Hay ciudades a las que llegas y dices «bonita». Y luego hay ciudades donde se te cae la mandíbula y no estás seguro de si sigues en Norteamérica o alguien te ha teletransportado a Francia. Quebec, Canadá, es exactamente el segundo caso. Cuando con Lukáš salimos de una curva por primera vez y en el horizonte apareció la silueta del Château Frontenac sobre el río San Lorenzo, los dos nos quedamos sin palabras. Y eso no nos pasa a menudo, como os podéis imaginar. 😁
Quebec City es como un impostor europeo escondido en Canadá. Callejuelas empedradas, casas de piedra con tejados de pizarra, francés en cada esquina, croissants para desayunar y poutine para cenar. Jurarías que estás en algún pueblo de Bretaña, hasta que ves la bandera con la hoja de arce y te das cuenta de que sigues en el continente americano. ¿Y sabéis qué es lo mejor? National Geographic incluyó Quebec entre los «Best of the World 2026», así que ahora es el momento perfecto para visitarlo antes de que lo descubra todo el mundo.
En este artículo encontrarás 15 cosas que ver y hacer en Quebec, Canadá: desde un paseo por las murallas de la única ciudad amurallada de Norteamérica, pasando por el icónico Château Frontenac, hasta cataratas más altas que las del Niágara. Te cuento dónde alojarte, qué comer (spoiler: mucho poutine), cuál es la mejor época para ir y cuánto cuesta todo. Básicamente, una guía completa de Quebec, Canadá, para que no tengas que buscar nada más. ☺️

