Cuando se habla de Canadá, la mayoría imaginamos naturaleza salvaje, bosques profundos y osos, pero la capital de la provincia de Columbia Británica es un mundo completamente diferente. Victoria Canadá es, en cierta forma, un pedacito de la vieja y querida Inglaterra que alguien trasladó por error a la costa occidental de América del Norte. La ciudad, conocida cariñosamente como la «City of Gardens», me sorprendió al instante con su atmósfera increíblemente relajada, sus edificios históricos de ladrillo y el hecho de que por sus calles circulan autobuses rojos de dos pisos. ☺️
He recopilado todo lo que creo que merece realmente la pena — desde el puerto hasta el té en el Empress y las orcas en el horizonte — y también te cuento qué me decepcionó.

Resumen
Si estás buscando rápidamente qué ver en Victoria Canadá y necesitas solo un repaso de lo más importante, aquí tienes los puntos clave que no deberías perderte bajo ningún concepto:
- El centro más fotografiado: El Inner Harbour es el corazón de la ciudad, donde encontrarás el majestuoso edificio del Parlamento y el histórico hotel Fairmont Empress.
- Una experiencia de lujo: El tradicional té de la tarde en el hotel Empress es un plan algo caro, pero vale cada dólar canadiense.
- Paraíso floral: Los Butchart Gardens figuran entre los jardines más hermosos del mundo y no puedes perdértelos, llegues en la temporada que llegues.
- Fauna en estado salvaje: Victoria es uno de los mejores lugares del mundo para el avistamiento de ballenas y orcas directamente desde el océano.
- Historia y curiosidades: El barrio chino más antiguo de Canadá esconde Fan Tan Alley, la calle comercial más estrecha de toda América del Norte.
- Descanso y vistas: Fisherman’s Wharf ofrece casas flotantes de colores y deliciosa comida directamente sobre el agua.
Cuándo ir a Victoria Canadá y cómo llegar
Planificar un viaje a Victoria requiere algo de preparación, ya que la ciudad se encuentra en el extremo sur de la isla de Vancouver, así que no puedes llegar simplemente en coche por autopista. Lo que descubrirás es que el propio trayecto hasta allí es ya el primer gran atractivo del viaje.
La forma más habitual y quizás más romántica de llegar es en ferry de BC Ferries desde Vancouver. El barco sale del puerto de Tsawwassen y la travesía hasta Swartz Bay, cerca de Victoria, dura aproximadamente hora y media. El recorrido atraviesa una bahía preciosa llena de pequeñas islas boscosas, y no es raro avistar ballenas o focas desde cubierta. En temporada alta te recomiendo comprar los billetes del ferry con mucha antelación online, porque suelen agotarse. Si prefieres algo más espectacular, los hidroaviones (seaplanes) despegan desde el centro de Vancouver y aterrizan directamente en el Inner Harbour de Victoria — es más caro, pero la experiencia es absolutamente impresionante. Para buscar vuelos baratos desde España, plataformas como Kiwi son una buena opción para comparar precios desde Madrid o Barcelona.
En cuanto al clima, Victoria Canadá tiene un tiempo increíblemente suave para los estándares canadienses. Los inviernos son lluviosos pero con muy poca nieve, y los veranos son agradablemente cálidos sin llegar a ser sofocantes. La mejor época para visitar es de primavera a otoño. Sinceramente, recomiendo el inicio de la primavera: Victoria tiene miles de cerezos cuya floración (cherry blossoms) convierte toda la ciudad en un sueño rosa. Antes de salir a hacer excursiones, conviene revisar siempre la previsión meteorológica local, porque el tiempo en la costa del Pacífico puede cambiar con bastante rapidez.
Si planeas seguir explorando la isla y adentrarte en la naturaleza más salvaje, tengo muy buena experiencia con Booking.com para alojamiento, y para el alquiler de coche recuerda reservarlo con tiempo junto con tu plaza en el ferry.
Dónde alojarse en Victoria y cuánto cuesta
Victoria no es un destino precisamente barato y el alojamiento se llevará una parte considerable del presupuesto, especialmente si viajas en plena temporada alta de verano. Dicho esto, es una ciudad donde realmente merece la pena invertir en una buena ubicación para poder visitar la mayoría de los lugares a pie.
El centro de Victoria es sorprendentemente compacto. La zona mejor situada — y lógicamente la más cara — es el entorno del puerto Inner Harbour y el barrio Downtown. Alojándote aquí tendrás el Parlamento, el museo y los mejores restaurantes a un paso. Una noche en un buen hotel del centro te costará en temporada alta entre 250 y 400 CAD (unos 170–270 €) por habitación; si te apetece el lujo del icónico Fairmont Empress, prepárate para pagar fácilmente el doble.
Para precios algo más asequibles puedes buscar alojamiento en el barrio de James Bay, un precioso y tranquilo barrio residencial lleno de casas históricas justo detrás del Parlamento. Más de una vez me detuve ante una verja mientras paseaba por sus calles pensando en mudarme allí. En esta zona encontrarás varios pequeños alojamientos tipo bed and breakfast con un ambiente muy hogareño.
En cuanto al coste general de vida, Victoria es comparable a Vancouver. Una comida en un restaurante normal cuesta entre 25 y 40 CAD (unos 17–27 €), una cerveza en un bar ronda los 8 CAD (unos 5 €) y las entradas a atracciones oscilan entre 20 y 50 CAD. Lo bueno es que el centro es muy cómodo para recorrer a pie, y para los lugares más alejados hay una red de autobuses fiable y bastante económica.

