutar de un excelente vino corso local al son de la tradicional música polifónica que por la noche suena por las ventanas abiertas.
Calvi tiene, sin embargo, otro significado fundamental y muy práctico para todos los deportistas activos y montañeros. Y es que del cercano y discreto pueblecito de montaña de Calenzana arranca oficialmente la parte norte —y hay que señalar que la absolutamente más exigente— del legendario trekking de larga distancia GR20.

13. L’Île-Rousse y las rocas rojas
A solo un agradable trecho en coche al este de Calvi se encuentra el sumamente simpático y elegante pueblecito portuario de L’Île-Rousse. Su interesante y algo poético nombre (la Isla Roja) lo obtuvo por los llamativos islotes de granito rojo que se hallan justo frente a la costa y están prácticamente unidos a tierra firme por un largo dique. Sobre todo al atardecer, cuando se pone el sol, estas ásperas rocas adquieren un color increíblemente intenso y ardiente.
La ciudad en sí es mucho más joven que la mayoría de los enclaves corsos: la fundó estratégicamente en el siglo XVIII el héroe nacional Pasquale Paoli. El centro natural de toda la actividad es la umbría plaza Paoli, rodeada de viejos y frondosos plátanos, bajo los cuales los jubilados locales juegan durante largas horas a la tradicional petanca y toman café.
No dejes de dar un paseo hasta el faro histórico de la isla de Pietra, desde donde hay una vista absolutamente fantástica de vuelta a la ciudad y a las dentadas montañas de alrededor. El pueblecito tiene también una playa muy bonita de arena fina justo en el centro, así que puedes combinar fácilmente, sin desplazamientos, la visita a los monumentos con un refrescante baño en el mar.

14. Corte y el desfiladero de Restonica
La costa de Córcega atrae cada año a millones de personas ansiosas de sol, pero el alma verdadera y auténtica de la isla está oculta en lo alto del áspero interior. Aquí reina el silencio absoluto, los impenetrables bosques de castaños de la región de la Castagniccia y las afiladas cumbres de granito. El centro histórico y espiritual de toda la isla es la ciudad de montaña de Corte, que está por todos lados rodeada de majestuosas montañas y profundos valles.
Justo en Corte tuvo su sede con orgullo en el siglo XVIII el primer gobierno corso independiente, bajo el liderazgo de Pasquale Paoli, y hasta hoy funciona aquí la única universidad de la isla, lo que da a la ciudad un ambiente estupendamente vivo y juvenil todo el año. Desde la propia ciudad salen senderistas y montañeros hacia el famoso desfiladero del valle de la Restonica. La carretera que discurre junto al gélido río de montaña es terriblemente estrecha, pero te lleva al aparcamiento de partida de algunas de las excursiones de montaña más bonitas.
Desde aquí puedes partir hacia los impresionantes lagos glaciares de Melo y Capitello. El camino al primer lago es bastante manejable incluso para senderistas normales, pero la subida al lago superior, Capitello, ya requiere calzado firme, algo de trepa por las rocas y un seguro fiable mediante cadenas de acero. Tu recompensa, eso sí, será la vista de una superficie de un azul oscuro firmemente abrazada entre paredes verticales.