Resumen
- El casco antiguo (Vieux-Québec) es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y la única ciudad amurallada de Norteamérica al norte de México. Pasear por las murallas es gratis y absolutamente mágico.
- Château Frontenac es el hotel más fotografiado del mundo. Aunque no te alojes en él (nosotros no lo hicimos 😅), la Terrasse Dufferin justo debajo ofrece una de las mejores vistas de todo Canadá.
- Quartier Petit-Champlain es el barrio comercial más antiguo de Norteamérica y parece sacado de una película francesa. Tienes que ir sí o sí.
- Las cataratas Montmorency son 30 metros más altas que las del Niágara y están a solo 15 minutos del centro. Teleférico, puente colgante, tirolina… hay mucho que hacer.
- Île d’Orléans es una islita llena de granjas, viñedos y fábricas de chocolate. La llaman «El Jardín de Quebec» y nosotros compramos tanto sirope de arce que casi no nos dejaron facturar la maleta.
- La mejor época para visitar es septiembre-octubre (veranillo de San Martín, colores espectaculares, menos turistas) o febrero, si quieres vivir el mayor carnaval de invierno del mundo.
- Para comer, id a La Bûche (experiencia sugar shack todo el año), Aux Anciens Canadiens (cocina quebequense tradicional) y Le Chic Shack (el mejor poutine).
- Alojamiento en el centro desde 90 € por noche; una buena habitación en el casco antiguo ronda los 100–140 €.
- Para 4–5 días, calcula unos 1 000–1 300 € para dos personas (sin vuelos), incluyendo alojamiento, restaurantes y entradas.
- Desde Montreal llegas en coche en 2,5 horas o en tren en 3,5 horas. Sin coche se puede recorrer la ciudad perfectamente a pie, pero para excursiones (Île d’Orléans, Montmorency Falls) el coche es un gran plus.
Cuándo ir a Quebec y cómo llegar
Quebec, Canadá, es precioso durante todo el año, pero cada estación ofrece una atmósfera completamente diferente — y también precios muy distintos. Vamos a analizar cuándo merece la pena ir, cómo llegar a Canadá y cómo desplazarte hasta Quebec. Os adelanto algo: vayáis cuando vayáis, no os arrepentiréis. Nosotros fuimos en otoño y ya estamos planeando volver en invierno. ☺️
Mejor época para visitar
Septiembre y octubre son, en nuestra opinión, la mejor época. Es el periodo del famoso Indian summer (veranillo de San Martín canadiense), cuando los árboles de hoja caduca se tiñen de increíbles tonos rojos, naranjas y dorados. Las temperaturas rondan los 10–18 °C, ideales para caminar todo el día por la ciudad. Hay muchos menos turistas que en verano y los precios del alojamiento bajan. Cuando estuvimos en Quebec a principios de octubre, teníamos el Petit-Champlain casi para nosotros solos, algo que en verano simplemente no ocurre.
Verano (julio–agosto) es temporada alta. Temperaturas de 20–28 °C, actividad por todas partes: festivales, artistas callejeros, restaurantes al aire libre. Pero prepárate para las multitudes y precios más altos. Si vas en verano, reserva el hotel con al menos 2–3 meses de antelación.
Invierno (diciembre–febrero) es para valientes y románticos. Quebec bajo la nieve parece un cuento de hadas. Las temperaturas bajan hasta los -20 °C (sí, menos veinte 😅), pero si te abrigas bien, es absolutamente mágico. Y si vienes en febrero, vivirás el Carnaval de Québec, el mayor carnaval de invierno del mundo.
Primavera (abril–junio) es algo más impredecible: un día brilla el sol y al siguiente nieva. Mayo y junio ya son agradables, la ciudad despierta y los precios siguen siendo razonables.
Cómo llegar a Quebec
No hay vuelos directos desde Madrid o Barcelona a Quebec City, pero eso no debería frenarte. La forma más fácil es volar a Montreal (vuelos directos con Air Transat o Air Canada en temporada; también con Iberia o Vueling haciendo escala en ciudades como París, Londres o Toronto) y desde allí continuar hasta Quebec. Los vuelos de ida y vuelta a Montreal desde España suelen encontrarse a partir de unos 350–450 € si aprovechas ofertas. Nosotros solemos buscar en Kiwi.com, donde puedes configurar fechas flexibles y encontrar las mejores combinaciones.
De Montreal a Quebec City tienes varias opciones:
- En coche — 250 km por la autopista 20 o 40, unas 2,5 horas de trayecto. Sin duda la opción más cómoda, y además puedes hacer paradas por el camino. Con Lukáš llevamos años usando RentalCars.com, donde comparas precios de todas las empresas de alquiler en un solo sitio. Si planeas una ruta más amplia, echa un vistazo a nuestro roadtrip por Canadá. El coche te permitirá además hacer excursiones fuera de la ciudad (Île d’Orléans, Montmorency Falls, Charlevoix).
- En tren (VIA Rail) — el trayecto dura unas 3,5 horas, los trenes son cómodos y el paisaje precioso (sobre todo a lo largo del río San Lorenzo). Billetes desde unos 25 € si compras con antelación.
- En autobús (Orléans Express) — la opción más económica, unas 3 horas de viaje. Billetes desde 17 €.
Si vuelas directamente a Quebec City (con escala en Toronto o Montreal), el aeropuerto Jean Lesage (YQB) está a solo 20 minutos del centro. Un taxi al centro cuesta unos 25 €. No olvides hacerte con una eSIM para datos móviles en Canadá y estar conectado desde que aterrices.
Dónde alojarse en Quebec y cuánto cuesta
Elegir bien el alojamiento en Quebec es clave, porque la ciudad es bastante compacta y si te alojas en la zona adecuada, llegarás a la mayoría de atracciones a pie. En cuanto a precios, Quebec se sitúa en un rango medio-alto para Canadá: una buena habitación doble en el centro cuesta entre 90 y 175 € por noche, lo cual para Canadá es bastante razonable.
Old Quebec (Vieux-Québec) — mejor para una primera visita
Si es tu primera vez en Quebec, alójate en el casco antiguo. Estarás a un paso de todo lo importante y, sobre todo, disfrutarás de la atmósfera por la noche, cuando los turistas se van. El casco antiguo al anochecer, cuando se encienden las farolas y por las callejuelas se cuela el aroma de los restaurantes, no tiene precio.
Le Manoir d’Auteuil — nuestra recomendación estrella. Un hotel boutique histórico con una puntuación de 9.6 en Booking, desayuno incluido e interiores preciosos. Precios desde unos 90 € por noche, lo cual es excelente para el casco antiguo. La ubicación es perfecta: a pocos minutos de las murallas y del Petit-Champlain.
Hôtel du Vieux-Québec — otra opción fantástica con un 9.8 (!) en Booking. Habitaciones modernas en un edificio histórico, ubicación inmejorable en pleno corazón del casco antiguo. Precios desde 105 € por noche. Si buscas algo seguro, esta es tu apuesta.
Fairmont Le Château Frontenac — el hotel icónico que es un monumento en sí mismo. Habitaciones desde 240 € por noche. Nosotros no nos alojamos (el presupuesto es el presupuesto 😅), pero si celebras un aniversario o quieres cumplir un sueño, es una experiencia inolvidable.
Saint-Roch — para quien busca ambiente local
El barrio de Saint-Roch es la zona hipster de Quebec, lleno de cafeterías, tiendas independientes y restaurantes. Está a unos 15 minutos andando del casco antiguo (cuesta abajo, aunque luego la subida es un buen entrenamiento para las pantorrillas 😁). El alojamiento suele ser un 20–30 % más barato que en Old Quebec, así que si quieres ahorrar y no te importa caminar un poco más, es una opción estupenda.
Sainte-Foy — opción económica con coche
Si tienes coche y quieres ahorrar, Sainte-Foy es un barrio residencial a unos 15 minutos en coche del centro. Los hoteles empiezan desde unos 55 € por noche. No es especialmente pintoresco, pero como base para explorar la ciudad y los alrededores cumple su función.
Para reservas utilizamos habitualmente Booking.com — tienen una amplia oferta en Quebec y a menudo ofrecen cancelación gratuita, lo cual viene muy bien si planificas con antelación y no sabes si cambiarán tus planes.
Quebec, Canadá: 15 cosas que ver y hacer
Y ahora lo principal: vamos a repasar juntos las 15 mejores cosas que ver y hacer en Quebec, Canadá. Desde murallas históricas pasando por hoteles icónicos hasta cataratas e islitas llenas de granjas. Quebec es una ciudad que te sorprende en cada esquina, y voy a intentar transmitiros esa atmósfera de la forma más fiel posible. ¿Preparados? ¡Vamos allá! ☺️
1. Casco antiguo (Vieux-Québec) — Patrimonio UNESCO que quita el aliento