Victoria Canadá: 12 lugares que visitar y qué hacer
Y ahora, lo mejor. El calzado cómodo es imprescindible — yo siempre lo subestimo y siempre me arrepiento. Prepara tus zapatillas más cómodas porque, aunque la ciudad es pequeña, vas a recorrer bastantes kilómetros.
1. Inner Harbour y el majestuoso Parlamento
El Inner Harbour, o puerto interior, es el corazón y el alma absoluta de Victoria, alrededor del cual gira toda la vida de la ciudad. Cada vez que llego aquí, siento que he entrado en una postal. En el agua se mecen pequeñas embarcaciones y lujosos veleros, cada poco rato aterriza algún hidroavión y por los alrededores pasean artistas callejeros y músicos.

El elemento dominante del puerto es el edificio del Parlamento provincial (British Columbia Parliament Buildings). Estos imponentes edificios de piedra con cúpulas de cobre son muy solemnes durante el día, pero la verdadera magia llega al anochecer. En 1897 el arquitecto los iluminó con más de tres mil bombillas que, al caer la noche, perfilan toda la fachada. Es una imagen increíblemente romántica que disfrutarás mejor desde un banco del paseo marítimo con un café caliente en la mano.
Si te interesa la historia y la política, puedes entrar al Parlamento en una visita guiada gratuita donde explican cómo funciona el sistema político canadiense. La visita interior es gratis y dicen que es bastante interesante, pero siendo sincera, nunca la he hecho yo. Prefiero sentarme tranquilamente en el césped frente al edificio, observar el movimiento del puerto y disfrutar de esa atmósfera pausada que solo rompe, de vez en cuando, el pitido de algún barco.
2. El tradicional té de la tarde en el hotel Fairmont Empress
Justo enfrente del puerto se alza otro edificio icónico: el enorme y lujoso hotel Fairmont Empress, cubierto de hiedra. Aunque no te alojes aquí, tienes que acercarte a su famoso Afternoon Tea, porque es una experiencia que no se olvida. Se celebra desde 1908 y entre sus paredes han tomado el té reyes, reinas y estrellas de cine.

Eso sí, te aviso: no es precisamente económico. El té de la tarde cuesta alrededor de 75–90 CAD por persona (unos 50–60 €), lo que puede parecer bastante para un té y unos pastelitos. Pero lo que pagas es, sobre todo, la experiencia y la elegancia. Te sientan en un salón suntuoso con vistas al puerto, te sirven su mezcla especial de té en porcelana con motivos de rosas y, en una bandeja de tres pisos, llegan unos perfectos sándwiches de pepino, scones calientes con mermelada de fresa casera y crema espesa (clotted cream), además de exquisitos petit fours.
Intenta vestir algo más arreglado de lo habitual, ya que el hotel pide un código de vestimenta smart casual. Es exactamente el momento en el que te sientes como la aristocracia británica de vacaciones, y nosotras lo disfrutamos muchísimo, aunque el resto del día tuviéramos que comer en sitios más modestos 😅. Reserva mesa con antelación online, porque en verano suele estar completo con semanas de anticipación.
3. Los Butchart Gardens, un milagro floral
Si solo puedes ver una cosa fuera del centro de Victoria, que sean los Butchart Gardens. Estos jardines están a unos treinta minutos en coche al norte del centro y son, literalmente, una joya única en el mundo. La entrada cuesta alrededor de 41 CAD (unos 27 €) y es una inversión de la que no te vas a arrepentir.