15. GR20 y las Aiguilles de Bavella
Si eres un montañero apasionado, la simple combinación de letras y números GR20 te provocará con toda seguridad un enorme respeto. La Grande Randonnée 20 es toda una leyenda entre las rutas de larga distancia y atraviesa la isla en diagonal a lo largo de unos 180 kilómetros. Lo que la convierte probablemente en el trekking más duro de Europa no es tanto la distancia como su perfil extremo. A lo largo de dieciséis etapas acumulas en total unos demenciales 12 000 metros de desnivel positivo.
La parte norte del trekking es una prueba de resistencia francamente brutal. No es solo caminar por sendas; es lo que llaman scrambling, es decir, trepa de dificultad ligera, donde a menudo tienes que agarrarte con fuerza a cadenas de acero e izarte por lisas placas de granito sobre el precipicio. Si no te ves capaz de hacer toda la ruta, puedes saborear un trozo de naturaleza salvaje de montaña en el sur, en la preciosa zona de las Aiguilles de Bavella.
Estas llamadas «agujas de Bavella» son asombrosas torres de granito escarpadas que, como dientes puntiagudos, se alzan muy por encima de los bosques de pinos. Es un paraíso absoluto para escaladores y amantes del barranquismo. La logística en la montaña, eso sí, es extremadamente estricta: montar la tienda en cualquier sitio en plena naturaleza está terminantemente prohibido en Córcega y debes pernoctar exclusivamente en los refugios de montaña habilitados (refuges), que en temporada hay que reservar con muchísima antelación.
Adónde ir después de Córcega
Si tienes más tiempo para viajar y quieres alargar un poco más tus vacaciones mediterráneas, se te abren varias posibilidades lógicas. Como la isla está estupendamente conectada por ferry con la península europea, puedes desplazarte fácilmente y explorar la cercana parte continental de Francia.
Una variante muy popular es combinar la naturaleza salvaje de Córcega con el pulido lujo de la costa del sur de Francia. Echa un vistazo a nuestro artículo detallado y descubre todo lo que esconde la Riviera francesa. Allí puedes visitar ciudades famosas como Niza, Cannes o Saint-Tropez y comparar su ambiente con el corso. Otra opción es, por supuesto, el corto trayecto en ferry desde Bonifacio a la italiana Cerdeña, que está solo a una escasa horita de navegación.
Preguntas frecuentes
¿Es cara la comida y bebida en Córcega?
Sí, los precios en restaurantes y cafeterías son notablemente más altos que en la Francia continental, porque la mayoría de los ingredientes deben transportarse a la isla en ferry. Por una comida normal en un restaurante promedio pagarás entre 20 y 30 euros. Las especialidades locales, como los quesos corsos tradicionales, las castañas asadas o las contundentes sopas de verduras, suelen ser algo más asequibles y muy saciantes.
¿Podré comunicarme en inglés en la isla?
En las principales zonas turísticas, hoteles grandes y empresas de alquiler de coches podrás comunicarte en inglés sin mayores problemas. Sin embargo, en los pueblecitos de montaña más remotos y en establecimientos pequeños a menudo te encontrarás con la barrera del idioma, así que te vendrá bien al menos un francés básico o un traductor fiable en el móvil.
¿Qué temperatura tiene el mar en otoño?
Septiembre y principios de octubre son absolutamente ideales para bañarse, porque el mar está maravillosamente cálido después de todo el verano caluroso. La temperatura del agua en septiembre suele estar entre 23 y 25 grados centígrados. Por el contrario, en mayo o principios de junio el agua todavía está bastante refrescante y ronda los 19 a 20 grados.
¿Necesito un permiso de conducir internacional?
Si eres ciudadano de la Unión Europea y tienes un permiso de conducir checo válido, no necesitas permiso de conducir internacional en Córcega. Las normas son las mismas que en la Francia continental. Pero prepárate para que las carreteras de montaña sean estrechas, llenas de curvas y los conductores locales conduzcan con mucha confianza y rápido.
¿Es potable el agua del grifo?
Sí, el agua del suministro público es totalmente segura y potable en Córcega. En las zonas de montaña y en el trek GR20 encontrarás manantiales junto a los refugios, pero en algunos se recomienda usar botella con filtro o pastillas, especialmente en períodos de sequía, cuando hay menos agua y los manantiales pueden secarse.
¿Se puede pagar con tarjeta en Córcega?
En las ciudades, supermercados y restaurantes grandes pagarás con tarjeta de forma totalmente habitual. Pero si te adentras en las montañas, pueblecitos remotos o quieres comprar productos locales en el mercado, lleva siempre suficiente efectivo en euros. Los refugios de montaña en el trek GR20 aceptan exclusivamente efectivo.
¿Las playas de la isla son de arena o de guijarros?
Córcega ofrece de todo un poco. La costa sureste alrededor de Porto-Vecchio presume de calas perfectas con arena blanca y fina. En la costa oeste y norte te encontrarás más bien con playas más salvajes, donde la arena se alterna con piedrecitas pequeñas, y en algunas calas encontrarás guijarros grandes, así que conviene llevar escarpines.
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