Esto tiene que ser el número uno obligatoriamente. El casco antiguo de Quebec está inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y es la única ciudad amurallada de Norteamérica al norte de México. Las murallas datan de los siglos XVII y XVIII, tienen casi 4,6 kilómetros de largo y se pueden recorrer libremente, ¡gratis! Nosotros pasamos hora y media sobre las murallas, parando a cada paso por las vistas y las fotos.
El casco antiguo se divide en dos partes: Haute-Ville (Ciudad Alta) y Basse-Ville (Ciudad Baja), conectadas por calles empinadas y el funicular Funiculaire du Vieux-Québec. En la Ciudad Alta encontrarás el Château Frontenac, la Ciudadela, la catedral y la mayoría de los edificios históricos. La Ciudad Baja alberga el barrio Petit-Champlain y el puerto viejo.
Lo que más me impactó del casco antiguo es su autenticidad. Aquí no hay decorados para turistas: la gente vive de verdad, en esas casas históricas hay pisos, en las esquinas pequeñas tiendas con pan recién hecho y en las ventanas ropa tendida al sol. Por la noche, cuando se encienden las farolas y por las callejuelas flotan el francés y el aroma de los bistrós, tienes la sensación de haberte trasladado a otro siglo. Y sin embargo, estás en Canadá. Una sensación absolutamente surrealista.
2. Château Frontenac — el hotel más fotografiado del mundo

El Château Frontenac es el emblema de toda la ciudad y, sinceramente, verlo por primera vez en persona es uno de esos momentos «wow» que no se olvidan. Este coloso hotelero de estilo neogótico fue inaugurado en 1893 y hoy forma parte de la cadena Fairmont Le Château Frontenac. Desde entonces se ha convertido probablemente en el hotel más fotografiado del mundo. Se alza sobre un acantilado sobre el río San Lorenzo y es visible prácticamente desde cualquier punto de la ciudad.
Nosotros no nos alojamos en él (como he dicho, el presupuesto es el presupuesto), pero os recomiendo encarecidamente al menos echar un vistazo al interior. El vestíbulo es accesible al público y es precioso: madera oscura, lámparas de araña, alfombras, todo. Si os apetece un toque de lujo, podéis tomar un cóctel en el bar del hotel 1608 o un brunch en el restaurante Champlain, donde sirven unos eggs Benedict espectaculares con vistas al río.
Curiosidad para los amantes de la historia: durante la Segunda Guerra Mundial se celebraron aquí dos conferencias secretas entre Roosevelt y Churchill (Quebec Conferences de 1943 y 1944). Así que estás en el lugar donde se decidió el destino del mundo. Nada del otro mundo, ¿verdad? 😉
3. Terrasse Dufferin — paseo marítimo con vistas inolvidables

La Terrasse Dufferin es un paseo de madera que se extiende justo bajo el Château Frontenac con vistas al río San Lorenzo, la Ciudad Baja y, a lo lejos, la orilla opuesta en Lévis. Es uno de esos sitios donde simplemente tienes que pararte, apoyarte en la barandilla y contemplar.
Nosotros estuvimos al atardecer y el río se tiñó de rosa y dorado — Lukáš hizo unas cincuenta fotos y yo me quedé clavada sin poder moverme de lo bonito que era. En la Terrasse encontrarás también artistas callejeros, puestos de comida y en invierno se monta un enorme tobogán de hielo (¡sí, se puede bajar por él!). El acceso al paseo es gratuito y está abierto las 24 horas. Venid por la mañana y por la noche: son dos experiencias completamente distintas.
Justo debajo de la Terrasse Dufferin podéis visitar también un yacimiento arqueológico: los restos del fuerte de Champlain de 1620 y del Château Saint-Louis. La entrada cuesta 3 € y es una breve parada interesante si os gusta la historia.
4. Quartier Petit-Champlain — la calle más encantadora de Canadá