La historia del lugar es realmente fascinante. Aquí había una enorme y fea cantera de piedra caliza que pertenecía a la familia Butchart. Cuando la cantera quedó agotada, la señora Jennie Butchart decidió transformar aquel paisaje lunar en un jardín e hizo traer toneladas de tierra fértil de las granjas cercanas. El resultado es el Sunken Garden (el Jardín Hundido). Cuando lo contemplas por primera vez desde el mirador en lo alto, literalmente se te corta la respiración.
Los jardines abren todo el año y cada temporada ofrecen un espectáculo diferente. En primavera florecen decenas de miles de tulipanes y narcisos; en verano te deslumbran las rosas en pleno esplendor, y en otoño el jardín japonés se tiñe de rojos y dorados increíbles. A nosotras nos gusta llegar a primera hora, justo en la apertura, cuando todavía no hay grandes aglomeraciones y todo el jardín desprende una calma y una magia especiales.
4. Avistamiento de ballenas y orcas (Whale Watching)
El océano que rodea la isla de Vancouver alberga una enorme variedad de vida marina, y Victoria es una de las mejores bases del mundo para el avistamiento de ballenas. En estas aguas viven grupos residentes y migratorios de orcas, ballenas jorobadas y rorcuales aliblancas.

Desde el Inner Harbour salen a diario varias empresas que organizan estas excursiones. Puedes elegir entre un barco grande, cerrado y calefactado — ideal para familias con niños — o subirte a una pequeña y rápida zodiac. Nuestra recomendación es claramente la zodiac. Te pondrán un enorme mono salvavidas rojo con el que apenas puedes moverte y pareces el muñeco de Michelin, pero la experiencia de estar tan cerca de la superficie del agua, sentir el salitre en la cara y ver la enorme aleta negra de una orca a pocos metros de ti es, sencillamente, indescriptible.
La excursión dura unas tres horas y cuesta entre 130 y 150 CAD por persona (unos 87–100 €). Los capitanes son muy experimentados y comparten información sobre los avistamientos entre ellos, así que las probabilidades de ver ballenas son bastante altas (algunas empresas incluso ofrecen repetir la excursión gratis si no las ves). Te recomendamos reservar con antelación a través de GetYourGuide, donde además suele haber opción de cancelación gratuita.
5. Las casitas de colores de Fisherman’s Wharf
A unos quince minutos a pie desde el Inner Harbour en dirección al océano encontrarás Fisherman’s Wharf, un rincón muy singular y tremendamente fotogénico de la ciudad. Es una red de muelles de madera sobre los que se asientan casas flotantes de vivos colores (houseboats) en las que la gente local vive de verdad durante todo el año.

Algunas houseboats son pequeñas y encantadoras, otras parecen villas flotantes modernas, pero todas tienen algo en común: están pintadas con colores vibrantes y repletas de macetas. Además de las casas habitadas, encontrarás varios puestos de comida flotantes. Acércate a mediodía, hazte con unos fish and chips frescos en el puesto Barb’s Fish and Chips, siéntate en los bancos de madera y observa el animado ir y venir del pequeño puerto.
Está terminantemente prohibido dar de comer a las focas (y las multas son considerables), pero las verás de todas formas porque cazan sus propios peces sin inmutarse lo más mínimo. Y para volver al centro, por cierto, puedes tomar el pequeño taxi acuático amarillo (Victoria Harbour Ferry), que es más rápido y mucho más divertido que ir andando.
6. El Royal BC Museum
A mi madre y a mí no nos apasionan especialmente los museos, pero este nos conquistó de verdad. Mi madre pasó dos horas en la sección de las Primeras Naciones y tuve que sacarla casi a rastras para no perder la cena. El Royal BC Museum figura entre los mejores de Canadá. Sus exposiciones no son solo vitrinas con cartelas largas, sino que todo el museo está concebido como una serie de dioramas y espacios inmersivos impresionantes.