Si existe una calle que parece dibujada por un ilustrador de cuentos infantiles, esa es la Rue du Petit-Champlain. Este barrio comercial más antiguo de Norteamérica (¡funciona desde 1608!) está lleno de boutiques, galerías, cafeterías y restaurantes, todo en casas históricas de piedra adornadas con flores, faroles y en invierno miles de lucecitas.
Desde la Ciudad Alta se llega bajando por la empinada escalera Escalier Casse-Cou (literalmente «Escalera rómpete el cuello» — romántico, ¿verdad? 😅) o en el funicular que funciona desde 1879 y cuesta 3 € por trayecto. Nosotros bajamos por las escaleras y subimos en funicular — la combinación ideal, porque bajar está bien, pero después del almuerzo, subir habría sido demasiado.
En Petit-Champlain reserva al menos una hora para pasear. Haz una parada en la galería Rodin (venden precioso arte local), prueba un helado en Tutto Gelato y, sobre todo, haz fotos. Cada rincón de este barrio es fotogénico. En invierno, Petit-Champlain es aún más mágico gracias a la decoración navideña que atrae a miles de visitantes.
5. Cataratas Montmorency — más altas que las del Niágara (¡en serio!)

Este es uno de esos datos en los que esperas trampa. ¿Cataratas más altas que las del Niágara? ¿En Quebec? Suena a truco de marketing, pero es verdad. Las Cataratas Montmorency miden 83 metros de altura, ¡30 metros más que las Cataratas del Niágara! Y están a solo 15 minutos en coche del centro de la ciudad.
Se puede llegar a las cataratas por varios caminos. Puedes ir a pie por los senderos (hay unos 400 escalones, así que notarás las piernas 😅), subir en teleférico (billete de ida y vuelta unos 13 €) o — y esto es lo que recomiendo — cruzar el puente colgante justo sobre la cascada. La vista hacia abajo, con toda esa masa de agua cayendo bajo tus pies, es simplemente indescriptible. Lukáš, que no es precisamente fan de las alturas, lo consiguió, así que no tengáis miedo.
Para los más aventureros hay también una tirolina sobre la cascada (unos 24 €) y en invierno la catarata se congela parcialmente formando un enorme cono de hielo por el que se puede escalar con piolets. El aparcamiento cuesta 8 €. Recomiendo ir temprano por la mañana o a última hora de la tarde: a mediodía suele haber bastante gente, sobre todo en verano.
Consejo práctico: si no tienes coche, llega el autobús 800 desde el centro de la ciudad. El trayecto dura unos 25 minutos.
6. Île d’Orléans — isla de granjas, vino y chocolate

Si tienes coche (o lo alquilas por un día), la Île d’Orléans es una excursión que no te puedes perder. Esta pequeña isla en el río San Lorenzo, a unos 15 minutos del centro de Quebec, se conoce como «El Jardín de Quebec» — y con razón. Encontrarás granjas de fresas y manzanas (en temporada puedes recogerlas tú mismo), viñedos, sidrerías, queserías y fábricas de chocolate.
Nosotros pasamos toda la tarde en la isla recorriéndola por la carretera 368, que mide unos 67 km. Paradas obligatorias:
- Chocolaterie de l’Île d’Orléans — chocolates artesanales con cacao local y sirope de arce. La degustación es gratuita y marcharse sin comprar es físicamente imposible. 😁
- Cassis Monna & Filles — una granja familiar especializada en grosella negra. Tienen licores, helados, crème brûlée de grosella y una terraza preciosa con vistas al río y a las cataratas Montmorency.
- Vignoble Ste-Pétronille — viñedo con degustación y restaurante. Su vino de hielo (ice wine) es fenomenal — y también fenomenalmente caro, pero merece la pena.
La isla es bonita en cualquier estación, pero lo mejor es el otoño (colores del follaje + cosecha de manzanas y calabazas) y el verano (fresas, arándanos, campos de lavanda). En primavera puedes ver la elaboración del sirope de arce en directo. Quebec produce el 92 % de todo el sirope de arce canadiense y gran parte proviene precisamente de aquí.
7. Plains of Abraham — parque con historia (y vistas geniales)

Las Plains of Abraham (Plaines d’Abraham) son un enorme parque urbano donde en 1759 tuvo lugar la famosa batalla entre británicos y franceses que decidió el destino de todo Canadá. Hoy es uno de los lugares favoritos de los quebequenses para hacer pícnic, correr, montar en bicicleta y en invierno para el esquí de fondo.
El parque se extiende sobre más de 100 hectáreas en pleno centro de la ciudad y ofrece unas vistas preciosas al río San Lorenzo. Nosotros pasamos una tarde muy agradable aquí: Lukáš se compró un bocadillo en una de las panaderías cercanas, yo me tomé un café y nos sentamos en la hierba con unas vistas que en Madrid costarían millones. Aquí son gratis. ☺️
En el borde del parque encontrarás el Musée National des Beaux-arts du Québec, un museo de arte con una excelente colección de arte quebequense y canadiense. La colección permanente es gratuita (¡¡¡sí, gratis!!!), las exposiciones temporales cuestan unos 15 €. Aunque no seáis muy de museos, merece la pena al menos por el edificio en sí y el jardín de esculturas.
8. Citadelle de Québec — fortaleza en estrella sobre la colina

La Citadelle es una base militar activa — la mayor fortaleza británica de Norteamérica — y a la vez un museo abierto al público. Su planta en forma de estrella es impresionante ya desde las fotos aéreas, pero en persona es todavía mejor. La visita guiada dura aproximadamente una hora y cuesta unos 14 €.
La mayor atracción es el cambio de guardia, que se celebra a diario a las 10:00 (de junio a septiembre). Es muy «británico»: uniformes, tambores, pasos precisos. Nos sentimos un poco como en Londres, pero con mejor tiempo. 😉 Si vas fuera de temporada, la visita a la fortaleza sigue mereciendo la pena: las vistas desde los bastiones hacia la ciudad y el río son espectaculares.
Consejo práctico: la Citadelle está en una colina y el acceso es cuesta arriba (sorpresa 😅). Llevar calzado cómodo es imprescindible.
9. Basilique-Cathédrale Notre-Dame de Québec — joya barroca

Esta basílica de 1647 es la iglesia parroquial más antigua de Norteamérica y su interior os dejará con la boca abierta, incluso si no sois creyentes y normalmente pasáis de largo ante las iglesias. El baldaquino dorado sobre el altar, los enormes vitrales y toda esa esplendor barroco compiten con muchos templos europeos.
La entrada es gratuita (aceptan donaciones voluntarias) y si tenéis suerte, podéis coincidir con un concierto de órgano. Nosotros entramos más bien por casualidad cuando empezó a llover y acabamos pasando media hora simplemente mirando el techo. A veces las mejores experiencias son las que no se planean.
La basílica se encuentra justo en la plaza principal Place d’Armes, así que es difícil pasarla por alto. Al lado está el Séminaire de Québec con un precioso patio interior que también es accesible al público.
10. Quartier Saint-Jean-Baptiste — vida local fuera de las rutas turísticas

Si quieres ver cómo vive Quebec más allá del circuito turístico, acércate a Saint-Jean-Baptiste. Este barrio está a unos 10 minutos a pie del casco antiguo y es un mundo completamente diferente: lleno de tiendas independientes, tiendas vintage, librerías y, sobre todo, excelentes restaurantes y bares frecuentados por los locales.
La arteria principal es la Rue Saint-Jean, donde encontrarás de todo: desde comida libanesa hasta ramen japonés, pasando por pubs de cerveza artesanal quebequense. Nosotros tomamos un brunch espectacular en el Café Clocher Penché (recomiendo los eggs Benedict con salmón ahumado) y luego nos perdimos por las callejuelas hasta dar con un anticuario encantador donde Lukáš compró un mapa antiguo de Quebec que ahora cuelga en nuestro pasillo. 😁
Es un barrio donde se mezclan estudiantes, artistas y familias jóvenes. Nada de tiendas de souvenirs para turistas, sino vida urbana auténtica. Id al menos a cenar aquí.
11. Paseo Champlain y el puerto viejo

El Vieux-Port (Puerto Viejo) ha sido revitalizado en los últimos años y hoy es un lugar agradable para pasear junto al río. Aquí encontrarás la Promenade Samuel-De Champlain, un elegante paseo donde puedes alquilar bicicletas, hacer un pícnic o simplemente observar los barcos en el río San Lorenzo.
En el puerto también está el Marché du Vieux-Port, un mercado con productos locales frescos. Quesos, embutidos, sirope de arce, fruta fresca, pan recién hecho… Nosotros compramos provisiones para un pícnic en Plains of Abraham y nos ahorramos un almuerzo en restaurante. El mercado abre todo el año, pero es mejor en verano y otoño, cuando la oferta es más amplia.
Desde el puerto también puedes tomar el ferry a Lévis (unos 2,50 € por trayecto), desde donde probablemente se tenga la mejor vista panorámica de toda la ciudad. La travesía dura 12 minutos y la imagen del Château Frontenac y el casco antiguo desde el río es sencillamente inolvidable.
12. Rue du Trésor — galería de arte al aire libre