La sección más impactante es la dedicada a los pueblos originarios (First Nations) de la costa del Pacífico. Verás enormes tótems ricamente tallados, máscaras rituales y viviendas tradicionales completas. Aprenderás mucho sobre la compleja y a menudo muy dolorosa historia de las relaciones entre los colonizadores y las comunidades indígenas locales, algo absolutamente fundamental para entender el Canadá actual.
En el segundo piso te espera una cuidada exposición de historia natural donde atraviesas bosques lluviosos, cuevas y fondos marinos a tamaño real. La entrada cuesta unos 29 CAD (unos 19 €) y puedes pasar tranquilamente tres horas sin aburrirte en ningún momento.
7. Chinatown y Fan Tan Alley, el callejón más estrecho
El barrio chino de Victoria no tiene las dimensiones del de Vancouver o San Francisco, pero ostenta un mérito enorme: es el barrio chino más antiguo de todo Canadá y el segundo más antiguo de América del Norte. Nació a mediados del siglo XIX durante la fiebre del oro, cuando miles de trabajadores y comerciantes chinos llegaron a la región.

Hoy es una fascinante mezcla de edificios de ladrillo, farolillos de colores, salones de té y tiendas de medicina tradicional china. El corazón del barrio es Fan Tan Alley. Este discreto callejón ostenta el récord de calle comercial más estrecha de América del Norte: en su punto más angosto mide apenas noventa centímetros, así que si llevas mochila grande, puede que te quedes atascado.
En el pasado fue el centro del juego ilegal y los fumaderos de opio, repleto de salidas de emergencia secretas, pero hoy alberga pequeñas galerías de arte, tiendas de vinilos y boutiques con mucho estilo. A menudo encontrarás joyería artesanal de plata muy especial. Yo descubrí allí la marca Pyrrha (hacen joyas con antiguos sellos de cera y son absolutamente preciosas), me compré un collar y todavía lo llevo como recuerdo del que me siento muy orgullosa.
8. Beacon Hill Park y el kilómetro cero histórico
Cuando necesites un respiro del bullicio urbano, dirígete a pie al enorme Beacon Hill Park, que se extiende cerca del centro hacia el sur. Es un gran oasis de verdor con árboles gigantescos, estanques, parterres de flores cuidadísimos y senderos serpenteantes.

El parque tiene algo muy especial: decenas de pavos reales que pasean libremente por él. De vez en cuando te parecerá estar en un cuento cuando uno de ellos despliega su cola espectacular delante de ti en el césped. Si viajas con niños, no te pierdas la Beacon Hill Children’s Farm, donde puedes acariciar a las cabritas que corretean sueltas.
En el extremo sur del parque, donde la tierra firme da paso al océano, encontrarás un monumento discreto pero muy significativo con la inscripción Mile 0. Este lugar señala el inicio (o el final, según se mire) de la icónica Trans-Canada Highway, que se extiende durante más de 8.000 kilómetros a través de todo Canadá hasta la costa este, en la provincia de Terranova. Estuvimos allí unos diez minutos mirando los picos nevados al otro lado del estrecho y no teníamos ganas de movernos. De esos momentos en que uno se pregunta para qué vivir en otro sitio.
9. El castillo Craigdarroch y la riqueza del barón
Canadá no es precisamente un país donde esperarías encontrar castillos medievales, pero Victoria tiene el suyo propio, muy particular: el Craigdarroch Castle. Se trata de una enorme mansión de estilo victoriano recargado que mandó construir en la década de 1880 el barón del carbón escocés Robert Dunsmuir, entonces uno de los hombres más ricos de toda la provincia.

El señor barón no llegó a ver la obra terminada, pero su casa sigue en pie y se ha convertido en un museo fascinante. Por fuera, con sus pequeñas torres, el edificio tiene un aspecto bastante majestuoso, pero la verdadera riqueza está dentro. Los interiores están revestidos con las maderas más nobles del mundo, se conserva una cantidad impresionante del mobiliario original y decenas de preciosas vidrieras de colores.
La entrada cuesta unos 20 CAD (unos 13 €) y la visita dura aproximadamente una hora. No esperes caballeros ni mazmorras; es más bien una ostentosa demostración de lo que podía permitirse construir alguien con muchísimo, pero que muchísimo dinero en el siglo XIX. La escalera de roble es preciosa y yo subí y bajé tres veces solo por el placer de hacerlo.
10. La magia de la primavera y los cerezos en flor (Cherry Blossoms)
Si consigues planificar tu visita a Victoria entre finales de febrero y principios de abril, serás testigo de uno de los espectáculos naturales más hermosos de la ciudad. Gracias a su clima extraordinariamente suave, Victoria presume de tener una de las floraciones primaverales más tempranas y espectaculares de todo Canadá.