Esta diminuta callejuela que conecta la Rue Sainte-Anne con la Rue Buade es uno de los rincones más fotogénicos de Quebec. Los artistas locales exponen y venden aquí sus cuadros, grabados y dibujos — sobre todo vistas de Quebec, paisajes y retratos. Funciona como mercado artístico desde los años 60 y es una tradición preciosa.
Los precios van desde 15 € por un grabado pequeño hasta cientos de euros por óleos originales. Nosotros nos llevamos una pequeña acuarela con una vista invernal del Château Frontenac por 30 € — no se me ocurre mejor souvenir. La callejuela es accesible en cualquier momento, pero los artistas suelen estar sobre todo de primavera a otoño.
13. Carnaval de invierno (Carnaval de Québec) — si vas en febrero

Si Quebec te tienta en invierno, planifica tu visita para febrero, cuando se celebra el Carnaval de Québec — el mayor carnaval de invierno del mundo. La tradición se remonta a 1894 y cada año atrae a cientos de miles de visitantes. La mascota es Bonhomme, un muñeco de nieve sonriente con gorro rojo y fajín al que te encontrarás en cada esquina.
¿Qué te espera en el carnaval? Esculturas de hielo gigantes, desfiles nocturnos, trineos tirados por perros, un palacio de hielo, baños de nieve para valientes y, por supuesto, mucho caribou — la bebida tradicional quebequense a base de vino tinto, licor fuerte y sirope de arce. Se puede beber. Más o menos. 😅
La entrada al carnaval se compra en forma de «effigie» (un muñeco de plástico de Bonhomme) por unos 14 €, que sirve como billete para la mayoría de eventos. Si vas durante el carnaval, reserva el alojamiento cuanto antes: los hoteles del casco antiguo se llenan incluso con meses de antelación.
14. Escalier Casse-Cou y funicular — dos formas de subir la cuesta de Quebec

Quebec es una ciudad en cuesta, no nos vamos a engañar. El desnivel entre la Ciudad Alta y la Ciudad Baja es de unos 60 metros y hay dos formas icónicas de salvarlo. El Escalier Casse-Cou (Escalera rómpete el cuello) es la escalera más antigua de la ciudad y baja empinada desde Haute-Ville hasta Petit-Champlain. Son unos 60 peldaños y el nombre es un pelín exagerado (un pelín), pero en invierno, con los escalones helados, ojo.
El Funiculaire du Vieux-Québec es un funicular que funciona desde 1879 y salva el desnivel en unos 2 minutos. El billete cuesta 3 € por trayecto. Nosotros lo combinamos: bajamos por la escalera y subimos en funicular, y fue una combinación perfecta. Desde el funicular, además, hay una vista preciosa de los tejados de la Ciudad Baja.
15. La Promenade des Gouverneurs — escalera con las mejores vistas

Si te gusta un poco de esfuerzo físico con recompensa en forma de vistas espectaculares, La Promenade des Gouverneurs es para ti. Se trata de una escalera de madera y un sendero que va desde la Terrasse Dufferin siguiendo el acantilado hasta las Plains of Abraham. Son unos 310 peldaños y un desnivel de unos 70 metros.
Por el camino te detienes en miradores con vistas al río San Lorenzo, al Château Frontenac y a toda la Ciudad Baja. La subida lleva unos 20–30 minutos (depende de tu forma física y del número de paradas para fotos). Nosotros parábamos más o menos cada 50 escalones «para sacar fotos del paisaje», aunque en realidad era para recuperar el aliento. 😅
El sendero está abierto de mayo a octubre (en invierno está cerrado por hielo) y es totalmente gratuito. Recomiendo subir al atardecer: la vista con la puesta de sol es una de las mejores que vimos en Quebec.
Qué comer y beber en Quebec: guía para foodies
Si hay algo de lo que Quebec presume con razón, es la comida. Base francesa, raciones norteamericanas e ingredientes locales: esta mezcla crea una cocina absolutamente única. Quebec es una ciudad donde te tomas un poutine en un banco junto al río y unas horas después estás sentado en un restaurante de alta cocina con un menú degustación. Y las dos experiencias serán increíbles. Veamos adónde ir y qué probar.
Poutine — parada obligatoria (y repetir)
Empecemos por lo más importante: el poutine. Patatas fritas, queso en grano (cheese curds) y salsa gravy. Suena sencillo, pero cuando lo preparan bien, es adictivo. Quebec es la cuna del poutine y aquí lo hacen mejor que en ningún otro lugar de Canadá.
Le Chic Shack — nuestro favorito. Un restaurante justo en la Place d’Armes con vistas al Château Frontenac (así que parte del precio es por la ubicación, pero merece la pena). Su poutine con confit de pato es una maravilla absoluta. Calcula unos 10–14 € por ración.
Chez Gaston — si sois noctámbulos, Chez Gaston abre hasta las 4 de la madrugada y ofrece raciones enormes de poutine clásico. Ideal después de un paseo nocturno o de salir de un bar. Raciones a 8–11 € y tan grandes que entre dos casi no la acabamos.
Frites Alors! — una cadena especializada exclusivamente en poutine con decenas de variantes. Si quieres experimentar con sabores (¿poutine con salchicha merguez? ¿Por qué no?), este es tu sitio.
Sirope de arce y sugar shack
Quebec produce el 92 % de todo el sirope de arce canadiense y lo encontrarás literalmente en todo: en el café, en el whisky, en las tortitas, en las salsas, en los caramelos e incluso en el jamón. Si quieres vivir la experiencia de un auténtico sugar shack (cabane à sucre) directamente en la ciudad, ve a La Bûche.
La Bûche es un restaurante que simula una cabane à sucre durante todo el año — la tradicional cabaña quebequense donde en primavera se celebra la cosecha del sirope de arce. Sirven platos clásicos quebequenses: tourtière (empanada de carne), alubias con sirope de arce, gruesas lonchas de jamón bañadas en sirope y, por supuesto, tire d’érable — sirope de arce caliente vertido sobre nieve que se enrolla en un palito. Esa experiencia no se compara con nada. Menú entre 20–28 € por persona. El ambiente interior es rústico y ruidoso, como una fiesta de pueblo. 😁
Cocina quebequense tradicional y francesa
Aux Anciens Canadiens — si quieres probar cocina quebequense tradicional en un entorno excepcional, este es el lugar. El restaurante ocupa el edificio Maison Jacquet de 1675 (!!!) — uno de los más antiguos de todo Canadá. Sirven filete de caribú, tourtière, ragout de pattes (guiso de patas de cerdo) y otros clásicos. Menú entre 24–35 €. Recomiendo reservar, sobre todo en temporada alta.
Chez Boulay Bistro Boréal — aquí nos sorprendieron con su concepto de «cocina nórdica con ingredientes quebequenses». El chef Jean-Luc Boulay trabaja con productos locales: setas silvestres, mariscos del Ártico, caza mayor. Menú degustación de unos 55 € por persona. Es un poco más caro, pero es de esas experiencias que recuerdas meses después.
Alta cocina para ocasiones especiales
La Tanière — si quieres una experiencia de alta cocina al nivel de restaurantes con estrellas Michelin (Michelin aún no ha llegado a Quebec, pero estos restaurantes se las merecerían), La Tanière es la opción número uno. El chef François-Emmanuel Nicol trabaja exclusivamente con ingredientes locales y su menú degustación es una obra de arte. Calcula entre 105–140 € por persona por el menú degustación completo con maridaje de vinos. Reserva con semanas de antelación.
Consejos prácticos para terminar
Quebec es, afortunadamente, una ciudad bastante fácil de organizar: es compacta, segura y está bien señalizada. Pero siempre viene bien tener algunas informaciones prácticas a mano, así que vamos allá. Aquí van todos los consejos que nos habría gustado saber de antemano. ☺️
Cuánto cuesta unas vacaciones en Quebec (presupuesto para dos, 4–5 días)
Quebec no es el destino más barato, pero comparado con Toronto o Vancouver es bastante más asequible. Aquí tienes un presupuesto orientativo para dos personas en 4–5 días (sin vuelos):