La ciudad está salpicada de miles de cerezos y ciruelos cuyas copas se transforman en enormes nubes de color rosa y blanco. Calles como View Street o la zona de James Bay quedan literalmente alfombradas de pétalos que flotan en el aire como nieve de colores. Los vecinos lo adoran y la llegada de la floración simboliza para ellos el final definitivo del gris y lluvioso invierno.
Existen incluso mapas especiales de los árboles en flor con los que puedes organizar un paseo de día completo. Es una época increíblemente fotogénica, y si estás valorando una escapada primaveral y dudas con las fechas, te recomiendo que intentes coincidir con este período. Mi madre y yo estuvimos allí a principios de marzo y saqué unas cuatrocientas fotos, la mitad de las cuales son solo árboles. Mi madre fue muy valiente.
11. Ruta en bici por el Galloping Goose Trail
Victoria es una ciudad increíblemente amigable para los ciclistas, con carriles bici protegidos y conductores que los respetan, pero su gran orgullo es el llamado Galloping Goose Trail. Se trata de una antigua vía de tren reconvertida en un precioso carril bici y senderismo de unos sesenta kilómetros que va desde el centro de la ciudad hasta los bosques profundos y las pequeñas comunidades rurales más allá de la civilización.

En el centro puedes alquilar sin problema una bicicleta normal o eléctrica (si prefieres no llegar sudado) por medio día y salir a rodar. El trazado es mayoritariamente llano, está rodeado de vegetación exuberante y por el camino encontrarás pequeñas cafeterías y matas de moras silvestres donde parar a merendar.
Evidentemente no hace falta recorrer todo el trayecto; con unas pocas horas de pedaleo desde la ciudad y vuelta es más que suficiente. Es un descanso enorme y una forma estupenda de descubrir rincones a los que no llegarías en coche ni a pie, y de paso quemar algo de todas las calorías de los restaurantes locales.
12. Una tarde tranquila en el elegante barrio de Oak Bay
Si quieres vivir de verdad la «vieja Victoria británica», escápate al barrio de Oak Bay. Esta zona, un poco alejada del centro en la costa este, está llena de casas señoriales, calles tranquilas y pequeñas tiendas independientes donde se venden antigüedades y ropa de diseño. Los vecinos pasean a sus perros a un ritmo que deja claro que no tienen prisa por llegar a ningún sitio, y les envidio profundamente.