- Alojamiento: 4 noches × 120 € = 480 € — categoría media en Old Quebec
- Comida: 5 días × 70 € = 350 € — almuerzos en bistrós, cenas en restaurantes, algo de comida callejera
- Entradas y actividades: unos 100 € — Montmorency Falls, Citadelle, museos, funicular
- Transporte (coche + aparcamiento): unos 140 € — si alquilas coche 2 días para excursiones fuera de la ciudad
- Otros (cafés, souvenirs, sirope de arce): unos 70 €
Total: aproximadamente 1 140 € para dos personas. Si añades alta cocina o el Château Frontenac, calcula más bien 1 200–1 500 €. Nosotros gastamos unos 1 350 € entre los dos incluyendo una cena en Chez Boulay y la excursión a Île d’Orléans.
Cómo moverse por la ciudad
El centro de Quebec es perfecto para recorrer a pie — el casco antiguo, Petit-Champlain, Plains of Abraham, Saint-Jean-Baptiste… todo está a una distancia caminable. El único inconveniente son las cuestas. Quebec es una ciudad en pendiente y fácilmente caminas 15–20 mil pasos al día, muchos de ellos cuesta arriba. Llevar calzado cómodo es absolutamente imprescindible.
El autobús urbano (RTC) funciona bien para zonas más alejadas. Un billete sencillo cuesta unos 2,50 €. Para ir a las cataratas Montmorency sale el autobús 800 directamente desde el centro.
Coche: ideal para excursiones fuera de la ciudad — Île d’Orléans, Montmorency Falls, Charlevoix. En la propia ciudad es más bien un estorbo por el aparcamiento (de pago casi en todos sitios, 1,50–3 €/hora en el centro). Pero si vienes desde Montreal, el coche te será muy útil.
Qué meter en la maleta
- Calzado cómodo — no puedo insistir lo suficiente en esto. Calles empedradas + cuestas + 20 km al día = tus pies te lo agradecerán o te lo reprocharán.
- Ropa por capas — el tiempo en Quebec cambia rápido. Incluso en verano puede hacer 12 °C por la mañana y 28 °C por la tarde.
- En invierno: abrigo de verdad, bufanda, guantes, gorro, botas con aislamiento térmico. Y cuando digo abrigo de verdad, lo digo en serio. -20 °C no es broma.
- Chubasquero/paraguas — la lluvia llega a menudo y sin avisar.
- Batería portátil cargada — vas a hacer fotos sin parar, créeme. Y echad un vistazo a nuestros consejos sobre cómo hacer la maleta de mano.
Dónde encontrar vuelos
Para buscar vuelos baratos a Montreal (y de ahí a Quebec) solemos usar Kiwi.com. Nos gusta que puedes configurar fechas flexibles, combinar diferentes aerolíneas y conseguir el mejor precio. Desde España, aerolíneas como Iberia, Air Transat, Air Canada o incluso LEVEL suelen tener vuelos a Montreal. Los vuelos de ida y vuelta desde Madrid o Barcelona rondan los 350–500 € en oferta, y de forma habitual entre 500–650 €.
Alquiler de coche
Para alquilar coche utilizamos habitualmente el comparador RentalCars.com. Con Lukáš llevamos años confiando en RentalCars, que usamos en todos nuestros viajes por el mundo. En Quebec (o más bien en el aeropuerto de Montreal) puedes encontrar coches desde unos 28 € al día. Recomiendo contratar seguro a todo riesgo: las carreteras en Canadá son excelentes, pero el invierno puede ser traicionero.
Reserva de alojamiento
El alojamiento en Quebec lo reservamos habitualmente a través de Booking.com — tienen una amplia oferta que va desde hoteles económicos hasta alojamientos boutique de lujo. La principal ventaja es la cancelación gratuita en la mayoría de ofertas, lo cual es muy útil si planificas con antelación. En temporada alta (julio–agosto y febrero durante el carnaval) reserva con al menos 2–3 meses de antelación.
No olvides el seguro de viaje
Canadá tiene uno de los sistemas sanitarios más caros del mundo: una visita a urgencias puede costarte miles de euros. El seguro de viaje es absolutamente imprescindible. Echa un vistazo a nuestra reseña de seguros de viaje. Para viajes cortos solemos optar por seguros como los de IATI o Mondo (con buenos precios para viajeros desde España), y para viajes más largos por True Traveller. Asegúrate de que la póliza cubre también actividades deportivas si piensas hacer tirolina en Montmorency Falls o escalar en hielo en invierno.
Preguntas frecuentes sobre Quebec, Canadá
Tipy a triky pro vaší dovolenou
Nepřeplácejte za letenky
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Rezervujte si ubytování chytře
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Nezapomeňte na cestovní pojištění
Kvalitní cestovní pojištění vás ochrání před nemocí, úrazem, krádeží nebo stornem letenek. Pár návštěv nemocnic jsme v zahraničí už absolvovali, takže víme, jak se hodí mít sjednané pořádné pojištění.
Kde se pojišťujeme my: SafetyWing (nejlepší pro všechny) a TrueTraveller (na extra dlouhé cesty).
Proč nedoporučujeme nějakou českou pojišťovnu? Protože mají dost omezení. Mají limity na počet dnů v zahraničí, v případě cestovka u kreditní karty po vás chtějí platit zdravotní výdaje pouze danou kreditní kartou a často limitují počet návratů do ČR.
Najděte ty nejlepší zážitky
Get Your Guide je obří on-line tržiště, kde si můžete rezervovat komentované procházky, výlety, skip-the-line vstupenky, průvodce a mnoho dalšího. Vždy tam najdeme nějakou extra zábavu!