Pásate por la marina local, donde te invade una relajante atmósfera isleña; puedes tomar un café estupendo con vistas a los veleros anclados y a las focas de vez en cuando. Oak Bay Avenue es el sitio ideal para un paseo de compras tranquilo y para empaparse del ambiente: encontrarás varias tearooms más pequeñas y menos turísticas donde disfrutar de un magnífico té de la tarde a precios bastante más asequibles que en el famoso hotel Empress.
Este barrio tiene un encanto único y propio, y para muchos visitantes es su parte favorita de toda la ciudad, precisamente porque aquí no hay hordas de turistas, sino vecinos paseando a sus perros y disfrutando de la vida tranquila.
Dónde comer en Victoria y qué probar
La escena gastronómica de Victoria es increíblemente rica. La ciudad saca partido de su posición costera, así que aquí encuentras mariscos y pescados frescos y fenomenales. Además, tiene una fuerte comunidad universitaria y eso se nota: la cultura del café está muy desarrollada y el café de especialidad es algo totalmente normalizado.
Si buscas lo mejor en materia de restaurantes, céntrate en los mariscos. Una auténtica institución es Red Fish Blue Fish, un pequeño local de madera construido directamente sobre el muelle del Inner Harbour. La cola a veces supera la hora de espera, pero sus fish and chips de salmón salvaje o sus tacos de pescado merecen con creces la espera.
Para desayunar te recomendamos Blue Fox Cafe (los huevos Benedictine son de otro nivel) o el Jam Cafe para los pancakes. Eso sí, los fines de semana la cola empieza a formarse fuera a las ocho de la mañana y yo no soy de esas personas que hacen eso normalmente. Lo hice. No me arrepiento. Para el café, a mi madre y a mí nos gusta parar en Habit Coffee, siempre una apuesta segura con un servicio muy agradable. Y no dejes de descubrir las pequeñas cervecerías artesanales que abundan en Victoria y probar su craft beer.
Qué hacer después en Canadá y cómo preparar el viaje
Victoria es un punto de partida fantástico desde el que explorar los rincones más salvajes de la naturaleza canadiense en la costa oeste. Sería una lástima quedarse solo en la ciudad.
- Desde Victoria, te recomendamos seguir hacia el norte para explorar el resto de la isla de Vancouver. Por el camino puedes parar en las infinitas playas de surf de Tofino y pasear por los bosques lluviosos llenos de árboles milenarios y gigantescos.
- Al volver al continente, echa un vistazo a nuestros consejos sobre qué ver en Vancouver, una metrópolis moderna de cristal rodeada por todos lados de montañas nevadas que nos tiene totalmente enamoradas.
- Tarjeta eSIM: No olvides gestionar tu conexión a internet antes de volar a Canadá para poder usar la navegación tanto en carretera como en ciudad. Nosotras usamos habitualmente una eSIM y en nuestra reseña de Holafly explicamos por qué nos parece la opción más cómoda y práctica en este momento. También puedes comprarla directamente en Holafly.
- Seguro de viaje: Para viajar fuera de Europa, jamás, pero de verdad jamás, salgas sin seguro. Si buscas un seguro médico para viajes largos o para el trabajo en remoto, léete nuestra reseña de SafetyWing.
Preguntas frecuentes (FAQ)
He preparado respuestas rápidas a las preguntas más habituales para que planificar tu viaje a Victoria Canadá sea lo más sencillo posible.
¿Qué ver en Victoria?
Entre las principales atracciones se encuentran el puerto Inner Harbour con el edificio del parlamento, el lujoso hotel Fairmont Empress, los preciosos jardines Butchart Gardens, el museo Royal BC Museum y las pintorescas casas flotantes en Fisherman’s Wharf. Definitivamente dedica tiempo también para una excursión en barco de avistamiento de ballenas.
¿Cuántos días necesito para visitar Victoria?
Dos o tres días completos son absolutamente ideales para recorrer tranquilamente todo el centro, sentarte en alguna cafetería, disfrutar del té de las cinco, salir de la ciudad hacia los jardines Butchart y hacer un paseo en barco de medio día para avistar ballenas, sin tener que estresarte ni andar corriendo.
¿Cuál es la diferencia entre Vancouver y Victoria?
Vancouver es una enorme metrópoli moderna y ajetreada, llena de rascacielos de cristal y negocios internacionales, ubicada en la parte continental de Canadá. Victoria, situada en la isla vecina, es en cambio una ciudad más pequeña, tranquila e histórica, con una marcada arquitectura inglesa y un ritmo de vida más pausado.
¿Es necesario reservar con anticipación el ferry desde Vancouver?
Sí, si viajas en coche y además en temporada alta, la reserva de billetes con BC Ferries por internet es casi imprescindible para no tener que esperar en el puerto varias horas hasta el próximo ferry disponible. Para los viajeros a pie sin coche no suele ser un problema tan grande.
¿Cuándo hay más probabilidades de ver ballenas y orcas cerca de Victoria?
Las ballenas y diversos tipos de mamíferos marinos se encuentran en los alrededores de la isla durante todo el año, pero la temporada más alta y exitosa para el avistamiento de orcas comienza en mayo y dura aproximadamente hasta finales de octubre.
¿Se puede pagar en Canadá con dólares americanos?
No, en Canadá se paga con dólar canadiense (CAD). Aunque algunos lugares turísticos cerca de la frontera estadounidense quizás acepten billetes americanos, el tipo de cambio suele ser muy desfavorable. Nosotros recomendamos pagar con tarjeta en todas partes, el efectivo lo necesitarás realmente muy poco y en contadas ocasiones.
¿Vale la pena tomar el té en el hotel Empress?
Si buscas una merienda económica, definitivamente no vale la pena, porque los precios rondan entre 65 y 75 EUR por persona. Pero si quieres darte el lujo de vivir una experiencia llena de elegancia inglesa, un servicio excelente y probar algo tradicional en un entorno histórico precioso, es una experiencia que vale cada euro gastado.
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